Virgen del Rosario de San Nicolás

El tetrarca Herodes se enteró de todo lo que Jesús hacía y estaba muy desconcertado porque algunos decían: Es Juan, que ha resucitado.
Otros decían: Es Elías, que se ha aparecido, y otros: Es uno de los antiguos profetas que ha resucitado. Pero Herodes decía: A Juan lo hice decapitar. Entonces, ¿quién es éste del que oigo decir semejantes cosas?
Y trataba de verlo.

Este pasaje nos muestra la figura de Herodes, desconcertado ante la persona y la misión de Jesús. Escucha rumores diversos sobre su persona: Unos piensan que Jesús es Juan resucitado, otros que es Elías, otros que un profeta antiguo. Nadie logra definirlo con claridad. Herodes quiere ver a Jesús, pero no para escucharlo y ser su discípulo. Su búsqueda es curiosidad, no apertura del corazón.

Este episodio prepara la gran confesión de fe de Pedro, cuando un poco después declara: “Tú eres el Mesías de Dios”. El evangelio de Lucas va conduciendo al lector desde la incertidumbre y los rumores, hacia la revelación de quién es realmente Jesús.

Es la gran pregunta que debemos hacernos todos los que nos llamamos ‘cristianos’: ¿Quién es Jesús para mí?
¿Una figura decorativa, una tabla de salvación para los momentos difíciles, un amigo cercano, etc?
¿Lo buscamos como Herodes por pura curiosidad o para que sea el norte de nuestra existencia?
¿Es Jesús el Señor de nuestra vida?


Nuestra salvación depende de nuestra fidelidad en seguir a Jesucristo, en todos los caminos por los que él ha caminado. (Sobre la necesidad de tender a la perfección)

Mi fuerza y mi fracaso, eres Tú,
mi herencia y mi pobreza, Tú Jesús.
Mi guerra y mi paz, eres Tú,
Mi muerte y mi vida, Tú Jesús.

Tú mi justicia, mi libre libertad,
mi tierra prometida, eres Tú.
Tú mi justicia, mi libre libertad,
mi tierra prometida, Tú Jesús.

Palabra de mis gritos, eres Tú,
silencio de mi espera, Tú Jesús.
Testigo de mis sueños, eres Tú,
Cruz de mi cruz, Tú Jesús.

Causa de mi amargura, eres Tú,
perdón de mi egoísmo, Tú Jesús.
Crimen de mi proceso, eres Tú,
Juez de mi pobre llanto, Tú Jesús.

Tú mi justicia, razón de mi esperanza,
mi tierra prometida, eres Tú.
Tú mi justicia, razón de mi esperanza,
mi tierra prometida, Tú Jesús.

La Pascua de mi pascua, eres Tú,
nuestra gloria por siempre, Señor Jesús.


La advocación de Nuestra Señora del Rosario de San Nicolás está vinculada a las apariciones marianas ocurridas en la ciudad de San Nicolás de los Arroyos, Argentina, desde el 25 de septiembre de 1983. La vidente fue Gladys Quiroga de Motta, una mujer sencilla y madre de familia, quien afirmó haber recibido mensajes de la Virgen María durante varios años. En esas manifestaciones, la Virgen se presentó como “María del Rosario de San Nicolás”, pidiendo la conversión, la oración del rosario, la lectura de la Biblia y la construcción de un templo en su honor.
El lugar de las apariciones pronto se convirtió en un centro de peregrinación al que acuden miles de fieles cada año, especialmente el 25 de septiembre. La devoción se difundió rápidamente en Argentina y en otros países, siendo considerada una advocación mariana que llama a la fe, la esperanza y la reconciliación con Dios.
La Iglesia acompañó con prudencia el fenómeno, y en 2016 el obispo de San Nicolás, Mons. Héctor Cardelli, reconoció oficialmente la veracidad de las apariciones, confirmando su carácter sobrenatural.