Jesús les propuso otra parábola: El Reino de los Cielos se parece a un grano de mostaza que un hombre sembró en su campo. En realidad, ésta es la más pequeña de las semillas, pero cuando crece es la más grande de las hortalizas y se convierte en un arbusto, de tal manera que los pájaros del cielo van a cobijarse en sus ramas.Después les dijo esta otra parábola: El Reino de los Cielos se parece a un poco de levadura que una mujer mezcla con gran cantidad de harina, hasta que fermenta toda la masa.Todo esto lo decía Jesús a la muchedumbre por medio de parábolas, y no les hablaba sin parábolas, para que se cumpliera lo anunciado por el Profeta: «Hablaré en parábolas anunciaré cosas que estaban ocultas desde la creación del mundo».
Con frecuencia juzgamos la realidad por lo que se ve: el tamaño de una obra, la cantidad de personas, los resultados inmediatos. Sin embargo, Jesús nos revela que Dios actúa de otra manera. El Reino comienza casi siempre como una semilla diminuta o como un pedacito de levadura escondida. Su fuerza no está en la apariencia, sino en la vida que lleva dentro.También nosotros podemos caer en la tentación de pensar que nuestro trabajo vale sólo si produce éxitos visibles. En la misión educativa y evangelizadora esto nos sucede con frecuencia: Mucha gente en Misa, una clase que salió muy bien, un encuentro con participación masiva y ya nos creemos el no va más de los catequistas.Pero el Evangelio nos recuerda que Dios no se mueve con nuestros criterios. Él hace fecunda la fidelidad de cada día, los gestos sencillos, la palabra dicha con amor, el tiempo dedicado a una persona. Lo pequeño, cuando está lleno de Dios, tiene una capacidad inmensa de transformar la realidad.La experiencia menesiana confirma esta verdad. Juan María de la Mennais y Gabriel comenzaron con pocos hermanos, escasos recursos y una confianza absoluta en la Providencia. Humanamente, la Congregación parecía una iniciativa insignificante frente a otros proyectos mucho más prometedores de su tiempo. Sin embargo, esa pequeña semilla germinó y extendió sus ramas por todo el mundo. Es una lección permanente para nuestra Familia Menesiana: lo que sostiene una obra no es su tamaño, sino la fidelidad al Evangelio y la disponibilidad para dejar actuar a Dios.Nuestra misión no consiste en fabricar resultados espectaculares, sino en sembrar con esperanza, mezclar la levadura con generosidad y dejar que sea Él quien dé el crecimiento. Ahí reside la auténtica fecundidad de toda obra cristiana.
(La congregación) no era casi nada al origen; pero mi grano de mostaza, fecundado por el rocío del cielo, se ha convertido en un gran árbol y bendigo al Autor de todo bien. (carta a un amigo en 1852)
Mi reino es un grano de mostazaque alguien en la tierra sembraráy que cuando crezca será fuerte y grandelas aves en él anidarán.Es también como la levaduraque toma en sus manos la mujery que si la mezcla con la blanca harinafermenta y la masa hace crecer.Tú tienes mi reino en tus manostrabaja para que pueda sertú eres la semilla y el fermento vivohaz que el mundo en mí pueda creer.