Al atardecer de ese mismo día, el primero de la semana, estando cerradas las puertas del lugar donde se encontraban los discípulos, por temor a los judíos, llegó Jesús y poniéndose en medio de ellos, les dijo: ¡La paz esté con ustedes!Mientras decía esto, les mostró sus manos y su costado.Los discípulos se llenaron de alegría cuando vieron al Señor.Jesús les dijo de nuevo: ¡La paz esté con ustedes! Como el Padre me envió a mí, yo también los envío a ustedes.Al decirles esto, sopló sobre ellos y añadió: Reciban al Espíritu Santo. Los pecados serán perdonados a los que ustedes se los perdonen, y serán retenidos a los que ustedes se los retengan.
Era el atardecer del primer día de la semana, día de la Resurrección de Jesús. Al amanecer el sepulcro estaba vacío (lo comprobaron Pedro y Juan a manifestación de María Magdalena) y al atardecer, cuando todo invita al descanso, a la interioridad, al encuentro silencioso… estando las puertas cerradas, Jesús, se presenta en medio de sus discípulos y los saluda con la Paz: primer fruto del resucitado. ¡Cuánto debemos pedir hoy ese primer fruto de la Pascua! ¡Cuánto nos insiste en ello el Papa León XIV! ¡Cooperemos!Luego les muestra las manos y su costado. Ellos son los signos de identidad del Crucificado-Resucitado. Ha vencido la muerte y está en medio de ellos, donde dos o más se reúnen en su nombre. La comunidad reunida es la que hace presente al Resucitado. Donde hay comunidad allí Dios está presente.El encuentro con Jesús, el verlo Resucitado los llenó de alegría. Recordemos que en Juan ver y creer están invitados a ir de la mano. No es suficiente ver. Es necesario ver y creer, como el discípulo amado al entrar en la tumba vacía. En este párrafo el creer está expresado en la alegría que generó el ver a Jesús. Y es el segundo fruto de la Resurrección: la alegría. Recordemos la insistencia que el Papa Francisco ponía en este don pascual. A todos, pero en especial, a los Consagrados, cuántas veces nos invitó a vivir la alegría, como el mejor testimonio del seguimiento de Jesús. Cuando algo me plenifica, me llena de alegría. ¿Vivo alegremente el seguimiento de Jesús o ando por el mundo con cara ‘avinagrada’, diría Francisco?Después del doble saludo, Jesús envía a sus discípulos como el Padre lo envió a él. La misión es una: ser imágenes de el Hijo. Así como Jesús vivía la misión haciendo la voluntad del Padre, obrando como el Padre le mostraba y diciendo lo que el Padre le mandaba; nosotros viviremos la misión haciendo el querer del Hijo (hagan lo que él les diga, dijo María), obrando como el Hijo obraba (haciendo signos que manifiesten la bondad del Hijo) y diciendo lo que el Hijo nos mande (ámense como yo los amé).Ahora bien, para llevar adelante esa misión, el Resucitado, sopla el Espíritu (como el buen Dios sopló aliento de vida al crear al ser humano). El Espíritu es el real animador y protagonista de la Iglesia, porque lo es de cada uno de los cristianos. El mismo Jesús lo había anunciado: me iré, pero les enviaré el paráclito, él les enseñará todo (Jn 14, 25-27).Los cristianos de hoy, si no estamos animados por el mismo Espíritu, que Jesús Resucitado sopló sobre sus discípulos, será imposible vivir la misión que él vivió. No dejemos de invocarlo, para que anime nuestras vidas y nos haga discípulos-misioneros. El mundo necesita apasionados cristianos, mensajeros de paz y testigos de la alegres de lo que implica vivir como Jesús vivió.Por último, el Espíritu nos capacita para el perdón. El perdón es uno de los poderes más grandes que recibimos los cristianos al recibir el Espíritu de Jesucristo. El perdón libera, el perdón sana, el perdón reconfigura relaciones, el perdón me pone de pie y me invita a seguir caminando, el perdón aligera la carga, etc. Si fuéramos conscientes plenamente de que, al perdonar, el mayor bien, me lo hago a mí mismo, perdonaríamos con menos reticencias y viviríamos esta vida con más libertad interior y mejor salud espiritual. Tenemos que recordarlo: la capacidad de perdonar es un don del Espíritu, no es una fuerza personal. ¿Cómo estoy viviendo/ejerciendo esta gracia recibida?
Jesús y los suyos: Los visita el mismo día de su resurrección, los saluda con la paz una y otra vez, se les da a conocer, se muestra, les enseña sus heridas sanadas y sopla sobre ellos el Espíritu Santo para que este, los acompañe en el caminar de la vida y les ayude a desatar relaciones anudadas y a anudar otras que están sueltas.
¡Paz a ustedes! Qué quieren, qué desean todos los hombres y qué han deseado ustedes mismos, qué han querido hasta ahora, sino la paz, un reposo lleno de dicha, como se expresa el profeta Isaías: pax opulenta. Pero se busca la paz donde no está, en el cumplimiento de la propia voluntad, en la posesión de los bienes terrestres, en el gozo de los sentidos, es decir en lo que es el principio de todos los errores que turban el espíritu, de todos los pecados que manchan y atormentan el alma” (Sermones VII p.2377).
Sopla, Señor, te lo pido;quédate esta noche en mi alma,pues sólo tu amor y abrigome darán consuelo y calma.Sopla Señor, sopla fuerte,envolveme con tu brisay en tu Espíritu renovame;hazme libre en tu sonrisa.A pesar de mis caídashazme fiel a tus promesas,Sopla, Señor, en mi viday arrancame esta tristeza.Sopla, sopla, Señor, tu grandeza,sopla, hazme fiel en mi pobreza, sopla…Sopla, Señor, en mi oído,sopla fuerte, arranca el miedo,pues sin Ti me hallo perdido,sin tu luz me encuentro ciego.Sopla, Señor, hazte vientoy bautízame en tu nombre.Llámame a servir Maestro,hazme fiel entre los hombres.Toma mi vida en tus manos,mis sueños, mi amor, mi todo,mi cansancio, mis pecadosy moldéame a tu modo.Sopla y bautízame en tu brisa,sopla, renovame en tu sonrisa, sopla.Sopla, Señor, tu cariciapor sobre mis sentimientos.Que sea el ángel de tu brisaquien obre en todo momento.Sopla Señor, hazte canto,pon tu palabra en mis manos,en ellas tu Providenciay bendice a mis hermanos.Quiero ser de tu árbol, rama,fruto nuevo de tu cielo,que madure en tu palabracomo un ave en pleno vuelo.Sopla y bautízame en tu brisa,sopla, renovame en tu sonrisa, sopla.
Ven Espíritu Divino,manda tu luz desde el cielo,Padre amoroso del pobre;don en tus dones espléndido;luz que penetra las almas;fuente del mayor consuelo.Ven, dulce huésped del alma,descanso de nuestro esfuerzo,tregua en el duro trabajo,brisa en las horas de fuego,gozo que enjuga las lágrimasy reconforta en los duelos.Entra hasta el fondo del alma,divina luz y enriquécenos.Mira el vacío del hombresi Tú le faltas por dentro;mira el poder del pecadocuando no envías tu aliento.Riega la tierra en sequía,sana el corazón enfermo,lava las manchas, infundecalor de vida en el hielo,doma el espíritu indómito,guía al que tuerce el sendero.Reparte tus siete Donessegún la fe de tus siervos.Por tu bondad y tu graciadale al esfuerzo su mérito;salva al que busca salvarsey danos tu gozo eterno.