Santa Paula Isabel Cerioli

Zacarías quedó lleno del Espíritu Santo y dijo proféticamente:
Bendito sea el Señor, el Dios de Israel, porque ha visitado y redimido a su Pueblo, y nos ha dado un poderoso Salvador en la casa de David, su servidor, como lo había anunciado mucho tiempo antes, por boca de sus santos profetas, para salvarnos de nuestros enemigos y de las manos de todos los que nos odian.
Así tuvo misericordia de nuestros padres y se acordó de su santa Alianza, del juramento que hizo a nuestro padre Abraham de concedernos que, libres de temor, arrancados de las manos de nuestros enemigos, lo sirvamos en santidad y justicia, bajo su mirada, durante toda nuestra vida.
Y tú, niño, serás llamado Profeta del Altísimo, porque irás delante del Señor preparando sus caminos, para hacer conocer a su Pueblo la salvación mediante el perdón de los pecados; gracias a la misericordiosa ternura de nuestro Dios, que nos traerá del cielo la visita del Sol naciente, para iluminar a los que están en las tinieblas y en la sombra de la muerte, y guiar nuestros pasos por el camino de la paz.

• El Cántico de Zacarías es uno de los muchos cánticos de las comunidades de los primeros cristianos, que hasta hoy están esparcidos por los escritos del Nuevo Testamento, estos cánticos nos dan una idea de cómo era la vivencia de la fe y de la liturgia semanal en aquellos primeros tiempos. Dejan entrever una liturgia que era, al mismo tiempo, celebración del misterio, profesión de fe, animación de la esperanza y catequesis.
• Aquí en el Cántico de Zacarías, los miembros de aquellas primeras comunidades, casi todos judíos, cantan la alegría de haber sido visitados por la bondad de Dios que, en Jesús, vino a realizar las promesas.
• Zacarías comienza alabando a Dios porque ha visitado y redimido a su pueblo y ha suscitado a un poderoso salvador en la casa de David su siervo como había prometido por boca de los profetas. Y describe en qué consiste esta salvación poderosa: salvarnos de todos nuestros enemigos y de las manos de todos los que nos odian. Esta salvación es el resultado, no de nuestro esfuerzo, sino de la bondad misericordiosa de Dios mismo que se acordó de su alianza sagrada y del juramento hecho a Abrahán; nuestro padre. Dios es fiel.  Este es el fundamento de nuestra seguridad.
• Seguidamente Zacarías describe en qué consiste el juramento de Dios a Abrahán: es la esperanza de “que, libres de nuestros enemigos, podamos vivir sin temor, en santidad y justicia, en presencia de Dios, todos los días de nuestra vida”. Este era el gran deseo de la gente de aquel tiempo y sigue siendo el gran deseo de todos los pueblos de todos los tiempos: vivir en paz, sin miedo, sirviendo a Dios y al prójimo, en santidad y justicia, todos los días de nuestra vida. Este es lo alto de la montaña, el punto de llegada, que apareció en el horizonte con el nacimiento de Juan.   
• Ahora la atención del cántico se dirige a Juan, al niño que acaba de nacer. El será el profeta del Altísimo, porque irá delante del Señor preparándole el camino, capacitando a su pueblo para conocer la salvación para el perdón de los pecados. Aquí tenemos una alusión clara a la profecía mesiánica de Jeremías que decía: “Ya no tendrá que enseñarse mutuamente, diciéndose el uno al otro: «Conozcan a Javé». Porque todos, grandes y pequeños, me conocerán, oráculo de Javé, porque yo habré perdonado su culpa y no me acordaré más de su pecado”. En la Biblia, “conocer” es sinónimo de “experimentar”. El perdón y la reconciliación nos hacen experimentar la presencia de Dios.
• Todo esto será fruto de la acción misericordiosa del corazón de nuestro Dios y se realizará plenamente con la venida de Jesús, el sol que viene de lo alto para iluminar todos los que están en tinieblas y sombras de muerte y para guiar nuestros pasos por los caminos de la Paz. (Lectio Divina)


Alégrense pues, hijos míos; son el pequeño rebaño que Jesús ha bendecido y sobre el que vela con la más tierna solicitud; pone entre ustedes y el mundo, su enemigo, barreras que no podrá sobrepasar, ni romper. Él mismo está en medio de ustedes para cuidarlos y defenderlos. Es su pastor y nada les faltará.

Cuando río, florece mi pecho,
cuando canto, se enciende mi voz.
La tristeza se va deshaciendo
como sombra que ilumina el sol.

Alegría que sana, alegría que mueve.
Comparto mi risa
y el mundo se enciende.
alegría que brilla, alegría que danza.
Mi espíritu vuela
y mi cuerpo vibra.

La montaña me invita a danzar,
el sol me empuja a vivir.
El tambor resuena en mis pasos.
Con la tierra soy un solo latir.

Alegría, medicina,
se multiplica al cantar.
Quien la siente la contagia
como el viento al circular.


Santa Paula Isabel Cerioli (1816–1865) fue una religiosa italiana, esposa, madre y fundadora, conocida por su gran caridad y su entrega a los más necesitados.
Nació el 28 de enero de 1816 en Soncino, Italia, en el seno de una familia humilde. Desde joven vivió con profunda fe cristiana. Se casó con Carlos Cerioli y tuvo cuatro hijos, pero sufrió el doloroso golpe de la muerte de todos ellos a temprana edad. Poco después quedó viuda.
Lejos de encerrarse en el sufrimiento, Paula Isabel transformó su dolor en amor y servicio. Movida por su confianza en la Providencia, comenzó a acoger huérfanos y niños pobres, especialmente en la zona rural de Bérgamo. Para dar continuidad a esta misión fundó en 1857 la congregación de las Hermanas de la Sagrada Familia, dedicadas a la educación cristiana, la atención de huérfanos y el cuidado de los pobres.
Su vida fue un ejemplo de fortaleza, fe y maternidad espiritual, viendo en cada niño abandonado el rostro de Jesús. Murió el 24 de diciembre de 1865, en la vigilia de Navidad, dejando una obra profundamente evangélica.