Este es el testimonio que dio Juan, cuando los judíos enviaron sacerdotes y levitas desde Jerusalén, para preguntarle: ¿Quién eres tú?El confesó y no lo ocultó, sino que dijo claramente: Yo no soy el Mesías.¿Quién eres, entonces?, le preguntaron: ¿Eres Elías?Juan dijo: No.¿Eres el Profeta?Tampoco, respondió.Ellos insistieron: ¿Quién eres, para que podamos dar una respuesta a los que nos han enviado? ¿Qué dices de ti mismo?Y él les dijo: Yo soy una voz que grita en el desierto: Allanen el camino del Señor, como dijo el profeta Isaías.Algunos de los enviados eran fariseos, y volvieron a preguntarle: ¿Por qué bautizas, entonces, si tú no eres el Mesías, ni Elías, ni el Profeta?Juan respondió: Yo bautizo con agua, pero en medio de ustedes hay alguien al que ustedes no conocen: él viene después de mí, y yo no soy digno de desatar la correa de su sandalia.Todo esto sucedió en Betania, al otro lado del Jordán donde Juan bautizaba.
Señor, hoy también a mí me preguntas como aquellos judíos preguntaron a Juan ¿Qué dices de ti mismo? Mi respuesta es bien sencilla: de mí no puedo hablar porque todo lo que tengo lo he recibido de Otro que es más importante que yo. ¿Quién soy yo sin Jesús? No soy nada. Mi vida sólo tiene sentido con Jesús. Cuando me he apartado de Él, me he sentido perdido, fracasado, vacío, hueco por dentro. Gracias, Señor, porque nunca he podido soportar el vivir lejos de ti. Tú nunca has sido un lujo para mí, sino una imperiosa necesidad. Te necesito para adorarte, alabarte y amarte. Y desde ahí poder amar a los demás. Y en esa preciosa tarea encuentro mi auténtica y verdadera realización personal. Gracias, Señor, por lo bueno que siempre has sido conmigo.El hombre es un ser que hace preguntas. Los niños aprenden preguntando ¿qué es esto? Pero, de mayores, debemos hacernos todos, esta gran pregunta: ¿quién soy yo? Los griegos solían decir: “Conócete a ti mismo”. Y es el propio Sócrates el que comenta este texto al joven Alcibíades: “Para conocerte a ti mismo no basta conocer tu cuerpo: Tienes que conocer el alma de Alcibíades. Y no llegarás a conocer tu alma si no conoces esa pequeña “centella de divinidad” que hay dentro de ella”. Es verdad que toda persona está hecha a imagen y semejanza de Dios, pero esto no debe hacernos orgullosos ni altaneros, al contrario. Normalmente, cuando preguntan por nosotros, solemos contestar poniendo por delante nuestros títulos: soy el Sr. ministro, el Sr. Obispo, el Sr. alcalde, el Sr. Párroco… Pero Juan contestaba: “Yo no soy”… ni profeta, ni Elías, ni el Mesías. Soy la voz de otro, soy el que da paso a otro, que es más importante que yo. Qué hermosa misión la de Juan: señalar con el dedo a Jesús y decir: ése es el Cordero de Dios que quita el pecado, las esclavitudes, el mal que hay dentro de nosotros. ¡Él es el importante!Necesito ser más humilde, Señor, para permanecer cerca de Ti, conociendo y haciendo vida tu Evangelio. Haz que yo no responda con teorías bonitas, que hable sólo desde mi propio testimonio, desde lo que yo he experimentado, de lo que tú, Dios mío, has hecho en mí. Tú eres el único que da sentido a mi vida. De nada me sirve la fama, el poder, los bienes materiales. Lo único que me importa es el permanecer unido a Ti para poder dar testimonio de mi fe y realizar la misión que me has encomendado.
He sabido, con gran alegría, que te comportas como verdadero religioso, y que Dios se digna bendecir tus trabajos… Sobre todo, mantente más que nunca lleno de celo para avanzar en la virtud, sobre todo, afiánzate cada vez más en la humildad. Ponte en guardia contra la vanagloria, y recuerda que los más grandes santos ante Dios, son los más pequeños ante sí mismos. (Carta al H. Paul Lagarde)
En tiempo de Caifás y de AnásDios nos envió a un testigo de la luz.Se llamó Juan y vino a proclamarbautismo, conversión y rectitud.¿Tú eres el mesías o un profeta?,algunos le fueron a preguntarY citando a Isaías les contesta:Soy voz que en el desierto oyen gritar:Preparen, el camino del Señory hagan rectos todos sus senderos. (bis)Toda colina se rebajará,todo barranco será rellenado,lo que es torcido recto al fin seráy lo áspero verán que se hace llano.¿Por qué bautizas si no eres mesías?,preguntan al Bautista otra vez: Yo sólo ahora bautizo con el agua,Mas, el que viene, en fuego lo va hacer.Así como el Bautista en el desiertollamando a la sincera conversión,queremos esperar al buen Maestro.¡Ven, oh Señor, a nuestro corazón!