Santa Teresa del Niño Jesús

El Señor designó a otros setenta y dos y los envió de dos en dos para que lo precedieran en todas las ciudades y sitios adonde él debía ir.​ Y les dijo: La cosecha es abundante, pero los trabajadores son pocos. Rueguen al dueño de los sembrados que envíe trabajadores para la cosecha. ¡Vayan! Yo los envío como a ovejas en medio de lobos.
No lleven dinero, ni alforja, ni calzado, y no se detengan a saludar a nadie por el camino.
Al entrar en una casa, digan primero: «¡Que descienda la paz sobre esta casa!
Y si hay allí alguien digno de recibirla, esa paz reposará sobre él; de lo contrario, volverá a ustedes. Permanezcan en esa misma casa, comiendo y bebiendo de lo que haya, porque el que trabaja merece su salario. No vayan de casa en casa.
En las ciudades donde entren y sean recibidos, coman lo que les sirvan; curen a sus enfermos y digan a la gente: El Reino de Dios está cerca de ustedes.
Pero en todas las ciudades donde entren y no los reciban, salgan a las plazas y digan: ¡Hasta el polvo de esta ciudad que se ha adherido a nuestros pies, lo sacudimos sobre ustedes! Sepan, sin embargo, que el Reino de Dios está cerca.
Les aseguro que en aquel Día, Sodoma será tratada menos rigurosamente que esa ciudad.

COMENTARIO

Jesús envía a sus discípulos sabiendo que encontrarán dificultades: van ‘como ovejas en medio de lobos’. No les pide que se vuelvan duros para defenderse, sino que lleven la paz. Esa es su manera de anunciar el Reino. El mundo puede no recibirlos, ser indiferente y hasta usar la violencia, como tantas veces ha ocurrido. Pero ellos deben ser mensajeros de paz y esperanza, nunca de división o violencia.

Les pide también que viajen sin apoyarse en el dinero ni en muchas cosas. Tendrán que confiar en Dios y aceptar la hospitalidad de otros. Permanecer en una misma casa, compartir lo que haya y cuidar a los enfermos son gestos sencillos, pero en ellos la Buena Noticia empieza a hacerse visible.

También hoy debemos entrar en la vida de los demás llevando paz. Somos los mensajeros de un Dios que ama, no que divide, excluye o condena. No siempre seremos recibidos como esperamos. Jesús nos invita, aun así, a seguir ofreciendo su paz con un corazón libre.

No te consideres un instructor profano, sino como un misionero encargado de establecer el Reino de Dios en las almas. Esa es, en efecto, tu vocación y es haciendo santos como te santificarás tú mismo. (Al H. Alfredo María, 07-07-1844)