Jesús convocó a los Doce y les dio poder y autoridad para expulsar a toda clase de demonios y para curar las enfermedades.Y los envió a proclamar el Reino de Dios y a sanar a los enfermos, diciéndoles: No lleven nada para el camino, ni bastón, ni alforja, ni pan, ni dinero, ni tampoco dos túnicas cada uno. Permanezcan en la casa donde se alojen, hasta el momento de partir. Si no los reciben, al salir de esas ciudades sacudan hasta el polvo de sus pies, en testimonio contra ellos.Fueron entonces de pueblo en pueblo, anunciando la Buena Noticia y curando enfermos en todas partes.
Jesús enseña a sus discípulos el arte de la hospitalidad, el saber abrir espacios en el corazón, en la vida y en las comunidades para que otros encuentren un lugar. El Evangelio no se anuncia desde la fuerza ni desde la imposición, sino desde la humildad de quien sabe acoger y se deja acoger. Jesús envía a sus discípulos sin armas ni seguridades humanas, para que comprendan que la verdadera fuerza está en la capacidad de encontrarse con el otro.Pero el encuentro comienza en uno mismo, dejándose hospedar primero por Dios, permitiendo que su amor entre y habite en nosotros. Sólo así se puede después hospedar al hermano, incluso al distinto, al débil, al que llega cansado o herido por la vida.El cristiano no busca dominar ni manipular; al contrario, se convierte en servidor que sabe cuidar, acompañar, escuchar y tender la mano. Frente a la tentación del poder, la división y el orgullo, Jesús propone la lógica sencilla y profunda de la fraternidad: todos somos huéspedes unos de otros en esta vida, y todos llamados a ser casa abierta donde Dios pueda hacerse presente.En definitiva, ser cristiano es aprender a vivir con un corazón que no expulsa, sino que incluye; que no oprime, sino que libera; que no juzga, sino que abraza. Es transformar la dureza en ternura y la distancia en cercanía, para que la vida misma se convierta en un lugar de encuentro con Dios y con los hermanos. (Cf. Papa Francisco)
Sin duda, es necesario que todos los que se dedican a esta santa y grande obra, [las misiones], estén animados del espíritu de Dio para que salga adelante, y que prediquen con sus ejemplos más que por sus sermones. (A los Hermanos en el retiro de 1839)
El Señor nos envióa cumplir con la Misión:En el mundo anunciar la Verdad.Bautizar y enseñarla Palabra a los demásy el poder de Dios trino obrará.Con nosotros estaráCristo siempre hasta el final.Testigos del amor,oigamos hoy su voz:Vayan y hagandiscípulos en las naciones.Vayan y hagan.Vayan y hagandiscípulos en las naciones.Vayan y hagan.Vamos de dos en dossin dinero o provisión,entregados confiemos en Dios.Él pondrá en nuestra vozlas palabras del Amory milagros en nuestra labor.Mensajeros de la Paz,sembradores del perdón,testigos del amor,sigamos hoy su voz.