San Mateo

Jesús vio a un hombre llamado Mateo, que estaba sentado a la mesa de recaudación de impuestos y le dijo: Sígueme. 
Él se levantó y lo siguió.
Mientras Jesús estaba comiendo en la casa, acudieron muchos publicanos y pecadores, y se sentaron a comer con él y sus discípulos.
Al ver esto, los fariseos dijeron a los discípulos: ¿Por qué su Maestro come con publicanos y pecadores?
Jesús, que había oído, respondió: No son los sanos los que tienen necesidad del médico, sino los enfermos.
Vayan y aprendan qué significa: Yo quiero misericordia y no sacrificios.
Porque yo no he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores.

Para asombro de muchos, Jesús decide llamar a su seguimiento a un hombre considerado pecador y traidor por el pueblo, lo cual es una demostración de la sensibilidad del Señor por los rechazados por su oficio, debilidad o condición social.
En una sociedad acostumbrada a crear muros y no puentes, a condenar fácilmente antes que a disculpar, ese gesto es una provocación. Jesús no sabe de separaciones y menos en nombre de Dios.

Los apóstoles llamados antes que Mateo deben haber cuestionado mucho esto de compartir vida con un vendido a los romanos. Ahora en lugar de criticar y excluir al publicano por impuro y traidor, deberán aceptarlo en el seno de la comunidad como un hermano y considerarlo como don de Dios. Su presencia hace de la comunidad un signo de salvación para todos: Si este hombre puede ser discípulo de Jesús, todos pueden serlo, todos pueden salvarse.

Al maestro parece no interesarle su pasado.  Hay mucho futuro por construir. A Jesús le gusta poner todo al revés. Pero es que, como bien lo dijo muchas veces, vino a salvar lo que está perdido, a acoger a los que nadie considera y a declarar con nitidez que los privilegiados de Dios son los olvidados de los hombres, los ‘nadies’.

Tampoco para Mateo debe haber sido fácil. Tuvo que dejar su carrera que le proporcionaba una vida económicamente estable y segura, por un andar errante detrás de un maestro con un proyecto que seguramente aún no entendía mucho.
También tuvo que desestructurarte y dejar preconceptos, codeándose con gente que no era de su nivel social, aceptar costumbres distintas, vivir la inseguridad sin la protección de soldados, vivenciar de cerca las necesidades que tantos padecían en su pueblo. Pero la presencia, las obras y las palabras de Jesús lo convencieron, como a los otros apóstoles. (Cf Web Boosco)

Jesús nos cuestiona:
¿Todos pueden ser comunidad con nosotros?
¿Qué estamos dispuestos a dejar por seguir a Jesús?


Tienes mucha razón en considerar tu vocación como una gracia insigne: el Señor no te la podía hacer mayor, pues te ha llamado a continuar la misión que desempeñó en la tierra su propio Hijo; como él, enseñas, y tus trabajos tienen por objeto la salvación de las almas; ella constituirá tu corona si, como no lo dudo, perseveras hasta el fin.” (Al H. Anastasio, 25 de julio de 1845)

Yo te buscaba hasta que te encontré.
Necesitaba de ti.
Tú me llamaste y la puerta te abrí.
Me revelaste tu amor
y hoy, mi Dios,
quiero vivir junto a ti.

Tú te entregaste y moriste por mí.
Me regalaste el perdón.
Ahora tú vives en mí corazón.
Todo lo puedo en ti.
Aquí estoy, todo es tuyo, Señor.

Te seguiré hasta el final.
No quiero ya mirar atrás.
Mi corazón cantará
que tú eres Dios.
Oh oh oh, oh oh oh

Tú eres la meta que quiero alcanzar,
Vida, camino y verdad.
Con mis hermanos vamos a luchar
juntos por la santidad.
Por tu amor
todos podremos cantar.

La cruz delante va
y el mundo queda atrás.
Contigo voy hasta la eternidad.


San Mateo fue uno de los doce apóstoles de Jesús. Antes de seguirlo trabajaba como recaudador de impuestos, una profesión mal vista por muchos de sus contemporáneos. Los Evangelios cuentan que Jesús lo llamó mientras estaba en su puesto de trabajo. Mateo se levantó y lo siguió.
Después ofreció una comida en su casa, a la que asistieron otros recaudadores y personas consideradas pecadoras. Ante las críticas, Jesús respondió: «No he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores» (Mt 9,13).
La tradición cristiana lo reconoce como autor del Evangelio según san Mateo.
Sobre la vida apostólica de san Mateo, la tradición antigua dice que predicó primero entre los judíos. Eusebio de Cesarea, historiador del siglo IV, cuenta que, antes de partir a anunciar el Evangelio a otros pueblos, dejó por escrito su enseñanza para quienes habían escuchado su predicación. Las tradiciones posteriores lo sitúan predicando en Etiopía y algunas cuentan que allí murió mártir. Sin embargo, los relatos difieren y no permiten establecer con certeza dónde predicó después ni cómo murió.