En el sexto mes, el ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret, a una virgen que estaba comprometida con un hombre perteneciente a la familia de David, llamado José.El nombre de la virgen era María.El Ángel entró en su casa y la saludó, diciendo: ¡Alégrate!, llena de gracia, el Señor está contigo.Al oír estas palabras, ella quedó desconcertada y se preguntaba qué podía significar ese saludo.Pero el Ángel le dijo: No temas, María, porque Dios te ha favorecido.Concebirás y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús; él será grande y será llamado Hijo del Altísimo.El Señor Dios le dará el trono de David, su padre, reinará sobre la casa de Jacob para siempre y su reino no tendrá fin.María dijo al Ángel: ¿Cómo puede ser eso, si yo no tengo relaciones con ningún hombre?El Ángel le respondió: El Espíritu Santo descenderá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra.Por eso el niño será Santo y será llamado Hijo de Dios.También tu parienta Isabel concibió un hijo a pesar de su vejez, y la que era considerada estéril, ya se encuentra en su sexto mes, porque no hay nada imposible para Dios.María dijo entonces: Yo soy la servidora del Señor, que se cumpla en mí lo que has dicho.Y el Ángel se alejó.
En este Evangelio, en el que se relata cómo el ángel se apareció a María para anunciarle que sería la madre de Jesús, se suele utilizar para demostrar y ensalzar la “encarnación de Dios” (Jn1,14). Y, a partir de ese misterio, se insiste y se destaca que Jesús es Dios y que María es la Madre de Dios. Estas afirmaciones ponen todo el interés en dejar muy claro que Jesucristo es Dios. En ellas, lo que interesa sonríe todo es el SER de Jesús. De ahí que el problema del “ser” (de Cristo) constituye el centro de la cristología.Por supuesto, este problema es capital para la fe. Pero ocurre que, al centrar todo el interés en el SER de Jesús, muchos creyentes corren el peligro de prestar menos atención, o incluso se desentienden, del problema de la EJEMPLARIDAD de Jesús. Ponen toda su fe en afirmar la divinidad de Cristo, pero no centran su vida en la ejemplaridad de Jesús.La consecuencia, que se sigue de lo dicho, es que hay demasiados cristianos para quienes es más importante el “dogma” que la ética. Creen que Cristo es Dios, pero no “se portan” en la vida como se portó Jesús. Por eso ocurre con tanta frecuencia que en la Iglesia abundan los cristianos que defiende con firmeza y hasta con fanatismo que Jesucristo es Dios y le rezan con fervor. Pero la vida de esos cristianos está muy lejos de los criterios y convicciones que determinaron la vida de Jesús. Lo cual es comprensible. Porque, si desde el primer instante de “la encarnación” la cristología estaba completa y acabada, lo que vivió Jesús, lo que dijo y lo que hizo, todo eso pasa a un segundo plano. Y, por tanto, importa menos. Por desgracia, hay muchos creyentes que son tan “creyentes como desvergonzados”. Defienden la religión y dicen que aman la Iglesia. Pero viven como si no existiera el Evangelio, donde se desgrana el auténtico proyecto del Reino, a Dios como Padre, y nosotros nos podemos descubrir hijos y hermanos.
María Santísima decía hablando de sí misma: Miró la pequeñez de su servidora, el Todopoderoso ha hecho en mí grandes cosas; así pues, si queremos que el Señor haga en y por nosotros grandes cosas, necesitamos que vea en el fondo de nuestro corazón una verdadera y sincera humildad. Sin esto no seríamos apropiados para sus planes, y nos rechazaría con desprecio” (Sermón sobre la humildad)
Gabriel el Ángel me saludóHola, María, ¿qué tal estás?Yo aquí jugando, ¿y tú?Yo aquí volando.Traigo un mensaje del Padre Dios:Serás la Madre del Salvador¿Cómo lo ves?Cosas de Dios.Y dije: «hágase»Y dije: «hágase»De Dios me fío,me cae muy bien.Y dije: «hágase»Y dije: «hágase»En Dios confío.Todo irá muy bien.
Hágase la luz en la tiniebla y la paz en la batalla. Hágase la risa en el sollozo y la cura en el desgarro. Hágase susurro el grito amargo, que brote la esperanza donde hay odio y los muros nos impiden tender manos. Que tu voz nos devuelva el paso firme donde el miedo nos hizo descuidados. Que se rompan los diques que retienen un amor que no siempre regalamos.Hágase tu verdad en nuestros ruidos.Hágase tu palabra en nuestro canto. Que tu reino se vuelva desafío. He aquí tus hijos, fieles, esperamos un respiro, más fe, algún que otro abrazo. Hágase la luz en la tiniebla y la paz en la batalla. Hágase la risa en el sollozo y la cura en el desgarro. Hágase, Señor, tu sueño eterno. Hágase tu Vida en nuestro barro.