Jesús les dijo: Yo soy el pan de Vida. El que viene a mí jamás tendrá hambre; el que cree en mí jamás tendrá sed.Pero ya les he dicho: ustedes me han visto y sin embargo no creen.Todo lo que me da el Padre viene a mí, y al que venga a mí yo no lo rechazaré, porque he bajado del cielo, no para hacer mi voluntad, sino la del que me envió.La voluntad del que me ha enviado es que yo no pierda nada de lo que él me dio, sino que lo resucite en el último día.Esta es la voluntad de mi Padre: que el que ve al Hijo y cree en él, tenga Vida eterna y que yo lo resucite en el último día.
“Al que venga a mí, yo no lo rechazaré”.A veces pensamos que tenemos que ser perfectos para acercarnos a Dios, o que nuestras caídas nos alejan definitivamente. Sin embargo, Jesús no pone condiciones previas: basta con ir a Él. El corazón de Cristo es un lugar de acogida, no de rechazo. Nadie queda afuera si da un paso sincero.“He bajado del cielo, no para hacer mi voluntad…”.Jesús vive en total obediencia al Padre. Y esa obediencia no es una carga, sino una misión de amor. Nos enseña que la verdadera libertad no está en hacer lo que uno quiere, sino en descubrir para qué hemos sido enviados y entregarnos a ello.“La voluntad del Padre es que no pierda nada…”.Esta frase es profundamente consoladora. Dios no juega con nuestra vida ni nos deja a mitad de camino. Él cuida, sostiene, busca lo que se pierde y no se resigna a perder a ninguno. Incluso cuando nosotros nos alejamos, Él sigue trabajando para rescatarnos.“Y lo resucite en el último día”.El horizonte final de la fe no es la muerte, sino la vida plena. Creer en Cristo no solo ilumina el presente, sino que abre el futuro definitivo: la Vida eterna. No se trata sólo de “sobrevivir”, sino de vivir para siempre en comunión con Dios.Este texto nos invita a confiar más. A dejar de lado la desconfianza o la autosuficiencia, y a dar ese paso hacia Jesús, sabiendo que seremos recibidos. Y también nos llama a imitarlo: así como Él no rechaza, nosotros estamos llamados a acoger, a no perder a nadie, a cuidar la vida de los demás.
A él le gusta que uno se arroje, con los ojos cerrados en su misericordia como a un abismo, y, si no nos da a conocer con seguridad nuestra justificación, es para mantenernos en la humildad y para que esperemos nuestra salvación, únicamente de su gracia. Así, hija mía, quedaos en paz, no porque seas buena, sino porque Dios es bueno, porque él es Padre. (A la señorita Jallobert)
En el amanecer te cantaré.Mi corazón se alegra en Ti,porque en medio del dolortu amor nunca falló.Eres fiel en las tormentas,fiel en la oscuridad.Tus promesas son eternasy siempre Tú miras.Oh, Señor, nunca cambias.Oh, Jesús,mi roca eterna eres Tú.Eres fiel, en todo tiempo eres fiel.Tu amor no cambiar,Tú no fallarás.Cuando todo aparece acabar,Tú me enseñas a esperar.Porque, Tú Señor,nunca me dejarás.Mi alma te alaba, Señor.Mi voz te exalta hoy,porque has sido buenopor siempre lo serás.