NIÑOS

Ahora bien, ¿qué medio emplear para curar este mal, allí donde existe, o para prevenirlo allí donde no existe todavía? No hay otro, hermano mío, que buenas escuelas; es decir, escuelas verdaderamente cristianas, piadosas, asilos en los que la religión acoge a la infancia, donde ella le distribuye con sus manos divinas el pan de la instrucción, no menos necesario a las almas que el pan material para el cuerpo; donde los forma en la práctica de las amables y dulces virtudes que hacen el encanto de la primera edad y la dicha de las otras; donde le da la inteligencia de las altas verdades encerradas en el catecismo que el Hijo de Dios ha querido enseñar a los hombres (y mujeres) y que no ha permitido a ninguno de ellos ignorar.

Que canten los niños – José Luis Perales

Que canten los niños, que alcen la voz
Que hagan al mundo escuchar
Que unan sus voces y lleguen al sol
En ellos está la verdad.

Que canten los niños que viven en paz
Y aquellos que sufren dolor
Que canten por esos que no cantarán
Porque han apagado su voz.

Yo canto para que me dejen vivir
Yo canto para que sonría mamá
Yo canto porque sea el cielo azul
Y yo para que no me ensucien el mar.

Yo canto para los que no tienen pan
Yo canto para que respetes la flor
Yo canto porque el mundo sea feliz
Yo canto para no escuchar el cañón.

Que canten los niños, que alcen la voz
Que hagan al mundo escuchar
Que unan sus voces y lleguen al sol
En ellos está la verdad.

Que canten los niños que viven en paz
Y aquellos que sufren dolor
Que canten por esos que no cantarán
Porque han apagado su voz.

Yo canto porque sea verde el jardín
Y yo para que no me apaguen el sol
Yo canto por el que no sabe escribir
Y yo por el que escribe versos de amor.

Yo canto para que se escuche mi voz
Y yo para ver si les hago pensar
Yo canto porque quiero un mundo feliz
Y yo por si alguien me quiere escuchar.

/Que canten los niños, que alcen la voz
Que hagan al mundo escuchar
Que unan sus voces y lleguen al sol
En ellos está la verdad.

Que canten los niños que viven en paz
Y aquellos que sufren dolor
Que canten por esos que no cantarán
Porque han apagado su voz.

Antífona 1
Queridos niños, a los que Jesucristo salvador ha amado tanto, a los que se ha dignado abrazar y bendecir, vengan a nosotros, permanezcan con nosotros, seremos los ángeles de la guarda de su inocencia” (S.VII p.2271)

Salmo 130

COMO UN NIÑO EN BRAZOS DE DIOS

Señor, mi corazón no es ambicioso,
ni mis ojos altaneros;
no pretendo grandezas
que superan mi capacidad;
sino que acallo y modero mis deseos,
como un niño en brazos de su madre.

Espere Israel en el Señor
ahora y por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Antífona 1
Queridos niños, a los que Jesucristo salvador ha amado tanto, a los que se ha dignado abrazar y bendecir, vengan a nosotros, permanezcan con nosotros, seremos los ángeles de la guarda de su inocencia” (S.VII p.2271)


Antífona 2
A la vista de esta multitud de niños que nos llaman en su socorro, que nos piden, que nos conjuran tener piedad de su suerte, de arrancarlos de la muerte eterna de la que están amenazados, ningún interés humano nos retendrá; nos lanzaremos hacia ellos, y los tomaremos en nuestros brazos.

Dejad que vengan a mí – Luispo

Si su voz sencilla te alegra
y sus ángeles gozan de Ti;
si hay verdad en sus labios que besan
y prometen hacerte feliz;
si hay riqueza en su pobreza,
si a tu Reino saben ir,
dame un corazón de niño para Ti.

Dejad que vengan, que se acerquen a Mí,
que se abracen a mi Madre.
Dejad que pinten y sueñen jardines sin fin
preparados por mi Padre.

Si un viento frío en mi alma
asustó el corazón que te di,
si ha nublado el dolor mi mirada
y no soy la niña que fui;
si he luchado en mil batallas
y he olvidado sonreír,
dame un corazón de niño para Ti.

Dejad que vengan, que se acerquen a Mí,
que se abracen a mi Madre.
Dejad que pinten y sueñen jardines sin fin
preparados por mi Padre.
Dejad que cuenten cómo quieren vivir
un Amor interminable;
que me consuelen, que vengan los niños a Mí:
ellos saben cómo amarme.


Antífona 2
A la vista de esta multitud de niños que nos llaman en su socorro, que nos piden, que nos conjuran tener piedad de su suerte, de arrancarlos de la muerte eterna de la que están amenazados, ningún interés humano nos retendrá; nos lanzaremos hacia ellos, y los tomaremos en nuestros brazos.


Y muchos no pueden concebir, porque no comprenden, que la educación no consiste únicamente en meter en la cabeza de los niños algunas palabras de latín o algunas demostraciones de matemáticas, sino en formar esos corazones y esos espíritus completamente nuevos, en alimentarlos con la leche fortificadora de la religión y de la moral, en hacer nacer allí el gusto y el amor a la virtud, más por los ejemplos que por los discursos. Es todo el hombre el que hay que formar y formar para la sociedad: noble y sublime misterio, cuyo ejercicio es una perpetua entrega, que la sociedad puede pedir a cambio de un poco de oro a interés, pero que no lo obtendrá nunca más que de la religión, porque sólo ella puede igualar la recompensa al sacrificio.

Magníficat – Hna Glenda

Antífona:
Dejen su país, su familia; sacrifiquen todo; vayan a enseñar a esos niños que piden el pan de la instrucción y que están expuestos a perecer porque no hay nadie que lo rompa y se lo distribuya.

Proclama mi alma
la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu
en Dios mi salvador,
porque ha mirado
la humillación de su sierva,
porque ha mirado
mi pequeñez.

Las generaciones me felicitarán
porque el poderoso
ha hecho obras grandes por mí.
Su nombre es santo y su misericordia
llega a sus fieles
de generación en generación.

Proclama mi alma (4)

El hace proezas con su brazo,
dispersa a los soberbios de corazón.
Derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes.

A los hambrientos
los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos,
los despide vacíos.

Proclama mi alma (4)

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia,
como lo había prometido a nuestros padres,
en favor de Abraham
y su descendencia por siempre.

Antífona
Dejen su país, su familia; sacrifiquen todo; vayan a enseñar a esos niños que piden el pan de la instrucción y que están expuestos a perecer porque no hay nadie que lo rompa y se lo distribuya.

A cada intención respondemos:
Señor, que seamos como niños

-. Señor, danos la gracia de vivir como niños para acoger tu Reino que viene a nosotros.
-. Señor, que la Familia Menesiana, sea como una madre para todos los pequeños de nuestras comunidades.
-. Señor, por la Congregación de los Hermanos Menesianos, para que vivan en fidelidad al carisma fundacional.
-. Señor, que los educadores menesianos se hagan santos, haciendo santos a los niños y niñas que les confías.
-. Señor, que nunca escandalicemos a uno de los pequeños que nos confías.
-. Señor, te pedimos por los niños y niñas que en nuestro país son víctimas del trabajo infantil y del mal trato.

Oh Buen Jesús, que has dicho dejen que los niños vengan a mí y no se lo impidan, danos la gracia de ser tus instrumentos para acercarlos a ti, por medio de la educación cristiana. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.