Miércoles de la 3ª semana de Cuaresma

En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos: No piensen que vine para abolir la Ley o los Profetas: yo no he venido a abolir, sino a dar cumplimiento.
Les aseguro que no desaparecerá ni una i ni una coma de la Ley, antes que desaparezcan el cielo y la tierra, hasta que todo se realice.
El que no cumpla el más pequeño de estos mandamientos, y enseñe a los otros a hacer lo mismo, será considerado el menor en el Reino de los Cielos. En cambio, el que los cumpla y enseñe, será considerado grande en el Reino de los Cielos.

Este texto del Evangelio nos ayuda a comprender cómo se relaciona Jesús con la Ley de Dios. A primera vista, podría parecer que Jesús viene a cambiarlo todo, a reemplazar lo anterior. Sin embargo, Él mismo aclara que no vino a abolir la Ley ni a los Profetas, sino a darles cumplimiento, es decir, a llevarlos a su plenitud.

La Ley de Dios no era un conjunto de normas sin sentido. Era un camino para aprender a amar, a vivir en justicia y a caminar hacia Dios. Pero con el tiempo algunos la habían reducido a un cumplimiento exterior, a reglas que se obedecían sin tocar el corazón. Jesús no elimina la Ley: la llena de sentido, mostrando que su centro es el amor.

Por eso insiste en que ni una “i” ni una “coma” desaparecerán. Con esta expresión quiere decir que la voluntad de Dios es seria y valiosa, y que no se puede vivir la fe de manera superficial o acomodada. El seguimiento de Dios no consiste en elegir sólo lo que nos gusta, sino en dejarnos transformar por su palabra.

El gran peligro que tenemos es quedarnos en normas exteriores, en ritos considerados imprescindibles, en costumbres y gestos cargados de una obligatoriedad que supuestamente viene de Dios, y olvidarnos del meollo de la cuestión: el amor y el servicio. Nos puede pasar que, por cumplir, nos olvidemos del hermano que sufre a nuestro lado. Si la ley nos hace más fríos, mas distantes, menos disponibles, no sirve.


Roguemos a Dios por él (ex H. Ignacio) y aprovechemos de su error para desconfiar de nosotros mismos y para convencernos cada vez más de la necesidad que tenemos de ser fieles a la Regla de Vida y a su espíritu. Uno no puede ser religioso a medias.” (Al H. Ambrosio, 2 de diciembre de 1838)


MAXIMA
Las leyes están a nuestro servicio

Haznos fieles a ti, fieles a tu Palabra
Fieles a tu voz, a tu voluntad,
Fieles a tu Evangelio, a la Buena Noticia,
Haznos fieles como eres tú.

Fieles, fieles,
cuando es de día y de noche también.
Fieles, fieles.
A tu lado, contigo, por ti y para ti,
en la calma y en la tempestad.

Haznos fieles al Sur, fieles a los pequeños,
fieles en la lucha por un mundo mejor,
fieles a los pobres, a los excluidos.
Haznos fieles como eres tú.

Haznos fieles al Pan, fieles a tu Cuerpo,
fieles a este Vino, a la comunión;
fieles sin complejos, fieles apasionados.
Haznos fieles como eres tú.