Jesús recorría la Galilea. No quería transitar por Judea porque los judíos intentaban matarlo.Se acercaba la fiesta judía de las Chozas. Sin embargo, cuando sus hermanos subieron para la fiesta, también él subió, pero en secreto, sin hacerse ver.Promediaba la celebración de la fiesta cuando Jesús subió al templo y comenzó a enseñar. Algunos de Jerusalén decían: ¿No es éste aquél a quien querían matar? ¡Y miren cómo habla abiertamente y nadie le dice nada! ¿Habrán reconocido las autoridades que es verdaderamente el Mesías? Pero nosotros sabemos de dónde es éste. En cambio, cuando venga el Mesías, nadie sabrá de dónde es.Entonces Jesús, que enseñaba en el Templo, exclamó: ¿Así que ustedes me conocen y saben de dónde soy? Sin embargo, yo no vine por mi propia cuenta; pero el que me envió dice la verdad, y ustedes no lo conocen. Yo sí lo conozco, porque vengo de él y es él el que me envió.Entonces quisieron detenerlo, pero nadie puso las manos sobre él, porque todavía no había llegado su hora.
Jesús está presente en nuestra vida muchas veces de manera silenciosa. No siempre lo vemos con claridad ni percibimos su acción, porque estamos ocupados, distraídos o preocupados por tantas cosas. Sin embargo, su presencia no depende de nuestra atención: Él está. Como enviado del Padre, vino al mundo no por iniciativa propia, sino por amor y obediencia, para revelarnos el corazón de Dios.En Evangelio de Juan Jesús repite varias veces que Él no habla por sí mismo, sino que dice lo que ha escuchado del Padre. Su palabra es la palabra del Padre, su cercanía es la cercanía de Dios mismo. Por eso, cuando escuchamos a Jesús en el Evangelio, cuando meditamos sus gestos y sus enseñanzas, estamos entrando en contacto con el mismo Dios que nos ama.Pero el problema no es que Jesús esté ausente; el problema es que muchas veces nosotros estamos ausentes. Él pasa por nuestra vida como pasó por los caminos de Galilea: algunos lo reconocen, otros lo ignoran, y otros incluso lo rechazan. La fe consiste en aprender a reconocer su presencia en lo cotidiano: en su Palabra, en la oración, en los hermanos, en los acontecimientos de cada día.Cuando tomamos conciencia de que Jesús es el enviado del Padre, comprendemos que cada una de sus palabras tiene un peso infinito. No son sólo consejos de un maestro espiritual: son la revelación del amor de Dios para nosotros. Escuchar a Jesús es escuchar al Padre; acoger a Jesús es acoger al mismo Dios en nuestra vida.Por eso la actitud del cristiano es la de la atención y la apertura: pedir la gracia de no pasar de largo ante su presencia. Jesús está, habla, actúa. La pregunta es si nuestro corazón está dispuesto a reconocerlo y a darle el lugar que merece.MÁXIMAJesús está aquí
Si pedimos pruebas de la presencia de Jesucristo en medio de nosotros y su acción divina durante estos días felices, podríamos decir lo que él mismo dijo a los discípulos de Juan el Bautista, que le preguntaron si él era realmente el Mesías: los ciegos ven, los sordos oyen, los rengos caminan, los muertos resucitan. (Retiro de niños)
Mi espíritu despierta ante tu resplandor,mi alma cansada encuentra tu verdad.Tú eres mi fuerza, mi paz y mi hogar.¡Aleluya, aleluyaal rey de gloria y majestad!¡Aleluya, aleluya!Mi boca no callará.Porque eterno es su amory fiel es su bondad,cuando la nochecubre mi caminar.Tu Palabra es lámparaen la oscuridad.en Ti confíami corazón herido.Mi esperanza viveporque Tú estás conmigo.¡Aleluya, aleluya!Tú eres mi salvación.¡Aleluya, aleluya!Refugio de mi corazón.El Señor es mi pastor,nada me faltará,en verdes pastosÉl me hará descansar.Vivo está el Diosque oye mi clamor.No abandona al justoni abandona al que creyó.Mi voz se levantacomo ofrenda fiel,porque grande es tu nombreEmmanuel.¡Aleluya, aleluya!Viva el Dios eterno.¡Aleluya, aleluya!Santo y verdadero.Mi ayuda viene del Señor,creador del cielo y la tierra.en el silencioTú hablas a mi ser.Tu presencia sanaLo que no supe ver.No necesito palabrasPara adorarte,mi alma se rinde al contemplarteaun sin hablar.¡Aleluya, aleluya!Aun sin hablar.¡Aleluya, aleluya!Te puedo adorar.¡Aleluya, aleluya!Fuente de verdad.¡Aleluya, aleluya!Manantial de paz.Bienaventurado el que confíaen el Señor.Cuando los vientos quierenderribar mi fe,tu Palabra firmeme hace permanecer.No temeréporque Tú vas delante.Mi esperanza vive,mi Dios es constante.¡Aleluya, aleluya!No temeré.¡Aleluya, aleluya! En Ti confiaré.