San Lorenzo Ruiz y compañeros – San Wenceslao

Se suscitó entre los discípulos una discusión sobre quién sería el más grande.
Pero Jesús, conociendo sus pensamientos, tomó a un niño y acercándolo, les dijo: El que recibe a este niño en mi Nombre, me recibe a mí, y el que me recibe a mí, recibe a aquél que me envió; porque el más pequeño de ustedes, ése es el más grande.
Juan, dirigiéndose a Jesús, le dijo: Maestro, hemos visto a uno que expulsaba demonios en tu Nombre y tratamos de impedírselo, porque no es de los nuestros.
Pero Jesús le dijo: No se lo impidan, porque el que no está contra ustedes, está con ustedes.

En este texto se ve la clara contradicción entre el proyecto de Jesús y el de sus discípulos. El de ellos es un proyecto de gloria, de búsqueda de poder, en definitiva, de exclusión: Ser los más importantes, ocupar los primeros puestos, impedir a otros colaborar en la misión.
El de Jesús es un proyecto de servicio, de acogida a los más pequeños, en definitiva, de inclusión. Es el proyecto del Reino de Dios.

Jesús se identifica con los niños. El niño expresa para él la actitud que debemos adoptar hacia el Padre y los demás hermanos.
Con el Padre, absoluta confianza. Con los hermanos, servicio desinteresado.

Centrados como están en su proyecto de poder y gloria, el estar con los niños les parece a los discípulos una pérdida de tiempo.
Son una molestia para sus planes. Tampoco aceptan competencia alguna. Creen tener la exclusividad; sólo ellos se sienten herederos de la enseñanza y del poder del Maestro.

Cuánto de estas actitudes de los discípulos de ese momento, las seguimos manteniendo nosotros en la Iglesia. La búsqueda del poder y de la gloria personales sigue siendo una de las grandes tendencias en nuestras comunidades cristianas y una de las mayores causas de deserción y de no acercamiento a Jesús de tanta gente.

Señor, danos la gracia de convertirnos y adherir plenamente a tu proyecto de Reino.
Señor, danos alma de niños.


Recuerden bien, la perfección no consiste en hacer nada extraordinario y grande sino que consiste en ser humildes, pequeños, dóciles en las manos de Dios; en estar llenos de indulgencia y de caridad con nuestros hermanos, estimándose uno mismo como el último y el más imperfecto de todos; consiste especialmente para ustedes en hacer con amor con sencillez y con una admirable paz lo que está en el orden de la obediencia. (Sermón sobre la falsa idea de la perfección)

Dios, entre tus manos
quiero yo habitar.
Sé que me proteges
y allí estás.
Te busco, te espero.
me quieres hablar.
Sanas mi alma,
cerca de mí estás.

Dios, dador de vida,
vida me darás.
Tú eres el que al mundo hace andar.
Dios, dador de vida,
vida me darás.
Mientras viva yo te he de cantar.

Cerca de tus manos
mi vida está;
no se rinde ante la oscuridad.
Borras mis pecados,
me hablas del perdón.
tu amor es la reconciliación.


San Wenceslao fue duque de Bohemia, en la actual República Checa, durante el siglo X. Su abuela, santa Ludmila, lo educó en la fe cristiana. Al gobernar, procuró mantener la paz, ayudó a los pobres, protegió a quienes estaban en situación de debilidad y apoyó la vida de la Iglesia. También se recuerda que rescató a personas esclavizadas para devolverles la libertad.
En medio de disputas por el poder, fue asesinado por hombres vinculados a su hermano Boleslao el 28 de septiembre de 935. La Iglesia lo venera como mártir y patrono de la nación checa.

San Lorenzo Ruiz nació en Manila, Filipinas. Era laico, estaba casado y tenía tres hijos. Colaboraba con los dominicos y, en 1636, viajó con un grupo de misioneros a Japón. Allí los cristianos eran perseguidos: Lorenzo fue detenido, torturado y murió en Nagasaki en 1637, sin renunciar a su fe. Fue el primer santo canonizado de Filipinas.
Sus quince compañeros eran sacerdotes, religiosos y laicos de distintas nacionalidades, entre ellos mujeres japonesas. Trabajaron por la fe cristiana en Asia y sufrieron el martirio en Japón entre 1633 y 1637. Juan Pablo II canonizó a los dieciséis en 1987.