San Agustín Zhao Rong y compañeros, mártires

Jesús dijo a sus discípulos: Yo los envío como a ovejas en medio de lobos: sean entonces astutos como serpientes y sencillos como palomas. Cuídense de los hombres, porque los entregarán a los tribunales y los azotarán en las sinagogas. A causa de mí, serán llevados ante gobernadores y reyes, para dar testimonio delante de ellos y de los paganos.
Cuando los entreguen, no se preocupen de cómo van a hablar o qué van a decir: lo que deban decir se les dará a conocer en ese momento, porque no serán ustedes los que hablarán, sino que el Espíritu de su Padre hablará en ustedes.
El hermano entregará a su hermano para que sea condenado a muerte, y el padre a su hijo; los hijos se rebelarán contra sus padres y los harán morir. Ustedes serán odiados por todos a causa de mi Nombre, pero aquel que persevere hasta el fin se salvará.
Cuando los persigan en una ciudad, huyan a otra, y si los persiguen en esta, huyan a una tercera. Les aseguro que no acabarán de recorrer las ciudades de Israel, antes que llegue el Hijo del hombre.

Dios mío, te agradezco que me hables claro, que me digas desde el principio que el ser cristiano no es fácil, conlleva dificultades, persecuciones y, en algún caso, la misma muerte. Nada, por otra parte, que no haya sucedido a Jesús. Y el discípulo no puede ser de mejor condición que el maestro. Pero la causa de Jesús nunca fracasa porque la muerte siempre termina en vida. Señor, que aún en medio de mis dificultades, jamás pierda la esperanza.

“Los envío como ovejas en medio de lobos”. Estas palabras de Jesús sólo pueden entenderse a la luz de los profetas. Isaías había anunciado para los tiempos mesiánicos cosas admirables, lo nunca visto: “Entonces, el lobo y el cordero irán juntos; y la pantera se tumbará con el cabrito, el novillo y el león engordarán juntos… un niño jugará en la cueva de la serpiente” (Is. 11,6-8).
Ahí vemos, con toda naturalidad, habitar juntos un animal doméstico con un animal salvaje.  El animal pacífico domesticará al salvaje. Todo lo salvaje y bestial del hombre será domesticado por la fuerza del amor.
El bien se apoderará del mal. La vida será un juego, un bonito juego donde nadie sospechará de nadie; nadie se sentirá extraño ni peregrino; todos se sentirán amigos y hermanos; todos se darán las manos en una maravillosa danza de amor y así con las manos enlazadas, nadie tendrá ya las manos libres para hacer el mal y estando las manos enlazadas, ya no quedarán manos pidiendo una limosna.
Los primeros cristianos lo tenían todo en común y no había necesidades entre ellos. Cuando se comparte, aunque sea poco, llega a todos.

Señor, me encantan los sueños de los profetas. Son gente buena: audaces, creadores, alegres, personas llenas de ilusión y de esperanza. Hoy más que nunca necesitamos profetas que anuncien con sus palabras y, sobre todo, con el testimonio de su vida, que un mundo nuevo es posible; que vale la pena luchar por un mundo más humano, más unido. Que todavía caben las utopías y aún nos es lícito soñar. ¡Gracias, Señor!


Te asustas de las dificultades y el miedo que les tienes, las aumenta. ¡Vamos! ten valor y confianza, no en ti mismo, sino en Dios; le pediré que esté contigo y te bendiga. (Al H. Ivo, 24-11-1852)

Brilla en los ojos un fuego que arde
y despierta una llama en mi corazón.
Nueva es la paz y mayor la alegría;
los mismos colores, mas otro el sabor;
es lo eterno que viene de ti,
es lo eterno que viene de ti.

Hoy dejo atrás esa vida de siempre,
me pongo en camino, me ordeno hacia el fin.
El amor me llama, conozco el deseo
aunque pesa en mi vida el honor.
Me hago más libre en busca de ti,
me hago más libre en busca de ti.

Sin miedo abrazo y sigo tus pasos,
busco el camino, voy peregrino.
Sin miedo me confío en tu gracia,
me pongo en marcha, tu amor me basta.
Sin miedo abrazo, sigo tus pasos,
busco el camino, voy peregrino.
Sin miedo me confío en tu gracia,
me pongo en marcha, tu amor me acompañará.

Este camino, al igual que otros muchos,
exige la lucha, no excluye el dolor.
Caben mis rodeos y mis pies cansados,
también esas voces que me hacen dudar.
Pero en mis noches, me aferro de ti,
pero en mis noches, me aferro de ti.


San Agustín Zhao Rong y sus compañeros mártires son un grupo de 120 cristianos (87 chinos y 33 misioneros extranjeros) que dieron su vida por la fe en China entre 1648 y 1930, durante distintas persecuciones.
Agustín Zhao Rong era un soldado chino encargado de custodiar a un obispo que había sido arrestado por ser cristiano. El testimonio de fe y serenidad del obispo lo conmovió profundamente. Poco después pidió el bautismo, fue ordenado sacerdote y dedicó su vida a anunciar el Evangelio. Finalmente fue arrestado y murió mártir hacia 1815.
Junto con él, la Iglesia honra a obispos, sacerdotes, religiosas, catequistas, padres y madres de familia, jóvenes y niños que permanecieron fieles a Cristo aun en medio de torturas y amenazas. San Juan Pablo II los canonizó el 1 de octubre del año 2000.