Santa María Laura Montoya

Jesús dijo a sus discípulos: Estén preparados, ceñidos y con las lámparas encendidas.
Sean como los hombres que esperan el regreso de su señor, que fue a una boda, para abrirle apenas llegue y llame a la puerta.
¡Felices los servidores a quienes el señor encuentra velando a su llegada!
Les aseguro que él mismo recogerá su túnica, los hará sentar a la mesa y se pondrá a servirlo.
¡Felices ellos, si el señor llega a medianoche o antes del alba y los encuentra así!

En el Evangelio de hoy, el Señor nos exhorta a la vigilancia y nos regala una bienaventuranza para los de corazón atento:
“¡Felices los servidores a quienes el Señor encuentre velando a su llegada!”

Así nos invita Jesús a mantener la actitud de espera y a no dejar de confiar en que él vendrá.
Y así, sabiendo que vendrá glorioso al final de los tiempos, también nosotros estaremos atentos y despiertos en cada ocasión en que él se nos muestre presente en todos los hermanos, especialmente en los hermanos más pobres y en los que aún no han experimentado su amor.


Debemos com­batir siempre, mantenernos siempre listos, siempre dis­puestos, orando y velando sin cesar.” (Al H. Eliseo, 7 de noviembre de 1848)

Ven, Señor Jesús,
porque sin ti ya no hay paisaje.
Ven, Señor Jesús,
porque sin ti no hay melodías.
Ven, Señor Jesús,
porque sin ti no encuentro paz en nada,
sin ti, mis ojos no brillan.
La vida es poca cosa sin ti,
sin ti, sin ti, sin ti,
la vida es poca cosa.
Ven, Señor Jesús,
ven pronto a mi vida.
Ven pronto, Señor, ven pronto,
porque sin ti, yo no quiero la vida,
ya no canto con alma,
ya mis manos no sirven,
ya no escucho latidos,
ya no abrazo con fuerza.
Mi corazón no se ensancha,
mi sonrisa no es plena.
Y todo sin ti.
Nada vale la pena
porque sin ti, ya no me llena nada.
Porque sin ti, todo suena vacío.
Sin ti, todo me deja tristeza.
Porque sin ti, yo no respiro hondo.
Porque sin ti, todo me cansa.
Porque sin ti, me falta todo
y me sobra todo,
todo sin ti, sin ti.
Ven, Señor, ven pronto a mi vida
Ven pronto, Señor, ven pronto.
Porque sin ti
no me importa mi hermano,
no me importa el que sufre.
Porque sin ti
mi corazón es de piedra,
a quien todo resbala,
acostumbrada a los pobres,
acomodada a su casa,
sin jugarse la vida,
sin gastarla por nada
Sin gastarla por nada.
Ven, Señor Jesús,
ven pronto a mi vida.
Ven pronto, Señor,
ven pronto.


MARÍA LAURA DE JESÚS MONTOYA (1874-1949) fue una docente, escritora y misionera colombiana fundadora de la Congregación de las Misioneras de María Inmaculada y de Santa Catalina de Siena. De niña, por el asesinato de su padre y la pobreza familiar, vivió en un orfanato. En 1893 se graduó como maestra, llegando a ser directora. A los 39 años, junto con unas compañeras, fue a trabajar con los indios Emberá y a partir de allí dedicó toda su vida al apostolado y las misiones. En 1914 fundó la congregación, dedicándose a los indígenas y los de raza negra. Falleció en Medellín y fue canonizada por el papa Francisco en el año 2013.