San Antonio María Claret – San Rafael Guizar y Valencia

Jesús dijo a la multitud: Cuando ven que una nube se levanta en occidente, ustedes dicen en seguida que va a llover, y así sucede. Y cuando sopla viento del sur, dicen que hará calor, y así sucede.
¡Hipócritas! Ustedes saben discernir el aspecto de la tierra y del cielo; ¿cómo entonces no saben discernir el tiempo presente? ¿Por qué no juzgan ustedes mismos lo que es justo?
Cuando vas con tu adversario a presentarte ante el magistrado, trata de llegar a un acuerdo con él en el camino, no sea que el adversario te lleve ante el juez, y el juez te entregue al guardia, y este te ponga en la cárcel. Te aseguro que no saldrás de allí hasta que hayas pagado el último centavo.

Señor Jesús, tú que conoces lo más profundo de nuestro corazón, enséñanos a leer los signos de tu presencia en medio de la vida. No permitas que nos quedemos en la superficialidad ni en la indiferencia.
Haznos atentos a tu paso, capaces de discernir lo que viene de ti y de responder con generosidad.

Jesús reprocha a la multitud su falta de discernimiento espiritual: saben leer el clima, pero no las señales de la presencia de Dios, que está actuando en el mundo, en la vida y acontecer de cada día. La fe no es evasión, sino capacidad de reconocer a Dios en la historia y responder con decisiones concretas.
El evangelio nos llama a reconciliarnos mientras estamos “en camino”, a no postergar la conversión ni dejar para mañana el perdón y la justicia.
Cada día es tiempo favorable para abrirse al amor de Dios y vivir en paz con los hermanos.

Señor Jesús, abre nuestros ojos para descubrir tu presencia en la vida cotidiana.
Danos un corazón vigilante para no dejar pasar el tiempo de gracia y la oportunidad de reconciliarnos.
Padre de misericordia, haznos constructores de paz, hombres y mujeres capaces de perdonar y de vivir con justicia.
Espíritu Santo, enséñanos a discernir lo que viene de ti y a responder con decisión y alegría.
Santa María, acompáñanos en nuestro camino para que vivamos en comunión con Dios y con nuestros hermanos. Amén.


Tengan cuidado con confundir la voz de Dios con la de sus deseos; y a fin de discernir la una de la otra, recen mucho y sométanse al juicio de aquéllos que tienen la gracia para distinguir las impresiones que vienen del cielo, de las impresiones que son producidas por el espíritu de mentira que se transforma, a menudo, en ángel de luz para seducirlos. (S VII p.2286)

Despiértame, Señor, cada mañana
para que aprenda de nuevo a amanecer.
Despiértame, Señor,
pon tu mirada en mi corazón
para que en todo hoy te pueda
encontrar y alabar. (bis)

Despiértame, despiértame,
despiértame, despiértame, oh oh…


RAFAEL GUIZAR Y VALENCIA (1878-1938) fue un sacerdote y obispo mexicano que se desempeñó como tal en Veracruz, entre 1919 y 1938. Es el primer obispo hispanoamericano canonizado. Durante las batallas de la Revolución Mexicana, disfrazado de vendedor, actuó, de manera oculta, como sacerdote ayudando a los soldados moribundos y dándoles los auxilios espirituales de la Iglesia. Fue director espiritual y catedrático del Seminario de Zamora y canónigo de la Catedral. Sufrió destierro por causa de la persecución religiosa de los presidentes Venustiano Carranza y Álvaro Obregón. También viajó como misionero a Cuba, Guatemala, Colombia y el Sur de los Estados Unidos. Murió en la ciudad de México y fue canonizado en el año 2006 por Benedicto XVI.

San ANTONIO MARÍA CLARET (1807-1870) fue un arzobispo, misionero y fundador español del siglo XIX. Desde joven mostró gran amor por Dios y la Virgen María. Primero trabajó como tejedor, pero sintió el llamado al sacerdocio y fue ordenado sacerdote en 1835. Se dedicó intensamente a predicar misiones populares, recorrer pueblos y confesar, llamando a la conversión y a una vida cristiana comprometida. Su gran carisma y claridad en la predicación atraían a multitudes. En 1849 fundó la Congregación de los Misioneros Hijos del Inmaculado Corazón de María (Claretianos). Más tarde fue nombrado arzobispo de Santiago de Cuba, donde se dedicó a renovar la fe, defender la justicia social, fundar escuelas, seminarios y luchar contra la esclavitud. Sufrió incomprensiones y persecuciones, pero nunca dejó su misión de anunciar el Evangelio. Fue canonizado en 1950 por el papa Pío XII.