San Jeronimo

Comienza la novena mensual de oración por los enfermos y por la beatificación de Juan María.

Cuando estaba por cumplirse el tiempo de su elevación al cielo, Jesús se encaminó decididamente hacia Jerusalén y envió mensajeros delante de él.
Ellos partieron y entraron en un pueblo de Samaría para prepararle alojamiento. Pero no lo recibieron porque se dirigía a Jerusalén.
Cuando sus discípulos Santiago y Juan vieron esto, le dijeron: Señor, ¿quieres que mandemos caer fuego del cielo para consumirlos?
Pero él se dio vuelta y los reprendió. Y se fueron a otro pueblo.

En este pasaje se señala un cambio crucial en la vida de Jesús. Lucas indica que: «se encaminó decididamente hacia Jerusalén». Esto indica que Jesús estaba decidido y enfocado en cumplir su misión redentora, que culminaría en su sacrificio en la cruz. Este acto de determinación refleja su compromiso con el plan divino, a pesar de los desafíos y sufrimientos que le esperaban.

La interacción con los samaritanos es igualmente significativa. Al enviar a sus mensajeros a preparar su llegada, Jesús enfrenta el rechazo de estos, que no lo recibieron por su intención de ir a Jerusalén. Este rechazo ilustra la división entre judíos y samaritanos, un conflicto que tiene raíces profundas en la historia de Israel.

La reacción de los discípulos, especialmente de Santiago y Juan, quienes sugieren que “baje fuego del cielo y los consuma”, revela una mentalidad de juicio y venganza. Sin embargo, Jesús los reprende. Esta actitud de Jesús subraya la necesidad de entender su misión como una de salvación y no de condenación. Él vino a salvar, no a destruir, destacando el amor y la misericordia de Dios. Nos invita a practicar la compasión y a extender el amor incluso a aquellos que nos rechazan o nos hacen daño.

Podemos aplicar este mensaje en nuestras vidas cotidianas al practicar la empatía y el entendimiento, al buscar el diálogo en lugar de la confrontación, y al recordar que todos, independientemente de su trasfondo, son dignos de amor y gracia.
Reflexionemos sobre cómo podemos ser un reflejo de la luz de Cristo en nuestras interacciones y decisiones, eligiendo siempre el camino del amor.


¿No es Dios nuestro modelo? Consideren una después de otra sus perfecciones adorables, su justicia, su bondad, su caridad, su misericordia, su paciencia, sus divinos atributos y miren si son su imagen. (Sermón sobre la perfección)

Aunque tenga miedo,
a mi lado estará tu diestra
tu presencia, ayudándome a avanzar.
Pues tu hijo enviaste a tomar mi lugar,
sabiendo que yo mismo heriría tu bondad.
Sin embargo, me encontraste,
salvándome del mal
Y quebraste mis cadenas,
trayendo libertad.

Y si el dolor golpea mi vida,
si débiles mis fuerzas están,
no me dejarás, no me dejarás.
Si fuere al extremo del mar,
aún allí tu mano me guiará.
Siempre aquí estarás,
aquí estarás.

Y si las tinieblas intentaran cubrir tu gloria
aún la noche, como el día brillará.
Hoy mi pensamiento persevera en ti y me guardas.
Me rodeas con tu indescriptible paz.
Que te alabe todo el mundo, que cada respirar
te proclame alabanzas por tu fidelidad.


San JERÓNIMO (347-420) fue un monje, sacerdote y uno de los grandes Padres de la Iglesia. Nació en Dalmacia y estudió en Roma, donde se formó en literatura y teología. Tras una profunda conversión, se dedicó a la vida ascética y al estudio de la Biblia. Vivió como eremita en el desierto de Siria y más tarde se instaló en Belén, donde fundó un monasterio. Su mayor obra fue la traducción de la Biblia al latín, conocida como la Vulgata, que se convirtió en texto oficial de la Iglesia durante siglos. Fue un gran defensor de la fe católica, polemista y maestro de las Escrituras. Murió en Belén el 30 de septiembre del año 420.