Sagrado Corazón de Jesús

En aquel tiempo Jesús dijo: Te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, por haber ocultado estas cosas a los sabios y a los prudentes y haberlas revelado a los pequeños. Sí, Padre, porque así lo has querido.
Todo me ha sido dado por mi Padre, y nadie conoce al Hijo sino el Padre, así como nadie conoce al Padre sino el Hijo y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar.
Vengan a mí todos los que están afligidos y agobiados, y yo los aliviaré.
Carguen sobre ustedes mi yugo y aprendan de mí, porque soy paciente y humilde de corazón, y así encontrarán alivio. Porque mi yugo es suave y mi carga liviana.

Dios mío, Tú eres rico en misericordia, al punto tal de entregarnos a tu Hijo Jesús, para librarnos del pecado. Me reconozco pecador, indigno y débil, humildemente imploro me acojas en esta oración porque quiero permanecer en tu rebaño.

1) Te alabo: Es agradecer a Dios por todo lo que nos hace ver de la vida. La vida misma la comprendemos de una manera distinta desde Él. Lo que cambia no es la vida, sino la mirada de la vida y de cómo vivir. Es alabar a Dios por cada día, por lo que tenemos y por lo que nos ayuda a vivir mejor.

2) A quien se lo revela: La característica de todo es la humildad, es allí donde se forja todo nuestro vivir y nuestra manera de llevar la vida. La humildad que es comprender que no está Dios en tantas grandezas sino en lo cotidiano de la vida, en lo sencillo. Es allí donde se comprende todo o en donde se forja todo.

3) Los sabios: La verdadera sabiduría corre en no leer tantos libros sino en leer la vida de cada uno y comprender qué es lo que Dios desea con nuestras vidas y nuestro modo de vivir. Entrega tu vida a Cristo y Cristo te mostrará la clave de la vida: la felicidad.

Me acerco a ti, Señor, porque necesito respiro
y confío en tu palabra de maestro y amigo:
Vengan a mí todos los que estáán abrumados
y no saben disfrutar el necesario descanso.
En el diario vivir dame, Señor, tu paz,
tu paz de resucitado siempre prometida.
En medio del ajetreo de cada día
enséñame a vivir con serenidad.
Contigo a mi lado, Señor y hermano,
que nunca me sienta sobrecargado…
porque tu yugo es ligero y llevadero,


Siento, querida hija, que tus penas son muy grandes, y ciertamente tu corazón debe estar herido. La posición de tu familia es cruel y transforma la tuya en extremadamente difícil y dolorosa. En el dulce seno de Dios y en el adorable corazón de Jesús tendrás que buscar la fuerza y el consuelo que tanto necesitas. Allí lo encontrarás, hija mía, y tengo la dulce confianza de que Nuestro Señor, al cargarte con esta cruz, te hará gustar la unción celeste. “Bienaventurados los que lloran, nos dice; yo les doy mi paz, no como la da el mundo”.  (A la Srta. Jallobert)

Sagrado corazón,
refugio de pecadores,
hazme un huequito adentro
pa’ sanar mis dolores.

Sagrado corazón,
consuelo del afligido,
en tu costado abierto,
deja que haga mi nido.

Oh, corazón de Jesús,
abierto por nuestra lanza,
eres raudal de esperanza.
El pueblo que redimiste
pone en ti su confianza.

Sagrado corazón,
camino que lleva al cielo,
para pasar por tu puerta,
enséñame a ser pequeño.

Sagrado corazón,
maestro humilde y manso,
es en tu yugo ligero
donde encuentro descanso.


La devoción del Sagrado Corazón de Jesús tiene raíces muy antiguas: los primeros cristianos meditaban sobre el costado abierto de Cristo en la cruz, del que brotaron sangre y agua. Más tarde, en el siglo XVII, recibió un gran impulso gracias a las revelaciones de Jesús a Santa Margarita María de Alacoque, quien transmitió el deseo de Jesús de que se difundiera esta devoción.
El Sagrado Corazón nos recuerda que Dios no es una idea ni una fuerza impersonal. Tiene un rostro y un corazón. Jesús no ama a la humanidad en general: ama a cada persona en particular. Su Corazón abierto en la cruz es una puerta siempre abierta. Quien se acerca a Él descubre que, aun en medio de sus límites y pecados, es amado infinitamente.
Como decía San Juan María Vianney: «El Corazón de Jesús es un horno ardiente de amor». Esa es la gran noticia de esta fiesta: Dios nos ama más de lo que podemos imaginar.