Las mujeres, que habían ido al sepulcro, después de escuchar al ángel, atemorizadas pero llenas de alegría, se alejaron rápidamente del sepulcro y fueron a dar la noticia a los discípulos.De pronto, Jesús salió a su encuentro y las saludó, diciendo: Alégrense. Ellas se acercaron y, abrazándole los pies, se postraron delante de él.Y Jesús les dijo: No teman; avisen a mis hermanos que vayan a Galilea, y allí me verán.Mientras ellas se alejaban, algunos guardias fueron a la ciudad para contar a los sumos sacerdotes todo lo que había sucedido.Estos se reunieron con los ancianos y, de común acuerdo, dieron a los soldados una gran cantidad de dinero, con esta consigna: Digan así: Sus discípulos vinieron durante la noche y robaron su cuerpo, mientras dormíamos. Si el asunto llega a oídos del gobernador, nosotros nos encargaremos de apaciguarlo y de evitarles a ustedes cualquier contratiempo.Ellos recibieron el dinero y cumplieron la consigna. Esta versión se ha difundido entre los judíos hasta el día de hoy.
Un hecho, ¡Jesús Vive!Dos testimonios contrapuestos: La alegría y el anuncio de las mujeres; el soborno y la mentira de los guardias ante el fracaso de la muerte.La Pascua, el Paso, la Vida, la Resurrección, Jesús Vivo. Todo es alegría este lunes pascual, porque Jesús venció a la muerte. Y esa alegría que desbordaba a las mujeres y las hacía correr a Galilea a contar lo sucedido nos hace temblar el corazón. Porque nuestro corazón tiembla de emoción ante esta certeza: ¡Jesús está vivo acá y ahora! Jesús está vivo te ve, te escucha. Jesús está vivo y camina al lado tuyo y como las mujeres nos postramos ante él para decirle lo mucho que lo amamos; porque no nos abandona; porque está siempre. ¿Crees esto?¿Cuál es tu experiencia de resurrección?¿Cuál es hoy la misión de nuestra comunidad como discípulos de Jesús?Pues entonces anúncialo para que los demás no se queden en la mentira y en la tristeza de la muerte. Que esta buena noticia llene de alegría nuestro corazón, lo ilumine con la esperanza y lo encienda en el amor y el deseo de servir.
Aquí tienen a Jesucristo, que llega en medio de los discípulos para convencerlos: Al verlo, primero se asombran y tienen miedo: “Soy yo, les dice, ¿por qué se asustan? Miren mis manos y mis pies; tóquenlos». Entonces, no pudiendo resistir más ante este testimonio palpable de la verdad de su presencia, creen en él, se postran y lo adoran. (S II, 425)
Cuando el día pesa y falta fuerza,cuando el miedo grita más que la razón,tú me abrazas firme en la tormentay en tu pensamiento encuentro dirección.Tengo gozo que no se acaba,paz que guarda mi corazón.En tus manos mi mente descansa.Todo lo puedo en tu amor.Tengo gozo que no se acaba,corre adentro como un río fiel.Aunque cambie todo ahí afuera,tú sigues siendo mi bien.Nada me hace falta, tú me bastas.Tu palabra rompe toda confusión.Llevo agradecida mi pedidoy tu paz me cubre más que la emoción.Tengo gozo que no se acaba,paz que guarda mi corazón.En tus manos mi mente descansa.Todo lo puedo en tu amor.Tengo gozo que no se acaba,corre adentro como un río fielAunque cambie todo ahí afuera,tú sigues siendo mi bien.No me inquieta el mañana,tú ya estás ahí.Cada carga que te entregose convierte en jardín.No me arrogo la tristeza,tú la cambias por canción.(voces), derramas tu perdón.Tengo gozo que no se acaba,paz que guarda mi corazón.En tus manos mi mente descansa.Todo lo puedo en tu amor.Tengo gozo que no se acaba,corre adentro como un río fielAunque cambie todo ahí afuera,tú sigues siendo mi bien.