Jesús dijo: ¡Ay de ustedes, escribas y fariseos hipócritas!; pagan el diezmo de la menta, del hinojo y del comino, y descuidan lo esencial de la Ley; la justicia, la misericordia y la fidelidadHay que practicar esto, sin descuidar aquello.¡Guías ciegos, que filtran el mosquito y se tragan el camello!¡Ay de ustedes, escribas y fariseos hipócritas, que limpian por fuera la copa y el plato, mientras que por dentro están llenos de codicia y desenfreno!¡Fariseo ciego! Limpia primero la copa por dentro y así también quedará limpia por fuera.
Este Evangelio forma parte del discurso de los “ayes” donde Jesús explica las consecuencias derivadas de un mero cumplimiento externo de la Ley. Hay un calificativo de Jesús que se repite: hipócritas y ciegos. El hipócrita es el que dice una cosa, pero hace otra, se comporta como un actor en la vida real. El hipócrita fácilmente cambia interiormente su corazón y se convierte en un ciego. Cambia su modo de ver las cosas, las acomoda a sus circunstancias personales, piensa en sí mismo según su propia conveniencia y esta actitud le conduce a la ceguera.Los escribas y fariseos realizan acciones externas como pagar el diezmo, limpiar la copa y el plato, etc. pero lo hacen para ser vistos por los demás. Todas estas obras son buenas. Pero la actitud interior es egoísta. No lo hacen por amor, misericordia o por fidelidad, tal y como indica Jesús. Estas son el corazón de la Ley, el motivo por el que se realizan las acciones exteriores.De cara a los ojos de Dios tiene primacía la interioridad sobre la exterioridad. Nuestras acciones exteriores son consecuencia de nuestra interioridad. Nos hacemos santos purificando nuestras intenciones, luchando por elegir bien, fomentando el deseo de amar a Dios sobre todas las cosas.Por tanto, lo que hacemos exteriormente es causado por el corazón. Es por eso que lo que debemos cambiar es nuestro corazón. Sin un corazón purificado, no se pueden tener manos verdaderamente limpias y labios que pronuncian palabras sinceras de amor, de misericordia, de perdón. Esto lo puede hacer solo el corazón sincero y purificado. El Evangelio conserva siempre su palpitante actualidad. Por eso, nos podemos preguntar si también a nosotros nos sucede lo mismo que a los escribas y fariseos, ¿qué me mueve a realizar esta acción, el amor a Dios y a los demás, o mi propia satisfacción personal?
La fe es hija del Verbo: penetra en los corazones con la palabra y no con el puñal.Jesús pasó haciendo bien, cautivando con la bondad y tocando con su dulzura las almas más duras.Sus labios divinos bendecían y no maldecían sino a los hipócritas.No escogió verdugos para ser apóstoles. (Palabras de un creyente, XXVIII)
Si hablara palabras de parte de Diosy no tengo amor,de nada me vale,de nada me vale.Si sé lo profundo de cada misterioy no tengo amor,de nada me valede nada me vale.De nada me vale,de nada me vale.Sin amor la vidaes arar el aire.De nada me vale,de nada me vale.Sin amor las manosno ayudan a nadie.Si tengo la fe que mueve montañasy no tengo amor,de nada me vale,de nada me vale.Si doy lo que tengo, incluso mi viday no tengo amor,de nada me vale,de nada me vale.