Le enviaron a unos fariseos y herodianos para sorprenderlo en alguna de sus afirmaciones. Ellos fueron y le dijeron: Maestro, sabemos que eres sincero y no tienes en cuenta la condición de las personas, porque no te fijas en la categoría de nadie, sino que enseñas con toda fidelidad el camino de Dios. ¿Está permitido pagar el impuesto al César o no? ¿Debemos pagarla o no?Pero él, conociendo su hipocresía, les dijo: ¿Por qué me tienden una trampa? Muéstrenme un denario.Cuando se lo mostraron, preguntó: ¿De quién es esta figura y esta inscripción? espondieron: Del César.Entonces Jesús les dijo: Den al César lo que es del César, y a Dios, lo que es de Dios.Y todos se maravillaban de él por la respuesta.
El evangelio de hoy nos presenta a Jesús respondiendo a la pregunta malintencionada de los fariseos y herodianos. Estos dos grupos estaban enfrentados, unos estaban en contra del poder romano y los otros eran afines a las autoridades del imperio, pero en esta ocasión se unen para hacer caer a Jesús en una trampa. Dice el evangelio que queriendo sorprenderlo le dijeron: ¿está permitido pagar el impuesto al César o no?Si Jesús respondía que sí, se ponía en contra de su pueblo, si respondía que no, se ponía en contra del poder romano. Jesús sabiendo que le ponían una trampa, respondió: “Den al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios”.Jesús había contestado a ambos grupos. Había denunciado la falsedad de los fariseos y les había dicho que no debían rehusar pagar sus tributos al César. Pero al mismo tiempo, había condenado también la superficialidad de los herodianos que no daban a Dios lo que le pertenecía.Al final todos “se maravillaban de él”, lo que no quiere decir que estuvieran dispuestos a seguir la ruta marcada por su enseñanza. ¡Qué nosotros no nos quedemos sólo impresionados por la sabiduría demostrada por el Señor en su contestación, sino que pongamos por obra todo lo que él nos enseña!
Estos misterios que enamoran un corazón puro, son rechazados con desdén por espíritus cuyas pasiones ciegan y corrompen. ¿Cuál es el secreto de su incredulidad? No quieren comprender, tienen miedo a la verdad. (Sermón sobre la Navidad)
Sé fiel a la verdad,sigue a tu corazón.No te dejes llevar.Busca a tu vida razón.Siente la alegría de vivirsegún la voz de tu alma.Y no dejes de pensarque es Dios el que te habla.Mas no cambies su vozpor tus palabras.Hoy no hay sinceridad,busco mi propio yo;sigo siempre mi verdad:Es la mía, no de Dios.Quiero comprenderque la verdad está en el Evangelio.Y he de darme a los demás.Amar será mi sello,y perder mi identidad y ser de ellos.