Nuestra Señora de Itatí

Jesús envió a sus discípulos, diciéndoles: Por el camino, proclamen que el Reino de los Cielos está cerca.
Curen a los enfermos, resuciten a los muertos, purifiquen a los leprosos, expulsen a los demonios.
Ustedes han recibido gratuitamente, den también gratuitamente.
No lleven encima oro ni plata, ni monedas, ni provisiones para el camino, ni dos túnicas, ni calzado, ni bastón; porque el que trabaja merece su sustento.
Cuando entren en una ciudad o en un pueblo, busquen a alguna persona respetable y permanezcan en su casa hasta el momento de partir.
Al entrar en la casa, salúdenla invocando la paz sobre ella.
Si esa casa lo merece, que la paz descienda sobre ella; pero si es indigna, que esa paz vuelva a ustedes.
Y si no los reciben ni quieren escuchar sus palabras, al irse de esa casa o de esa ciudad, sacudan hasta el polvo de sus pies.
Les aseguro que, en el día del Juicio, Sodoma y Gomorra serán tratadas menos rigurosamente que esa ciudad.

1.- Anunciar:
Es a ello de lo que estás invitado. Sal y anuncia el reino de Dios. Tu misión es anunciar a Jesús y no te detengas por no ser el jefe de la pastoral.
No eres enviado a ser el ministro de la Eucaristía o el que forma parte del sanedrín del cura. Estás llamado a anunciar el reino de Dios y tu vida está para ello.

2.-Curar:
Tu vida debe ser un alivio para los demás. No dejes de llevar a Jesús y sanar a tus hermanos desde Jesús.
No lleves conflictos a los demás, sé un alivio. Tu vida implica curar a los otros; no dejes de luchar por ello, porque tu vida apunta a ser una bendición para los otros y con los otros.

3.- Expulsar:
Cuántos hoy tienen conflictos internos y también almas infectadas en cosas que no son Dios. Tú tienes que expulsar todo aquello que no es Dios, con tu cercanía y tu oración; tu oración libera al otro.
Libera a tu hermano, sana y purifica con tu sacrificio y oración. (P. Zazano)


Dejen su país, su familia; sacrifiquen todo; vayan a enseñar a esos niños que piden el pan de la instrucción y que están expuestos a perecer porque no hay nadie que lo rompa y se lo distribuya. (Sermones VII p. 2242.)

Haberlo conocido es lo mejor
que nos pasó en nuestras vidas.
Y darlo a conocer con las palabras
y la vida, da alegría.
Es un don seguirlo,
y aquí estamos caminando,
viviendo su llamado
y en Él recomenzando.

Cristo nos ha hablado en los corazones
y algo nos atrajo.
Nos ha fascinado su propuesta
y aquí estamos asombrados.
Él nos apasiona,
y queremos anunciarlo,
¡a todos nuestros pueblos,
a todos los hermanos!

Caminemos con Jesús,
para dar vida a los pueblos.
Somos sus discípulos,
y él nos hace misioneros.
Para que todos los pueblos,
tengan vida en Él, tengan vida en Él,
tengan vida en Él.


Él es Pan de Vida que se ofrece
por completo: Eucaristía.
Él, quien nos congrega
y nos llama a ser su cuerpo, ser Iglesia.
Él es quien nos une,
y nos hace hombres nuevos,
para ser servidores
llevando su Evangelio.

No tenemos miedo porque Cristo
nada quita y lo da todo,
Él nos dio a María,
como Madre que acompaña
nuestros pasos,
Ella, nuestra escuela,
con ternura nos enseña
a hacer lo que Él nos diga
y que en la vida sea.

Vemos cuántos sufren la injusticia
y que cargan la pobreza.
Cuanta juventud conoce sólo
la cultura de la muerte.
Cristo es el Camino,
la Verdad que nos libera,
Cristo está vivo y nos da vida plena.

Ser los centinelas vislumbrando
una mañana que ya llega.
Vamos mar adentro, que sabemos
que el Maestro nos espera.
Ser protagonistas
de este tiempo de la historia.
Su Espíritu nos quema,
la Pascua nos renueva..

Te coronaron con las estrellas;
tuya es la luna, Madre del sol.
De ojitos negros y tez morena,
correntinita, Madre de Dios.

Azul el manto, como tu río,
blanca mantilla de ñandutí.
Reina y Señora por cuatro siglos.
Sos pura y limpia, María Itatí.

Carita de nogal, manitos de timbó,
chesy de los abá, del viejo Yaguarón.
Vos sos tierra sin mal y estás llena de Dios.
Mirá nuestra orfandad, curá nuestro dolor.
Mostranos a Jesús, danos tu bendición.

Como los indios en otros tiempos,
necesitamos saber que estás,
curando el alma de nuestro pueblo,
que se desangra en su identidad.

En tu silencio y entre tus manos,
caben las penas del poriahú.
Vivimos todos crucificados,
quedate cerca de nuestra cruz.


La advocación de la Virgen de Itatí es muy popular en el Litoral argentino. Su imagen es la más antigua de las vírgenes criollas. En 1592 la estatua fue llevada por el misionero franciscano Luis de Bolaños a las reducciones de Yaguarí, en la provincia de Corrientes, donde se le construyó un oratorio de piedra y paja, en el que María de Itatí comenzó a ser venerada por los indios guaraníes. La leyenda cuenta que desapareció varias veces, siendo encontrada siempre sobre la misma piedra, a orilla del río Paraná. Por eso se decidió construir su santuario en ese lugar, llamado Itatí. El 9 de julio se celebra que fue elegida reina y patrona de los correntinos y el 16 su coronación pontificia. Hoy es lugar de peregrinación de miles de fieles devotos.