Un día en que los discípulos de Juan y los fariseos, fueron a decirle a Jesús: ¿Por qué tus discípulos no ayunan, como lo hacen los discípulos de Juan y los discípulos de los fariseos?, Jesús les respondió: ¿Acaso los amigos del esposo pueden ayunar cuando el esposo está con ellos? Es natural que no ayunen, mientras tienen consigo al esposo.Llegará el momento en que el esposo les será quitado, y entonces ayunarán.Nadie usa un pedazo de género nuevo para remendar un vestido viejo, porque el pedazo añadido tira del vestido viejo y la rotura se hace más grande.Tampoco se pone vino nuevo en odres viejos, porque hará reventar los odres y ya no servirán más ni el vino ni los odres. ¡A vino nuevo, odres nuevos!
Jesús se presenta como el Esposo. Con esta imagen dice algo muy profundo: la fe no es, ante todo, una lista de prácticas externas, sino una relación viva con Él. Cuando el Esposo está presente, lo natural es la alegría, la celebración, la vida que brota del encuentro.Por eso, los discípulos no ayunan: están aprendiendo a reconocer y acoger la presencia de Dios en medio de ellos.Sin embargo, Jesús no desprecia el ayuno ni las prácticas religiosas. Al contrario, anuncia que llegará el tiempo del ayuno, cuando el Esposo sea quitado. El ayuno tendrá entonces un sentido nuevo, no como simple rito purificatorio, sino como expresión de deseo, de espera y de amor. Ayunar será una manera de decir: “Señor, te necesito, te espero, quiero volver a encontrarte”.Las imágenes del remiendo nuevo en vestido viejo y del vino nuevo en odres viejos son una fuerte llamada a la conversión interior. Jesús no vino a “parchar” nuestra vida ni a ajustar un poco nuestras costumbres religiosas. Vino a hacerlo todo nuevo. El Evangelio no cabe en corazones rígidos, cerrados al cambio, aferrados a seguridades antiguas. El vino nuevo del Reino necesita odres nuevos: un corazón humilde, disponible, capaz de dejarse transformar.Este texto nos pregunta hoy:¿Vivo mi fe como encuentro con el Esposo o sólo como cumplimiento de normas?¿Estoy dispuesto a dejar que Jesús renueve mis esquemas, mis prácticas, mi manera de pensar a Dios?¿Hay en mí un corazón nuevo para el vino nuevo del Evangelio?Seguir a Cristo implica la alegría de su presencia, pero también la valentía de cambiar. Solo quien se deja renovar por Él puede contener la vida nueva que el Señor quiere derramar.
Pidamos a Dios, con humildes y continuas oraciones, que nos dé la inteligencia del corazón, sin la cual no podemos comprender nada de sus divinas lecciones ni penetrar en sus misterios; pídele por mí, como yo le pido por ti, querido amigo, que seamos del número de esos pequeños a los que se digna instruir él mismo y a quienes se complace en revelar sus secretos. (Carta a Bruté del 2 de marzo de 1809)
No se pone vino nuevo en odres viejosy no se pone una lampara en el suelo.Hijo mío, tu obediencia es lo que quieroy que camines en el reino de cielos.Vino nuevo, en odres nuevos,vino nuevo, en odres nuevos.Tu presencia en mí yo llevo.Él me ha dado todo lo que necesitopara reflejar a su gloria en todo sitio,y para usar la autoridad que él me ha otorgadopor la victoria que el gano sobre el pecado.