Santos Basilio Magno y Gregorio Nacianceno

Este es el testimonio que dio Juan, cuando los judíos enviaron sacerdotes y levitas desde Jerusalén, para preguntarle: ¿Quién eres tú?
El confesó y no lo ocultó, sino que dijo claramente: Yo no soy el Mesías.
¿Quién eres, entonces?, le preguntaron: ¿Eres Elías?
Juan dijo: No.
¿Eres el Profeta?
Tampoco, respondió.
Ellos insistieron: ¿Quién eres, para que podamos dar una respuesta a los que nos han enviado? ¿Qué dices de ti mismo?
Y él les dijo: Yo soy una voz que grita en el desierto: Allanen el camino del Señor, como dijo el profeta Isaías.
Algunos de los enviados eran fariseos, y volvieron a preguntarle: ¿Por qué bautizas, entonces, si tú no eres el Mesías, ni Elías, ni el Profeta?
Juan respondió: Yo bautizo con agua, pero en medio de ustedes hay alguien al que ustedes no conocen: él viene después de mí, y yo no soy digno de desatar la correa de su sandalia.
Todo esto sucedió en Betania, al otro lado del Jordán donde Juan bautizaba.


He sabido, con gran alegría, que te comportas como verdadero religioso, y que Dios se digna bendecir tus trabajos… Sobre todo, mantente más que nunca lleno de celo para avanzar en la virtud, sobre todo, afiánzate cada vez más en la humildad. Ponte en guardia contra la vanagloria, y recuerda que los más grandes santos ante Dios, son los más pequeños ante sí mismos. (Carta al H. Paul Lagarde)

En tiempo de Caifás y de Anás
Dios nos envió a un testigo de la luz.
Se llamó Juan y vino a proclamar
bautismo, conversión y rectitud.

¿Tú eres el mesías o un profeta?,
algunos le fueron a preguntar
Y citando a Isaías les contesta:
Soy voz que en el desierto oyen gritar:

Preparen, el camino del Señor
y hagan rectos todos sus senderos. (bis)

Toda colina se rebajará,
todo barranco será rellenado,
lo que es torcido recto al fin será
y lo áspero verán que se hace llano.

¿Por qué bautizas si no eres mesías?,
preguntan al Bautista otra vez:
 Yo sólo ahora bautizo con el agua,
Mas, el que viene, en fuego lo va hacer.

Así como el Bautista en el desierto
llamando a la sincera conversión,
queremos esperar al buen Maestro.
¡Ven, oh Señor, a nuestro corazón!


San BASILIO nació en Cesarea de Capadocia (actual Turquía), en una familia profundamente cristiana y rica en santos. Recibió una excelente formación intelectual en Cesarea, Constantinopla y Atenas, donde trabó una amistad profunda con Gregorio Nacianceno.
Tras una conversión interior, abrazó la vida monástica, promoviendo un monacato equilibrado entre oración, trabajo y servicio comunitario. Sus Reglas monásticas se convirtieron en la base del monacato oriental y siguen vigentes hoy.
Fue ordenado sacerdote y luego obispo de Cesarea. Destacó por su defensa firme de la fe nicena frente al arrianismo y por su gran caridad pastoral. Fundó hospitales, hospicios y obras sociales, especialmente la famosa “Basiliada”, un complejo de ayuda a pobres y enfermos.
Fue un gran teólogo y escritor, autor de tratados sobre el Espíritu Santo, homilías y cartas. La Iglesia lo recuerda como doctor de la Iglesia, modelo de pastor, teólogo y servidor de los pobres.

GREGORIO nació en Arianzo, cerca de Nacianzo, también en Capadocia, en una familia cristiana. Recibió una sólida formación intelectual y, en Atenas, consolidó su amistad con Basilio. Hombre sensible y contemplativo, se sintió siempre atraído por la vida retirada y la oración.
Fue ordenado sacerdote y más tarde obispo, aunque vivió el ministerio con tensión interior por su carácter reflexivo. Su momento más decisivo fue en Constantinopla, donde predicó con gran profundidad teológica en defensa de la divinidad de Cristo y del Espíritu Santo.
Sus famosas “Oraciones teológicas” lo consagraron como uno de los más grandes teólogos trinitarios de la Iglesia, motivo por el cual es llamado “el Teólogo” en la tradición oriental.
Tras el Concilio de Constantinopla (381), se retiró de la vida pública para dedicarse a la oración y a la escritura. Murió en paz, dejando un legado de poesía, cartas y sermones de gran belleza espiritual.