Algunos de la multitud que lo habían oído, opinaban: Este es verdaderamente el Profeta. Otros decían: Este es el Mesías. Pero otros preguntaban: ¿Acaso el Mesías vendrá de Galilea? ¿No dice la Escritura que el Mesías vendrá del linaje de David y de Belén, el pueblo de donde era David? Y por causa de él, se produjo una división entre la gente.Algunos querían detenerlo, pero nadie puso las manos sobre él.Los guardias fueron a ver a los sumos sacerdotes y a los fariseos, y estos les preguntaron: ¿Por qué no lo trajeron?Ellos respondieron: Nadie habló jamás como este hombre.Los fariseos respondieron: ¿También ustedes se dejaron engañar? ¿Acaso alguno de los jefes o de los fariseos ha creído en él? En cambio, esa gente que no conoce la Ley está maldita.Nicodemo, uno de ellos, que había ido a ver a Jesús, les dijo: ¿Acaso nuestra Ley permite juzgar a un hombre sin escucharlo antes para saber lo que hizo?Le respondieron: ¿Tú también eres galileo? Examina las Escrituras y verás que de Galilea no surge ningún profeta.Y cada uno regresó a su casa.
El enfrentamiento de los jefes religiosos y de los fariseos contra Jesús va en aumento. De forma que la tensión, la división y la crispación llega a la gente sencilla (óchlos), al pueblo humilde y de más baja condición. Nadie se preguntaba si Jesús tenía que morir porque eso es lo que Dios quería, porque así salvaría al mundo, porque Dios estaba ofendido por nuestros pecados… Lo que allí se planteaba es si tenían razón los dirigentes religiosos; o si quien tenía razón era Jesús.Con Jesús estaba el pueblo. Contra Jesús estaban los “hombres de la religión”. Los argumentos del pueblo eran que Jesús era el Mesías, el Profeta, es decir, argumentos positivos. Los argumentos de los “dirigentes religiosos” eran que el Mesías no podía venir de Galilea, que de Galilea no podía salir un profeta, que el pueblo no conocía la ley religiosa y que además, el pueblo estaba maldito. Es decir, los argumentos de los entendidos de la religión eran negativos y de profundo desprecio hacia la pobre gente.Ni siquiera se tuvo en cuenta la justa advertencia de Nicodemo: ¿Es que se puede condenar a alguien sin oírlo y sin darle ocasión de defenderse? La historia se repite: los que tienen poder, y más si se trata de poder religioso, siempre se creen en posesión de la verdad y con razones para condenar a quien no se somete a ellos. Jesús vivió en sus carnes está dolorosa historia.
Jesús es el Mesías esperado, deseado por todos los pueblos, anunciado por todos los profetas; él es nuestro libertador, él es nuestro Rey; queremos ser y seremos fieles a él para siempre. Lo que ha dicho, lo creeremos; lo que ha prohibido, lo evitaremos; lo que ha mandado, lo haremos; él reinará sobre nosotros en el tiempo; ¡y nosotros reinaremos con él en la eternidad! (Sermón sobre la resurrección)
Te suplicamos, Señor,que manifiestes tu bondad,salva a todos cuantos sufrenla mentira y la maldad.Ten piedad de los humildes,y a los caídos levantahasta el lecho del enfermoacerca tu mano santa.Entra en la casa del pobrey haz que su rostro sonría,para el que busca trabajosé Tú fuerza y compañía.A la mujer afligidadale salud y reposo,y a la madre abandonadaun buen hijo generoso.Encuéntrale Tú el caminoal hijo que huyó de casa;al pescador perdido,al vagabundo que pasa.Que el rico te mire en cruzy a sus hermanos regale;que no haya odio ni envidiasentre tus hijos iguales.Da al comerciante justicia,al poderoso humildad;a los que sufren pacienciay a todos tu caridad.Venga a nosotros tu Reino,perdona nuestros pecadospara que un día seamoscon Cristo resucitados.Tú Señor, que puedes estoy mucho más todavía,recibe nuestra alabanzapor Jesús y con María.