San José, esposo de María

Jacob fue padre de José, el esposo de María, de la cual nació Jesús, que es llamado Cristo.
Este fue el origen de Jesucristo: María, su madre, estaba comprometida con José y, cuando todavía no han vivido juntos, concibió un hijo por obra del Espíritu Santo.
José, su esposo, que era un hombre justo y no quería denunciarla públicamente, resolvió abandonarla en secreto.
Mientras pensaba en esto, el Ángel del Señor se le apareció en sueños y le dijo: «José, hijo de David, no temas recibir a María, tu esposa, porque lo que ha sido engendrado en ella proviene del Espíritu Santo. Ella dará a luz un hijo, a quien pondrás el nombre de Jesús, porque él salvará a su Pueblo de todos sus pecados».
Todo esto sucedió para que se cumpliera lo que el Señor había anunciado por el Profeta: «La Virgen concebirá y dará a luz un hijo a quien pondrán el nombre de Emanuel», que traducido significa: «Dios con nosotros».
Al despertar, José hizo lo que el Ángel del Señor le había ordenado: llevó a María a su casa.

San José es el hombre de la presencia silenciosa y atenta. Cuidó de María, cuidó de Jesús, sin que conozcamos su voz, sin hacerse ver, pero consciente de la responsabilidad que tenía entre manos.

San José nos enseña que cuidar no es sólo aconsejar desde lejos, dar una palabra rápida o decir “estoy contigo” sin involucrarse realmente. El cuidado verdadero comienza con la presencia. Estar cerca, escuchar, acompañar, compartir el tiempo y la vida. Dios mismo nos ha mostrado este camino: no nos amó desde lejos, sino que se hizo cercano en la persona de Jesucristo.

Estar presente implica asumir responsabilidad. Cuando alguien entra de verdad en nuestra vida, su alegría y su dolor dejan de ser indiferentes. Nos sentimos llamados a ayudar, a sostener, a cargar un poco con su peso. Es lo que hizo José con su familia.

Muchas veces vivimos ocupados, distraídos o encerrados en nuestros propios problemas. San José nos enseña a hacernos prójimos, a aprender el arte de la cercanía. Cuidar es, en definitiva, dejar que la vida del otro nos importe. Cuando estamos verdaderamente presentes para alguien —escuchándolo, acompañándolo, sosteniéndolo— el amor se vuelve concreto. Y allí, en esa presencia responsable, se hace visible el mismo amor de Dios. (Ideas del papa León XIV)


MÁXIMA
Amar es cuidar a los demás


Ámense los unos a los otros; vivan juntos en una perfecta unión; no tengan más que un solo corazón y una sola alma. (Al H. Esteban-María, 9 de enero de 1853)

Hoy a tus pies ponemos nuestra vida.   
Hoy a tus pies, glorioso San José. 
Escucha nuestra oración y por tu intercesión    
obtendremos la paz del corazón.   

En Nazaret, junto a la Virgen Santa.
En Nazaret, glorioso San José,
cuidaste al niño Jesús, pues por tu gran virtud
fuiste digno custodio de la luz.

Con sencillez, humilde carpintero.
Con sencillez, glorioso San José,
hiciste bien tu labor obrero del Señor,
ofreciendo trabajo y oración.

Tuviste Fe en Dios y su promesa.
Tuviste Fe, glorioso San José.
Maestro de oración, alcánzanos el don
de escuchar y seguir la voz de Dios.