El Santísimo Nombre de Jesús

Al ver a Jesús, Juan dijo:
Este es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo. A él me refería, cuando dije: Después de mí viene un hombre que me precede, porque existía antes que yo.
Yo no lo conocía, pero he venido a bautizar con agua para que él fuera manifestado a Israel.
Y Juan dio este testimonio: He visto al Espíritu descender del cielo en forma de paloma y permanecer sobre él. Yo no lo conocía, pero el que me envió a bautizar con agua me dijo: «Aquel sobre el que veas descender el Espíritu y permanecer sobre él, ese es el que bautiza en el Espíritu Santo».
Yo lo he visto y doy testimonio de que él es el Hijo de Dios.

Juan Bautista presenta a Jesús como cordero… que quita el pecado del mundo. El “Cordero”, del que habla aquí este relato, se refiere – según la explicación más probable (C.K. Barret, J. Beutler) – al “Cordero de Dios” del que habla Is 53,7, que no abre la boca ante el daño que le hace el esquilador. Es la imagen del cordero que sufre. Y, sufriendo, quita el pecado del mundo.
Este texto no habla de quitar “los pecados”, sino “el pecado”, que es la incredulidad. Es decir, esa actitud difusa, indefinida e indefinible de “desinterés” por el evangelio, su escasa o nula influencia para cambiar este mundo, para hacernos vivir el mensaje ético de Jesús.
¿Influye esto de verdad en nuestra vida? Eso es la incredulidad, que se quita soportando y superando el sufrimiento, como hizo Jesús.

Esto supuesto, lo más asombroso está en como trazó el camino de solución que convierte la violencia en felicidad. Lo que Jesús nos enseñó, con su vida y con su muerte, es que la violencia se convierte en felicidad cuando, cuando en lugar de matar otras vidas, uno hace de su propia vida una víctima que se deja matar. Así, Jesús suprimió, de una vez por todas, los sacrificios. En lugar de sacrificar otras vidas, se sacrifica la propia vida. Es lo que se ha llamado la “autoestigmatización”. Jesús murió como un delincuente ejecutado, humillado, despreciado. Y así nos trazó el camino que hace posible “otro mundo”. El mundo en el que dejamos de odiarnos y robarnos. Y así construimos un mundo en el que nos queremos y nos ayudamos.

Así es Jesús el cordero que quita el pecado del mundo. “El pecado” no la acción mala, sino la incredulidad, que se traduce en acción “violenta”. Jesús no es la víctima religiosa, que como el cordero (en los sacrificios del templo), con su sangre aplaca a Dios. El Dios de Jesús no necesita sangre para aplacarse. Jesús fue asesinado (no “sacrificado”) porque se enfrentó a la religión que predica el dolor y la muerte como medio para estar cerca de Dios. La religión de Jesús no tiene el centro en el “sufrimiento”, sino en la “felicidad”. La felicidad que nos aporta las personas que, aguantando y mediante la fortaleza, hacen que la convivencia humana resulte más humana, más feliz, más dichosa.


Los ángeles envidian nuestra dicha, quisieran, si eso fuera posible, estar asociados, como nosotros, a la gloria de las humillaciones y a los sufrimientos de este Cordero cuyo trono rodean y cuyo triunfo y alabanzas celebrarán eternamente con sus cánticos. (A las hermanas)

Felices serán los pobres del mundo
Su Rey es un Dios que les vestirá
de anillos, de besos de una tierra nueva.
Felices los pobres, Dios será su pan.

Felices serán todos los que sufren,
millones de abrazos les acunarán.
Sanan sus heridas, sus lágrimas, risas.
Felices los tristes pues ahora reirán.

Felices serán los que no golpean,
los que con su fuerza luchan por la paz.
El futuro es suyo, la tierra es su tierra.
Feliz quien paz busca, paz encontrará.

Felices serán los que la justicia
con hambre reclaman un mundo mejor.
Todos los derechos para todo el mundo.
Feliz quien exige justicia y perdón.

Felices seréis, felices.
por fin la vida se iluminará.
Se romperá la tristeza.
Sois mil antorchas que van a alumbrar.
El mundo renace, podéis cantar
que el amor como la luz, os salvará.

Felices serán todos los que ayudan
socorren incendios, reparten el pan,
Lavan pies sin asco, salvan a los náufragos.
Feliz quien ayuda, pues le ayudarán.

Felices serán los de fondo limpio,
tendrán su milagro, blanco el corazón.
Sencillos cual niños, miran con cariño.
Felices los limpios, pues verán a Dios.

Felices serán los que se conmueven
y sienten lo ajeno dentro de su piel.
Aunque a veces tiemblen, reparten ternura.
Feliz el que ama, le amarán también.

Felices seréis si sois perseguidos,
si a pesar de todo, fieles seguiréis.
Quien está conmigo, tendrá pan y vino,
entrará en un Reino de abrazos eternos.
Felices por siempre, por siempre seréis.

Felices seréis, felices.
Por fin la vida se iluminará.
Se romperá la tristeza.
Sois mil antorchas que van a alumbrar.
El mundo renace, podéis cantar
que el amor como la luz, os salvará.
que es posible para todos
encontrar felicidad.