Los pastores fueron rápidamente y encontraron a María, a José y al recién nacido acostado en el pesebre.Al verlo, contaron lo que habían oído decir sobre este niño, y todos los que los escuchaban quedaron admirados de lo que decían los pastores.Mientras tanto, María conservaba estas cosas y las meditaba en su corazón.Y los pastores volvieron, alabando y glorificando a Dios por todo lo que habían visto y oído, conforme al anuncio que habían recibido.Ocho días después, llegó el tiempo de circuncidar al niño y se le puso el nombre de Jesús, nombre que le había sido dado por el Ángel antes de su concepción.
Busca un lugar tranquilo.Adopta una postura cómoda que ayude al silencio interior.Respira profundamente varias veces y pide la gracia de disponerte al encuentro con Dios.Señor, dame la gracia de encontrarte con sencillez,de reconocerte presente en lo pequeñoy de guardar tu Palabra en mi corazón, como María.Imagina la escena con los sentidos, como si estuvieras allí:
Trata de ver, oír, sentir el ambiente.Observa la prontitud y disponibilidad de los pastores. No dudan, no postergan.¿A qué llamados de Dios respondo con prontitud?¿Qué me cuesta dejar para ir al encuentro de Jesús?Detente en el pesebre:.- Mira a Jesús pequeño y vulnerable..- Observa tus sentimientos: ¿ternura, paz, sorpresa, alegría?Los pastores cuentan lo que han visto y oído, y vuelven alabando a Dios:.- ¿Qué experiencias de Dios estoy llamado a compartir?.- ¿Mi fe se transforma en alabanza y gratitud?Contempla a María en silencio, atenta, profunda:.- ¿Sé hacer silencio interior para escuchar a Dios?.- ¿Qué cosas de mi vida necesito guardar y meditar con Él?Habla con Jesús como con un amigo, con sencillez y verdad:Jesús, enséñame a ir a tu encuentro con prontitud,a anunciarte con alegríay a guardarte en mi corazón cada día.
Lo verán, no temo asegurárselos; Dios se les comunicará de un modo inefable, porque es a los pequeños y a los humildes, que Él revela sus secretos, mientras que se los oculta a los fuertes y grandes, como dice Jesucristo en el evangelio” (S. VII)
Quiero caminar contigo, María,pues tú eres mi Madre, eres mi guía.Tú eres para mí el más grande ejemplode santidad, de humildad.Quiero caminar contigo, María,no sólo un momento, todos los días.Necesito tu amor de Madre,tu intercesión ante el Señor.Guía mis pasos, llévame al cielo.Bajo tu manto no tengo miedo.Llena de gracia, Ave María,hoy yo te ofrezco toda mi vida.Quiero caminar contigo, María,Madre en el dolor y en la alegría.Tú que fuiste fiel hasta el extremo,fiel en la cruz, fiel a Jesús.Celestial princesa, mírame con compasión.Hoy te doy mi alma, vida y corazón.