7.- GUINGAMP

En Guingamp Juan María fundó una de las primeras escuelas y en ella veremos reflejada la lucha desencadenada en torno a la educación y la decisión y el coraje de un hombre para presentar una alternativa válida.
El 1º de octubre de 1820, dos hermanos de Saint-Brieuc, Alain Coursin e Ivo Le Fichant, se instalaron en la ciudad, abrieron una escuela que tuvo un éxito inmediato y que desató una guerra escolar con los defensores de la escuela mutua.
Esa lucha se reprodujo en otras localidades de la Bretaña. Pero el ímpetu de Juan María superó todos los obstáculos que le pusieron. Y su intuición y decisión triunfaron, tanto que toda Francia terminó adoptando el sistema educativo por él defendido.

Otro tema que nos ocupa en esta estación de nuestra peregrinación es la entrega de la vida por una misión, encarnada de manera admirable en el joven hermano Ivo. Él se consagró por entero a la tarea que se le había confiado, sin medir el tiempo, el esfuerzo ni los sacrificios. No buscó comodidad, reconocimiento ni recompensa: le bastaba saber que estaba sirviendo a Dios al educar y acompañar a sus niños.
Ivo fue el primer hermano formado por Juan María que murió, podríamos decir, «al pie del cañón»: en plena misión, gastando sus fuerzas hasta el final por aquellos pequeños que el Señor había puesto en sus manos. Su vida fue breve, pero intensa y fecunda. Como el grano de trigo del Evangelio, Ivo aceptó caer en tierra y morir para producir fruto abundante. Su muerte no fue el fracaso de una vocación recién comenzada, sino la semilla de muchas otras vocaciones y entregas. Su ejemplo mostró a los primeros hermanos que la misión educativa no era simplemente un trabajo, sino una forma concreta de ofrecer la propia vida a Dios y a los niños.
Ivo vivió plenamente el Dios Solo: Dios como centro, motivo y horizonte de toda su existencia. Porque puso a Dios por encima de sí mismo, pudo darse sin reservas a los demás. Su vida nos recuerda que quien se guarda termina perdiéndose, mientras que quien se entrega por amor encuentra la verdadera plenitud.

1. Luchar por una educación cristiana y de calidad

Juan María encontró oposición, dificultades económicas, administrativas e ideológicas. Sin embargo, siguió adelante porque estaba convencido de que educar era una misión recibida de Dios y de que el bien integral de los niños merecía esa lucha. Su perseverancia no nacía del éxito ni del reconocimiento, sino de una convicción profunda.

¿Qué convicciones profundas sostienen hoy mi tarea como educador menesiano? ¿Qué cosas considero irrenunciables cuando está en juego el bien de nuestros niños y jóvenes?
¿Ante qué dificultades de nuestra misión educativa estoy llamado a perseverar, buscar caminos nuevos y “seguir siempre hacia adelante”, en lugar de resignarme o acomodarme?
¿Qué realidad de nuestros niños y jóvenes me incomoda hoy lo suficiente como para no conformarme y animarme a crear una respuesta nueva?

2. Entregar la vida por la misión- H. Ivo Le Fichant
Lo más hermoso de Ivo fue que amaba a sus alumnos y ellos se sabían amados; y aun al final de su vida los llevaba en el corazón, recordando incluso la situación particular de cada uno.
¿Quiénes tienen hoy un lugar concreto en mi corazón y en mi entrega?
¿Nuestros niños y jóvenes pueden descubrir, en mi manera de educar, que son conocidos, queridos y acompañados personalmente?

Ser grano de trigo no significa simplemente hacer más o agotarnos, sino aceptar que algo de nosotros tiene que morir para que otros puedan crecer.
¿A qué comodidad, egoísmo, miedo o necesidad de reconocimiento necesito morir para que mi misión dé más vida?
Cuando mis fuerzas, capacidades o certezas no alcanzan, ¿en qué pongo realmente mi confianza? ¿Qué significaría hoy, en mi misión concreta, dejar que “Dios Solo” sea verdaderamente el centro y el sostén de lo que hago?

Caminando por las sendas de este mundo,
si descubres un niño sin poder crecer,
abre tu escuela menesiana
y así podrás tener fuerzas y alas
para poder volar.

Atrévete, vamos a construir. ¡Ven!
un cielo para que suene su voz
y cante libre.
Mírate, abre tu corazón ya,
para buscar…

Si entendemos la esperanza menesiana
y ponemos a nuestro sueño su color.
Un arcoíris limpio y grande alumbrará
la senda para todos juntos andar.

Atrévete, vamos a construir. ¡Ven!
un cielo para que suene su voz
y cante libre.
Mírate, abre tu corazón ya,
para buscar…

Busca la estrella que guiará
nuestro camino al andar