Mártires riojanos

En aquel tiempo, Jesús atravesaba unos sembrados y era un día sábado. Como sus discípulos sintieron hambre, comenzaron a arrancar y a comer las espigas.
Al ver esto, los fariseos le dijeron: Mira que tus discípulos hacen lo que no está permitido en sábado.
Pero él les respondió: ¿No han leído lo que hizo David, cuando él y sus compañeros tuvieron hambre, cómo entró en la Casa de Dios y comieron los panes de la ofrenda, que no les estaba permitido comer ni a él ni a sus compañeros, sino solamente a los sacerdotes?
¿Y no han leído también en la Ley, que los sacerdotes, en el Templo, violan el descanso del sábado, sin incurrir en falta?
Ahora bien, yo les digo que aquí hay alguien más grande que el Templo.
Si hubieran comprendido lo que significa, ‘yo quiero misericordia y no sacrificios’, no condenarían a los inocentes. Porque el Hijo del hombre es dueño del sábado.

Señor, dame  la sensatez para saber distinguir lo esencial de lo accidental. Para aquellos fariseos del tiempo de Jesús, lo esencial era el cumplimiento de la ley hasta caer en minucias absurdas. Entendían como trabajo prohibido por la ley el “frotar las espigas” con las manos. Jesús no puede permitir esta falsa interpretación del sábado, día en que uno cesa del duro trabajo de la semana, para descansar con su Dios en la oración y dedicar este tiempo sagrado al cuidado de los hermanos que lo necesitan.
Dame, Señor, tu Espíritu para saber interpretar tu ley.

Las tres grandes Instituciones de los judíos eran: La Ley, el Templo y el Sábado. En un principio la Ley “La Torá” era la voluntad de Dios expresada como una manifestación de amor en el corazón de los fieles. A lo largo del tiempo, las escuelas farisaicas la multiplicaron en muchos preceptos hasta convertirla en “fardos pesados que cargan sobre los hombros de los demás” (Mt. 23,4).
El Templo que, en un principio, pretendió “dar un espacio” para Dios, se convirtió en “cueva de bandidos” al pretender amordazar a Dios diciendo ¡Templo de Yavé!  Y así cometer impunemente todo tipo de injusticias.  Y el sábado, hecho para consagrar un tiempo a Yavé, se convirtió en instrumento de esclavitud al no poder ni siquiera hacer el bien.

Jesús quiso descubrir el significado profundo de estas instituciones (Ley, sábado, Templo) al decir que ‘Él está por encima del Templo y es Señor del Sábado’. Por eso, siempre que en el evangelio estas instituciones entran en conflicto con el hombre, Jesús estará a favor del hombre y no a favor de las instituciones. 

Señor, yo quiero ser cristiano, pero no fariseo; quiero cumplir hasta en los últimos  detales el mandamiento tuyo del amor. Y te pido que me ayudes a sumergir mi corazón en el mar infinito de tu amor, para poder amar a mis hermanos con un corazón lleno de ternura y de misericordia.


Se dirá el último día a aquellos que no han practicado misericordia hacia sus hermanos: No han traído aquí ningún sentimiento de humanidad, no encontrarán ninguno; han sembrado la dureza, la inhumanidad, recogerán sus gavillas. Han huido a la misericordia, ella se alejará de ustedes. Han despreciado a los pobres, serán despreciados por Aquél que se ha hecho pobre por amor” (S.IX p.2586. Cita de S. Gregorio)

Si hablara palabras de parte de Dios
y no tengo amor,
de nada me vale,
de nada me vale.

Si sé lo profundo de cada misterio
y no tengo amor,
de nada me vale
de nada me vale.

De nada me vale,
de nada me vale.
Sin amor la vida
es arar el aire.
De nada me vale,
de nada me vale.
Sin amor las manos
no ayudan a nadie.

Si tengo la fe que mueve montañas
y no tengo amor,
de nada me vale,
de nada me vale.

Si doy lo que tengo, incluso mi vida
y no tengo amor,
de nada me vale,
de nada me vale.


Los Mártires Riojanos son cuatro beatos argentinos que entregaron su vida en 1976, durante la última dictadura militar, por permanecer fieles al Evangelio y por su compromiso con los pobres, la justicia y la dignidad humana. La Iglesia reconoció que fueron asesinados por odio a la fe (in odium fidei).

Enrique Angelelli Nació en Córdoba en 1923. Fue ordenado sacerdote en 1949 y nombrado obispo de La Rioja en 1968. Inspirado por el Concilio Vaticano II, impulsó una Iglesia cercana a los trabajadores, campesinos y familias más humildes. Defendió los derechos de los pobres y promovió cooperativas y comunidades cristianas, lo que le generó fuertes enfrentamientos con sectores de poder.
El 4 de agosto de 1976, mientras regresaba de celebrar la novena por dos sacerdotes asesinados días antes, la camioneta en la que viajaba fue embestida deliberadamente en la ruta, cerca de Punta de los Llanos. Durante años se presentó el hecho como un accidente, pero la Justicia argentina determinó en 2014 que fue un homicidio planificado cometido por agentes de la dictadura.

Carlos de Dios Murias: Nació en Córdoba en 1945. Ingresó en la Orden Franciscana Conventual y desarrolló un ministerio muy cercano a los jóvenes y a las comunidades más pobres. Llegó a La Rioja para colaborar con Mons. Angelelli y compartió la misión en Chamical con el padre Gabriel Longueville.
El 18 de julio de 1976 fue secuestrado junto con Gabriel Longueville. Ambos fueron torturados y asesinados; sus cuerpos aparecieron al día siguiente cerca de Chamical, con múltiples impactos de bala y signos de tortura.

Gabriel Longueville: Nació en Francia en 1931. Como sacerdote diocesano se ofreció como misionero Fidei Donum y llegó a Argentina en 1969. Se integró plenamente al pueblo riojano, acompañando especialmente a los más sencillos y necesitados. Fue secuestrado junto a Carlos Murias. Ambos fueron asesinados por su compromiso pastoral y por permanecer junto a su comunidad en tiempos de persecución.

Wenceslao Pedernera: Nació en San Luis en 1936. Era agricultor, esposo y padre de tres hijas. Integraba movimientos rurales y colaboraba activamente con la pastoral impulsada por Mons. Angelelli, promoviendo la organización solidaria de los trabajadores del campo.
En la noche del 25 de julio de 1976, un grupo armado irrumpió en su casa de Sañogasta. Fue acribillado delante de su esposa y de sus hijas. Murió al día siguiente, perdonando a quienes lo habían atacado.

La Iglesia los considera mártires, porque su muerte fue consecuencia directa de una vida entregada al servicio del Evangelio y de la justicia cristiana. Fueron beatificados el 27 de abril de 2019. Su testimonio nos recuerda que la fe cristiana no se limita al culto, sino que impulsa a defender la vida, la verdad y la dignidad de los más vulnerables, incluso cuando ello exige el sacrificio supremo.