Entonces Jesús dijo a la multitud y a los discípulos: Los escribas y fariseos ocupan la cátedra de Moisés. Ustedes hagan y cumplan todo lo que ellos les digan; pero no se guíen por sus obras, porque ellos no hacen lo que dicen. Atan pesadas cargas y se las ponen sobre los hombros de los demás, mientras que ellos no quieren moverlas ni siquiera con el dedo.Todo lo hacen para que los vean: agrandan las filacterias y alargan los flecos de sus mantos; les gustan ocupar los primeros puestos en los banquetes y los primeros asientos en las sinagogas; se saludoados en las plazas y oír ser llamados ‘mi maestro’ por la gente.En cuanto a ustedes, no se hagan llamar ‘maestros’, porque no tienen más que un maestro y todos ustedes son hermanos. A nadie en el mundo llamen ‘padre’, porque no tienen sino uno, el Padre celestial. No se dejen llamar tampoco ‘doctores’, porque sólo tienen a un doctor, que es el Mesías.que el más grande de entre ustedes se haha servidor d elos otros, porque el que se ensalza será humillado y el que se humilla será ensalzado.
No son pocos los que se han alejado de la fe, escandalizados o decepcionados por la actuación de una Iglesia que, según ellos, no es fiel al evangelio ni actúa en coherencia con lo que predica. Lo que no nos puede pasar es que la mediocridad de la Iglesia justifique la mediocridad de mi fe.La Iglesia tendrá que cambiar mucho, pero lo importante es que cada uno reavivemos nuestra fe, que aprendamos a creer de manera diferente, que no vivamos eludiendo a Dios, que sigamos con honestidad las llamadas de la propia conciencia, que cambie nuestra manera de mirar la vida, que descubramos lo esencial del evangelio y lo vivamos con gozo.La Iglesia tendrá que superar sus inercias y miedos para encarnar el evangelio en la sociedad moderna, pero cada uno hemos de descubrir que hoy se puede seguir a Cristo con más verdad que nunca, sin falsos apoyos sociales y sin rutinas religiosas. Cada uno hemos de aprender a vivir de manera más evangélica el trabajo y la fiesta, la actividad y el silencio, sin dejarnos modelar por la sociedad, y sin perder nuestra identidad cristiana en la frivolidad moderna.La Iglesia tendrá que revisar a fondo su fidelidad a Cristo, pero cada uno hemos de verificar la calidad de nuestra adhesión a él. Cada uno hemos de cuidar nuestra fe en el Dios revelado en Jesús. El pecado y las miserias de la institución eclesial no me dispensan ni me desresponsabilizan de nada. La decisión de abrirme a Dios o de rechazarlo es solo mía.La Iglesia tendrá que despertar su confianza y liberarse de cobardías y recelos que le impiden contagiar esperanza en el mundo actual, pero cada uno somos responsable de nuestra alegría interior. Cada uno hemos de alimentar nuestra esperanza acudiendo a la verdadera fuente.
MÁXIMAJesús nos quiere sencillos
Recuérdenlo bien, la perfección consiste en ser humildes, pequeños, dóciles bajo la mano de Dios; en estar lleno de indulgencia y de caridad para con todos nuestros hermanos, teniéndose uno a sí mismo como el último y el más imperfecto de todos; consiste, de un modo especial para ustedes en hacer con amor, con sencillez y con una admirable paz, todo lo que está en el orden de la obediencia. (S VIII p. 2489)
No se envanece mi corazón,en mi mirada soberbia no hay.No he pretendido grandeza alcanzar.No corro tras sueños que brillen de más.Tengo mi alma en silencio y en paz,soy como un niño, en tus brazos dormí.Así mi alma descansa hoy en ti.