San Francisco Solano – San Charbel Makhlüf

Jesús dijo a sus discípulos: Escuchen lo que significa la parábola del sembrador:
Cuando alguien oye la Palabra del Reino y no la comprende, viene el Maligno y arrebata lo que había sido sembrado en su corazón: éste es el que recibió la semilla al borde del camino.
El que la recibe en terreno pedregoso es el hombre que, al escuchar la Palabra, la acepta en seguida con alegría, pero no la deja echar raíces, porque es inconstante; en cuanto sobreviene una tribulación o una persecución a causa de la Palabra, inmediatamente sucumbe.
El que recibe la semilla entre espinas es el hombre que escucha la Palabra, pero las preocupaciones del mundo y la seducción de las riquezas la ahogan, y no puede dar fruto.
Y el que la recibe en tierra fértil es el hombre que escucha la Palabra y la comprende. Éste produce fruto, ya sea cien, ya sesenta, ya treinta por uno.

  • «Si el grano de trigo no muere, queda solo. Si cae en tierra y muere, da mucho fruto». Jesús actuó así. No fundó nada, no quiso ser el Rey-Mesías, rechazó la tentación de la popularidad, no escondió la verdad por protegerse. Se sembró. El grano de trigo de Jesús murió, resucitó en la comunidad que creyó en Él, y sigue resucitando en las personas que le siguen. Sembrarse, sin espectáculos, hablando poco y actuando siempre según el evangelio. La cosecha es cosa de Dios, lo nuestro es sembrar.
  • Señor, no permitas que en mi vida se vaya ahogando la semilla de la fe, concédeme descubrir cuáles son esas piedras, esos espinos que la impiden crecer, haz que me deshaga de todo lo que seca la tierra de mi alma y me impide dar frutos de oración, de apostolado, de caridad.
  • Señor, eres el mejor sembrador, tu jardín es mi comunidad de fe. Planta en nosotros la Semilla de tu amor y danos un corazón abierto, que sea tierra fértil para recibirlo. Cultiva en nosotros valores del reino de Dios, para que Crezcan firmes y robustos.
  • Jesús, danos tu luz y el agua viva de tu Espíritu. Enséñanos a ayudarnos mutuamente, a cultivar nuestro jardín, a quitar las rocas y la Cizaña que impiden que tu mensaje eche raíces y crezca en nosotros.
  • Una pequeña semilla es una creación maravillosa que tiene vida dentro de sí. Señor, Bondadoso, solo tú sabes que brotara de este humilde comienzo. Permite que la semilla de tu evangelio florezca y de frutos para tu reino.
  • Señor, tu parábola del sembrador, nos enseña a cada uno de nosotros, los caminos de nuestra vida, la dureza del vivir cotidiano, las dificultades y los momentos de docilidad y que constituye nuestro paisaje interior.
  • Danos la fuerza de resistir a los obstáculos que ponemos cuando sobrevienen las preocupaciones de cada día o estamos engañados por el dinero, seducidos por el placer, por las vanidades de aparentar.


Esperemos que las semillas que se han sembrado ahora en el fondo de los corazones, permanezcan durante un cierto tiempo y que quizá un día germinen y se desarrollen, gracias a los cuidados de aquellos a quienes se ha confiado cultivar esta pobre tierra. (Carta a Querret, 16-02-18)

Desde un bote les decía:
A sembrar un día salió el sembrador.
Su semilla en el camino,
en piedras, espinos y tierra cayó.

El grano que cayó junto al camino lo comió.
algún ave que pasó.
Y el grano entre las piedras
dando brotes se secó,
sin raíces bajo el sol.

El grano que entre espinas se quedó
dio brotes y aguantó cuando el sol vino,
pero no pudo dar sus frutos y se sofocó
porque estaba rodeado por espinos.
Y sólo que el cayó en la tierra buena
dio frutos cuando estaba ya crecido.

Dinos ¿qué son el camino, las piedras,
espinos, tierra y sembrador?
Ábrenos ojos y oídos
y será entendido el mensaje de amor.

Cual grano en el camino es quien no logra
comprender la Palabra que escuchó:
El diablo, como pájaro, no dejará crecer
lo que Dios en él sembró.

El grano entre las piedras es aquel
que es inconstante y no extiende raíces.
Las pruebas de la vida no le dejarán crecer,
el don que la Palabra en él realice.
Y las preocupaciones, como espinos,
sofocan la Palabra que ha crecido.

El grano que cae en tierra buena
y que en abundancia frutos da,
es todo el que la Palabra entienda
y dé muchos frutos de bondad.

Desde un bote les decía:
A sembrar un día salió el sembrador.
Su semilla en el camino, en piedras,
espinos y tierra cayó.

Dinos ¿qué son el camino, las piedras,
espinos, tierra y sembrador?
Ábrenos ojos y oídos
y será entendido el mensaje de amor.


San Francisco Solano (1549–1610) fue un fraile franciscano español y uno de los grandes misioneros de América del Sur. Nació el 10 de marzo de 1549 en Montilla y desde joven se distinguió por su profunda vida de oración, su alegría y su amor por los más necesitados.
Ingresó a la Orden Franciscana y, movido por el deseo de anunciar el Evangelio, fue enviado como misionero al entonces Virreinato del Perú. Recorrió extensas regiones de los actuales Perú, Bolivia, Paraguay y el norte de Argentina, evangelizando a los pueblos originarios con gran sencillez y cercanía. La tradición cuenta que aprendía con facilidad las lenguas indígenas y que, cuando esto no era posible, lograba comunicarse por la fuerza de su testimonio y su caridad. Solía acompañar su predicación con un violín, cuyo sonido atraía a niños y adultos.
Fue reconocido por su humildad, su espíritu de penitencia y los numerosos milagros que se le atribuyeron tanto en vida como después de su muerte. Pasó sus últimos años en Lima, donde falleció el 14 de julio de 1610. Fue canonizado por Benedicto XIII en 1726. Es considerado patrono de las misiones populares, de varias ciudades de América y de los misioneros franciscanos.

San Charbel Makhlüf (1828–1898) fue un monje y sacerdote maronita, reconocido por su profunda vida de oración, penitencia y unión con Dios. Nació el 8 de mayo de 1828 en Bekaa Kafra, en una familia sencilla y profundamente cristiana.
A los 23 años ingresó a la Orden Libanesa Maronita, donde tomó el nombre de Charbel, en honor a un antiguo mártir. Fue ordenado sacerdote y vivió muchos años en el monasterio, dedicado al trabajo, la oración y la celebración de la Eucaristía. Más tarde pidió vivir como ermitaño, llevando una vida de silencio, ayuno y contemplación durante los últimos 23 años de su vida.
Falleció el 24 de diciembre de 1898 en la ermita cercana al Monasterio de San Marón de Annaya. Poco después de su muerte comenzaron a difundirse numerosos testimonios de curaciones y otros hechos extraordinarios atribuidos a su intercesión, lo que hizo crecer rápidamente su devoción en todo el mundo.
Fue canonizado por Pablo VI en 1977. Hoy es uno de los santos más venerados de Oriente y Occidente, especialmente como intercesor por los enfermos y por quienes buscan fortalecer su vida espiritual
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