San Román Adame – San Anselmo

La gente preguntó a Jesús: ¿Qué signos haces para que veamos y creamos en ti? ¿Qué obra realizas? Nuestros padres comieron el maná en el desierto, como dice la Escritura: ‘Les dio de comer el pan bajado del cielo’.
Jesús respondió: Les aseguro que no fue Moisés el que les dio el pan del cielo; mi Padre les da el verdadero pan del cielo; porque el pan de Dios es el que desciende del cielo y da Vida al mundo.
Ellos le dijeron: Señor, danos siempre de ese pan.
Jesús les respondió: Yo soy el pan de Vida. El que viene a mí jamás tendrá hambre; el que cree en mí jamás tendrá sed.


La afirmación de Jesús: “Yo soy el pan de vida” (cf. Evangelio de Juan 6,35) toca una de las necesidades más profundas del ser humano: el hambre. No sólo el hambre del cuerpo, sino ese vacío interior que ninguna cosa material logra llenar del todo.

Jesús no dice simplemente que da pan, sino que Él mismo es el pan. Es decir, no ofrece sólo algo externo, sino su propia persona como alimento. Esto cambia completamente la lógica: la vida verdadera no se encuentra en acumular, sino en recibirlo a Él, en entrar en comunión con Él.

En nuestra vida cotidiana buscamos “panes” que nos sostengan: seguridad, afecto, reconocimiento, éxito. Pero todos esos, aunque buenos, son limitados. Tarde o temprano vuelven a dejarnos con hambre. Jesús, en cambio, se presenta como el único que sacia de verdad: quien se alimenta de Él —de su Palabra, de su presencia, de la Eucaristía— encuentra una plenitud que no depende de las circunstancias.

Decir que Jesús es el pan de vida también implica algo exigente: el pan se parte y se reparte. Él mismo se entrega, se deja “partir” por amor. Seguirlo significa aprender ese mismo camino: ser alimento para otros, darnos, compartir, gastar la vida en el amor concreto.

¿De qué pan me estoy alimentando?
¿Qué tipo de pan soy?


Todos los días, hacen a Dios esta oración, al recitar el padre nuestro: ‘dános hoy nuestro pan de cada día’. Pero ¿qué es este pan? ¿Es sólo el pan material con el que alimentamos nuestros cuerpos? No, es, también, el verdadero pan de vida que sostiene el alma en medio de las pruebas de este mundo, es decir la santa Eucaristía. (Sermón sobre la comunión frecuente) 

Comenzaste a hacerte pan en Belén,
sol pequeñito en esta noche.
Aprendiste en Nazaret de ellos dos
el gesto manso de la entrega.

Pibe que en Jerusalén
te entregaste de una vez,
a las cosas de tu padre.
Debe tu cuerpo crecer
para poderse ofrecer
como pan a nuestro hambre.

Mi Cuerpo es esto,
mi Sangre es esta,
que por ustedes doy.
Coman y vivan, crean y vivan
que para siempre soy.
Soy yo, soy yo.

Se multiplicó tu amor, se partió.
Todos saciados aún sobraba.
Se mostró tu intimidad: Eres pan
que sólo vive por donarse.

Noches de Jerusalén
Cristo-Pan, entrégate.
Eres tú nuestro cordero,
cena, huerto, beso y cruz.
Y tu entrega, Pan-Jesús,
fue más fuerte que el madero.


San ROMAN ADAME ROSALES (1859-1927) Fue un sacerdote católico que sufrió persecución y martirio durante la época de las Guerras Cristeras en México. Ejerció su vocación religiosa como vicario y párroco en diversas parroquias. Se caracterizó por su profunda devoción a la Virgen María, su dedicación y esmero en la formación cristiana de los fieles, en la predicación de los ejercicios espirituales, en la organización de estudios y semanas sociales y en la atención a las escuelas parroquiales. Fundó la asociación Las Hijas de María y la Adoración Nocturna. Cuando llegó la persecución siguió ejerciendo el ministerio de modo oculto. Apresado, fue torturado y fusilado junto a un soldado que se negó a ejecutar al sacerdote. Juan Pablo II lo canonizó en el año 2000.

San ANSELMO de Canterbury (1033–1109) fue un monje benedictino, teólogo y filósofo, considerado uno de los grandes pensadores de la Edad Media.
Nació en Aosta (actual Italia). Desde joven mostró inclinación por la vida espiritual, aunque tuvo dificultades familiares para ingresar al monasterio. Finalmente entró en la abadía de Bec, en Normandía, donde se destacó por su inteligencia y profunda vida de oración. Allí llegó a ser abad.
Más tarde fue nombrado arzobispo de Canterbury, en Inglaterra. Su episcopado estuvo marcado por conflictos con los reyes, especialmente por la defensa de la libertad de la Iglesia frente al poder político, lo que le costó el exilio en varias ocasiones.
En el campo intelectual, es famoso por su lema: “fe que busca entender”. Intentó explicar racionalmente las verdades de la fe, y es conocido especialmente por el “argumento ontológico” para demostrar la existencia de Dios.
Murió en 1109 y fue proclamado Doctor de la Iglesia.