Beato papa Pío IX

Los Apóstoles se reunieron con Jesús y le contaron todo lo que habían hecho y enseñado.
Él les dijo: Vengan ustedes solos a un lugar desierto, para descansar un poco. Porque era tanta la gente que iba y venía, que no tenían tiempo ni para comer.
Entonces se fueron solos en la barca a un lugar desierto. Al verlos partir, muchos los reconocieron, y de todas las ciudades acudieron por tierra a aquel lugar y llegaron antes que ellos.  Al desembarcar, Jesús vio una gran muchedumbre y se compadeció de ella, porque eran como ovejas sin pastor, y estuvo enseñándoles largo rato.

Marcos describe con todo detalle la situación. Jesús se dirige en barca con sus discípulos hacia un lugar tranquilo y retirado. Quiere escucharlos con calma, pues han vuelto cansados de su primera misión evangelizadora y desean compartir su experiencia con el Profeta que los ha enviado.

El propósito de Jesús queda frustrado. La gente descubre su intención y se adelantan corriendo por la orilla y cuando llega Jesús a la orilla se encuentra con la multitud de gente venidas de todas las aldeas del entorno.
Las comunidades cristianas han de recordar cómo era Jesús con esas personas perdidas en el anonimato, de las que nadie se preocupaba. “Al desembarcar, Jesús vio a un gran gentío, sintió compasión de ellos, pues eran como ovejas sin pastor y se puso a enseñarles muchas cosas”.

Lo primero que destaca el evangelista es la mirada de Jesús. No se irrita, los mira detenidamente y se conmueve. Su corazón intuye la desorientación y el abandono.
En la Iglesia hemos de aprender a mirar a la gente como la miraba Jesús: captando el sufrimiento, la soledad, el desconcierto o el abandono que sufren muchos. La compasión no brota de la atención a las normas u obligaciones. Sino de la mirada atenta al que sufre.

Desde la mirada, Jesús descubre la necesidad más profunda de aquellas gentes. Viven sin que nadie cuide realmente de ellas. No tienen un pastor que las guie y defienda. Movido por su compasión, Jesús “se pone a enseñarles muchas cosas”. Con calma, sin prisas, se dedica a enseñarles la Buena Noticia de Dios.

No podemos permanecer indiferentes ante tanta gente que, dentro de nuestras comunidades cristianas, andan buscando un alimento más sólido que el que recibe. No hemos de aceptar como norma la desorientación religiosa dentro de la Iglesia. Hemos de reaccionar de manera lucida y responsable, Necesitan pastores que trasmitan el mensaje de Jesús.


Oh Dios mío, acaba tu obra; salva a estos niños que te son tan queridos. Tú los has rescatado con el precio de tu sangre; de buena gana daremos la última gota de la nuestra para salvarles. Pobres niños, los amaremos tanto más cuanto mayores sean los peligros que los amenazan. Contaremos una a una estas tiernas ovejas que has puesto bajo nuestra custodia y las defenderemos de los ataques, sin cesar renovados, a los que están expuestos. Oh Dios mío, protégelos, protégenos a todos; no esperamos nada de los hombres; en Ti solo está nuestra esperanza; no será confundida» (S. VII)

Día a día encerrados
en los muros de hoy.
Es el mundo apurado
que a nadie puede esperar.

Y es fácil perderse
o dejarse engañar.
No hay tiempo para pensar
o detenerse a un lado y mirar
que es mi hermano
el que no puede esperar.

No dejemos que a la vida la atrape
el mundo de hoy en su vaivén.
Ofrecerla es mejor que ser piezas
en un juego de ajedrez.
Si podemos entregar la vida
al servicio de Aquél,
Aquel Dios que ha venido
no a ser servido,
sino a servir, sino a servir.

No es fácil el caminar
cuando quieres seguir
a ese Rey que su vida dio
gota a gota hasta morir,
ese Dios que llama hoy a ser hermanos,
al amor, a la alegría de vivir.


Pío IX (Giovanni Maria Mastai Ferretti) nació en 1792 en Senigallia, Italia. Fue elegido Papa en 1846 y su pontificado, que duró casi 32 años, es uno de los más largo de la historia de la Iglesia.
Al inicio de su pontificado mostró una actitud abierta y reformista, lo que le ganó gran simpatía popular. Sin embargo, las revoluciones de 1848 lo obligaron a huir de Roma y marcaron un giro más conservador en su gobierno. Durante su tiempo como Papa se produjo la pérdida de los Estados Pontificios, culminando en 1870 con la unificación de Italia y el fin del poder temporal del Papado.
En el ámbito doctrinal, Pío IX tuvo un papel decisivo: en 1854 proclamó el dogma de la Inmaculada Concepción de la Virgen María y en 1869 convocó el Concilio Vaticano I, donde se definió el dogma de la infalibilidad papal en materias de fe y moral. También publicó el Syllabus Errorum (1864), una fuerte condena a las corrientes ideológicas modernas contrarias a la fe cristiana.
Fue beatificado en el año 2000 por san Juan Pablo II. Su figura es una de las más influyentes y controvertidas del siglo XIX, marcada por profundas transformaciones políticas y grandes definiciones doctrinales para la Iglesia.