Junto a la cruz de Jesús, estaba su madre y la hermana de su madre, María, mujer de Cleofás, y María Magdalena. Al ver a la madre y cerca de ella al discípulo a quien él amaba, Jesús le dijo: Mujer, aquí tienes a tu hijo.Luego dijo al discípulo: Aquí tienes a tu madre.Y desde aquel momento, el discípulo la recibió en su casa.
Es este texto de San Juan el único en el que Jesús aparece acompañado en el calvario. Dos de las mujeres que lo acompañan se llaman María, como su madre, que también está allí. También sucede en este breve pasaje del Evangelio de san Juan, que el discípulo amado presente es Juan.María y Juan podemos ser cualquiera de nosotros que queremos sinceramente seguir a Jesús hasta los pies de su cruz. Imaginemos la escena y situémonos cerca del lugar que nos indican, en el Santo Sepulcro de Jerusalén, junto a ese grupo que lo acompaña, ese resto pobre de Israel que todo lo espera del Señor.Excepto este pequeño grupo, todos habían huido llenos de miedo, también de dolor, para no presenciar aquel escarnio: el maestro bueno, el amigo maltratado, despojado y expuesto, también a la indiferencia. Ellos seguían allí con sus ojos fijos en su rostro y atentos a sus últimas palabras.Contemplemos la escena como si se tratase de una nueva Anunciación en la que el Hijo se convierte en mensajero de la nueva maternidad universal de María.Con el discípulo amado, que permanece a los pies de la cruz con las mujeres que tanto amaban a Jesús, nos podemos sentir acogidos maternalmente, recibiendo el amor incondicional que nos regala su generoso corazón.
Me queda hablarles de uno de los más poderosos medios de perseverancia. Y es el de colocarse bajo la protección de esta Virgen augusta y santa que Jesucristo al morir nos ha dado por madre desde lo alto de la cruz… Nunca he oído decir, señala S. Bernardo, que quien ha puesto su confianza en María haya sido abandonado. (Fin del retiro de los alumnos de Malestroit)
Junto a la cruz de su Hijo la madre llorando se ve; el dolor la ha crucificado, el amor la tiene de pie.Quédate de pie,de pie junto a Jesús,que tu hijo sigue en la cruz.Cruz del lecho de los enfermos, de los niños sin un hogar. Cruz del extranjero en su patria, del que sufre en soledad.Cruz de la injusticia y miseria de los marginados de hoy; cruz de tantas falsas promesas y de la desesperación.Cruz del abandono de amigos, del olvido y de la traición; cruz de la amenaza y del miedo. la tortura y la prisión.Cruz de los que sin esperanza sufren sin saber para qué; cruz de los enfermos del alma, de los que perdieron la fe.