San Francisco de Sales

En aquel tiempo Jesús regresó a la casa, y de nuevo se juntó tanta gente que ni siquiera podían comer.
Cuando sus parientes se enteraron, salieron para llevárselo, porque decían: Es un exaltado.

La popularidad de Jesús iba en aumento de día en día, de forma que él y los que la acompañaban habitualmente se veía literalmente invadidos en su casa y en su tiempo, de la mañana a la noche. La gente no les dejaba ni tiempo para comer.
Los que acudían en busca de Jesús son los que se denominaban el ‘óchlos’, al que pertenecían los últimos, los ignorantes, los de más baja condición social, económica y cultural. Por lo demás, una cantidad tan enorme no podían ser los ricos y los potentados, ya que las personas de alta condición había muy pocas en Galilea.

La “gente bien”, los que tienen de todos, no suelen necesitar a Jesús nada más que cuando quieren tranquilizar sus conciencias, o si tienen problemas de salud, de dinero, de familia… Personas generosas hay en todas partes. Pero los últimos conectan espontáneamente con la mentalidad evangélica.

La familia de Jesús, no sólo no estaba de acuerdo con lo que hacía y con la vida que llevaba, sino que además lo tenía por un loco. Seguramente se avergonzaban de él. Era una familia religiosa de toda la vida y bien considerada en el pueblo. Nadie en esa familia había dado que hablar. Y si Jesús se portaba de manera que los “hombres de orden” (fariseos) andaban diciendo que había que acabar con él, es lógico que los parientes de Jesús pensaran que no estaba en sus cabales.
Y sabemos que la expresión que usa aquí el relato de Marcos (hoi par´auton, “aquellos de al lado de él”) indica claramente sus parientes. Es duro para cualquiera darse cuenta de que la familia piensa así de uno. Jesús pasó por esa experiencia, como se relata cuando fue a su pueblo, Nazaret (Mc 6, 1-6) o cuando se dirigía a Jerusalén (Jn 7,1-5).


Los miembros de los grupos de todo el mundo son sus hermanos; forman con ellos una sola familia, de la que la Santísima Virgen es la Madre, cuyos protectores son los santos ángeles, y en la que todo es común; por eso, participan en todas sus buenas obras, en todas sus comuniones, en todas las Misas que han celebrado, en todas sus limosnas y en todas sus oraciones; ¡oh! cuántas gracias atraen diariamente en secreto…! (A los jóvenes)

Que ni una ni mil piedras
en el camino te hagan tropezar.
No te ates a nada,
no hay tiempo para dejar la oportunidad pasar.
Que no hay excusa alguna
para no servir a los demás.
Siempre sonriente sin dejar a la queja entrar.
Que un ángel nos ha enseñado
cómo se debe volar.
Que si llevas la cruz a cuestas,
no se tiene por qué notar.
Que si esta no es nuestra liga,
entonces, ¿a qué te quieres aferrar?
Simplemente, baila
y déjate de historias
aunque no tengas el control.
Cualquiera que sea la canción
déjate llevar en el salón.
Déjate hacer, que trace tu camino,
Él también quiere bailar contigo.
Que si el sufrimiento es por amor,
el dolor es diferente.
Entrégate hasta el extremo,
empápate de esta fuente inagotable,
infinita, de la que siempre se sacan fuerzas.
Es Dios Padre quien te grita,
que te acompaña en lo que elijas.
Cada segundo puede ser el último,
es la hora de levantarse.
Vive derramando, derramando todo el vaso.
Que no haya gota que se salve.
Busca creatividad,
lo terrenal puede esperar.
Recuerda que no poner firma
es la mejor forma de firmar.
Simplemente, baila y déjate de historias
aunque no tengas el control.
Cualquiera que sea la canción
déjate llevar en el salón.
Déjate hacer, que trace tu camino.
Él también quiere bailar contigo.
Recuerda que somos eternos,
recuerda que el tiempo no es nuestro,
recuerda que el Cielo está abierto.
De ti depende que entren cientos.


San Francisco de Sales nació en Saboya en una familia noble. Recibió una sólida formación humanista y jurídica, llegando a doctorarse en Derecho, aunque su deseo profundo era servir a Dios como sacerdote.
Fue ordenado sacerdote en 1593 y se destacó por su celo pastoral, su mansedumbre y su capacidad para anunciar el Evangelio con caridad y paciencia, especialmente en la evangelización de los calvinistas de la región de Chablais, a quienes ganó más por la dulzura que por la polémica.
En 1602 fue nombrado obispo de Ginebra, aunque residió en Annecy debido a la situación religiosa de la ciudad. Como pastor promovió la santidad en la vida cotidiana, enseñando que todos, laicos y consagrados, están llamados a la perfección cristiana.
Junto con Santa Juana Francisca de Chantal, fundó en 1610 la Orden de la Visitación de Santa María, caracterizada por la humildad, la sencillez y el amor fraterno.
Es autor de obras espirituales fundamentales como Introducción a la vida devota y Tratado del amor de Dios, que siguen siendo referentes de la espiritualidad cristiana.
Murió el 28 de diciembre de 1622 en Lyon. Fue canonizado en 1665 y proclamado Doctor de la Iglesia en 1877. Es patrono de los escritores y periodistas católicos.