Santa Teresa de Portugal

Jesús dijo a sus discípulos: Tengan cuidado de no practicar su justicia delante de los hombres para ser vistos por ellos: de lo contrario, no recibirán ninguna recompensa del Padre que está en el cielo.

Por lo tanto, cuando des limosna, no lo vayas pregonando delante de ti, como hacen los hipócritas en las sinagogas y en las calles, para ser honrados por los hombres. Les aseguro que ellos ya tienen su recompensa. Cuando tú des limosna, que tu mano izquierda ignore lo que hace la derecha, para que tu limosna quede en secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará.

Cuando ustedes oren, no hagan como los hipócritas: a ellos les gusta orar de pie en las sinagogas y en las esquinas de las calles, para ser vistos. Les aseguro que ellos ya tienen su recompensa.
Tú, en cambio, cuando ores, retírate a tu habitación, cierra la puerta y ora a tu Padre que está en lo secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará.

Cuando ustedes ayunen, no pongan cara triste, como hacen los hipócritas, que desfiguran su rostro para que se note que ayunan. Les aseguro que con eso, ya han recibido su recompensa.
Tú, en cambio, cuando ayunes, perfuma tu cabeza y lava tu rostro, para que tu ayuno no sea conocido por los hombres, sino por tu Padre que está en lo secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará.

Nuestra tendencia natural es querer ser recompensados cuando hacemos algo bien.  Parte de la educación que recibimos es por medio de la premiación y del regalo. Un regalo si nos portamos bien, si sacamos buenas notas, si nos tomamos la medicina cuando estamos enfermos, etc. Y muchas veces actuamos para ser vistos por los demás, nos gusta llamar la atención en medio de un grupo de amigos o incluso en la propia familia. Y no digamos cuando hemos hecho un acto de generosidad a otra persona. 

Sin embargo, el evangelio de hoy nos enseña completamente lo contrario. Dice que ni siquiera la mano izquierda se debe enterarse de lo que hace la derecha. Parecería una exageración, pero detrás de este Evangelio se encuentra la enorme riqueza y el enorme valor de la verdad del ser humano. Pues, Cristo quiere que seamos personas auténticas, alejadas de las apariencias, distintas de quienes solo viven para ser vistas, aduladas o consideradas…

Jesús nos invita a hacer las cosas sólo por amor. Esperando la recompensa no del aplauso de los hombres sino de Dios. Es un aplauso muy silencioso en la tierra, pero exageradamente estruendoso en el cielo. Hagamos la prueba buscando no ser vistos y alabados por los demás la próxima ocasión en que hagamos el bien a una persona. Vivamos en la verdad del amor gratuito que no busca aparentar, ni ser premiado, ni ser visto, sino que disfruta con la alegría de amar, servir, ayudar, compartir.


Sé que tu clase va muy bien. Continúa prestándole toda tu atención, pero ponte en guardia contra la vanagloria; atribuye sólo a Dios tus pequeños éxitos, y no olvides nunca que un grano de humildad es mejor que un quintal de talento, aunque ese quintal sea métrico.  (A VI 307)

Quien quiera ser grande,
quien quiera ser el primero,
sea el esclavo de todos,
sea el más pequeño.

No he venido a ser servido,
que he venido a servir
y a dar la vida por todos
para que todos puedan vivir
en plenitud.


Santa Teresa de Portugal (1176–1250), también conocida como Teresa de León, fue una infanta portuguesa, hija del rey Sancho I de Portugal. Se casó con el rey Alfonso IX de León y tuvo varios hijos. Sin embargo, el matrimonio fue declarado inválido por motivos de parentesco, por lo que Teresa regresó a Portugal.
Lejos de buscar poder o riquezas, dedicó gran parte de su vida a las obras de caridad y a la vida religiosa. Fundó y favoreció monasterios, ayudó a los pobres y promovió la paz entre los reinos de la península ibérica.
Ingresó finalmente en el monasterio cisterciense de Lorvão, donde llevó una vida de oración, humildad y servicio. Allí murió el 17 de junio de 1250. Fue canonizada por el papa Clemente XI en 1705.