San Aniceto

Después de la multiplicación de los panes, al día siguiente, la multitud que se había quedado en la otra orilla vio que Jesús no había subido con sus discípulos en la única barca que había allí, sino que ellos habían partido solos.
Mientras tanto, unas barcas de Tiberíades atracaron cerca del lugar donde habían comido el pan, después que el Señor pronunció la acción de gracias.
Cuando la multitud se dio cuenta de que Jesús y sus discípulos no estaban allí, subieron a las barcas y fueron a Cafarnaúm en busca de Jesús.
Al encontrarlo en la otra orilla, le preguntaron: Maestro, ¿cuándo llegaste?
Jesús les respondió: Les aseguro que ustedes me buscan, no porque vieron signos, sino porque han comido pan hasta saciarse. Trabajen, no por el alimento perecedero, sino por el que permanece hasta la Vida eterna, el que les dará el Hijo del hombre; porque es él a quien Dios, el Padre, marcó con su sello.
Ellos le preguntaron: ¿Qué debemos hacer para realizar las obras de Dios?
Jesús les respondió: La obra de Dios es que ustedes crean en aquél que él ha enviado.

La gente necesita a Jesús y lo busca. Hay algo en él que los atrae, pero todavía no saben exactamente por qué lo buscan ni para qué. Jesús comienza a conversar con ellos: El pan material es muy importante. Él mismo les ha enseñado a pedir a Dios «el pan de cada día». Pero el ser humano necesita algo más. Jesús quiere ofrecerles un alimento que puede saciar para siempre su hambre de vida.

La gente intuye que Jesús les está abriendo un horizonte nuevo, pero no saben qué hacer, ni por dónde empezar: «y ¿qué obras tenemos que hacer para trabajar en lo que Dios quiere?»
La respuesta de Jesús toca el corazón del cristianismo: «la obra que Dios quiere es ésta: que crean en el que él ha enviado». Dios sólo quiere que crean en Jesucristo pues es el gran regalo que él ha enviado al mundo. Ésta es la nueva exigencia.

Después de veinte siglos de cristianismo, ¿no necesitamos descubrir de nuevo que toda la fuerza y la originalidad de la Iglesia está en creer en Jesucristo y seguirlo?
La fe cristiana no consiste primordialmente en ir cumpliendo correctamente un código de prácticas y observancias nuevas. La identidad cristiana está en aprender a vivir un estilo de vida que nace de la relación viva y confiada en Jesús el Cristo. Nos vamos haciendo cristianos en la medida en que aprendemos a pensar, sentir, amar, trabajar, sufrir y vivir como Jesús.
Necesitamos cuidar más que nunca la adhesión y el contacto vital con Jesús el Cristo. (José Antonio Pagola)


En todas sus obras, Jesucristo no ha buscado más que la gloria de su Padre; en las nuestras, ¿no buscamos, ordinariamente, y sobre todo, nuestra propia satisfacción personal, lo que no enorgullece, lo que nos conviene? (Retiro en Saint-Méen)

Que todo sea verdad.
Que lo bonito tenga belleza,
que los papeles tengan calor,
que en cada beso con mis labios
tiemble todo alrededor,
que la Vida empuje fuerte cuando
escriba una canción.
Que cada encuentro sea un Abrazo,
que en cada voz suene tu Voz,
que me deslumbre cada día
tu Presencia donde estoy,
que esté vivo lo que creo, lo que canto
y lo que soy.

¡Qué todo sea verdad!
¡Qué todo sea verdad!
¡Qué todo, todo, que todo,
todo sea verdad!

Que nuestra tinta sea de sangre,
que las palabras sean clamor,
que escandalice mi postura y mi
sonrisa ante el dolor,
que desborde la locura
sin medida de tu Amor.

Que nos llenemos de tus promesas,
que las bailemos de sol a sol,
que disfrutemos del camino
con un mismo corazón.
¡Es real porque está vivo
y da la vida con pasión!

Y que recen mis rodillas
y mis brazos y mis labios
y mi cuerpo sea rezo al caminar.
Y que revienten estrategias,
protocolos y cadenas
donde el miedo quiso
ahogar la libertad.
Si el Fuego no puede no quemar,
si el Agua empapa y salta
y busca loca el mar,
Si hay tanta Vida ¡tanta!
¡Es Real, es Real!


San Aniceto fue el undécimo Papa de la Iglesia católica, y su pontificado se sitúa aproximadamente entre los años 155 y 166 d.C.
Nació en Siria, probablemente en la ciudad de Emesa. Vivió en una época difícil, en la que los cristianos aún sufrían persecuciones por parte del Imperio romano.
Durante su papado tuvo que enfrentar varios desafíos importantes. Combatió herejías como el gnosticismo y las enseñanzas de Marción, que distorsionaban la doctrina cristiana. Fortaleció la estructura de la Iglesia en Roma en tiempos difíciles.
Según la tradición, murió mártir, aunque no hay total certeza histórica sobre este punto. Su vida destaca por la fidelidad en tiempos difíciles y su esfuerzo por mantener la unidad de los cristianos.