Jueves de la 27º semana durante el año

Jesús dijo a sus discípulos: Supongamos que alguno de ustedes tiene un amigo y recurre a él a medianoche, para decirle: “Amigo, préstame tres panes, porque uno de mis amigos llegó de viaje y no tengo nada que ofrecerle”, y desde adentro él le responde: “No me fastidies; ahora la puerta está cerrada, y mis hijos y yo estamos acostados. No puedo levantarme para dártelos”.
Yo les aseguro que, aunque él no se levante para dárselos por ser su amigo, se levantará al menos a causa de su insistencia y le dará todo lo necesario.
También les aseguro: pidan y se les dará, busquen y encontrarán, llamen y se les abrirá. Porque el que pide, recibe; el que busca, encuentra; y al que llama, se le abre.
¿Hay entre ustedes algún padre que da a su hijo una piedra cuando le pide pan?
¿Y si le pide un pescado, le dará en su lugar una serpiente?
¿Y si le pide un huevo, le dará un escorpión?
Si ustedes, que son malos, saben dar cosas buenas a sus hijos, cuánto más el Padre del cielo dará el Espíritu Santo a aquellos que se lo pidan.

Jesús nos invita a acercarnos a Dios con la confianza de un hijo. Pidan, busquen, llamen», son palabras para quien tiene una necesidad, pero también para quien desea conocer más profundamente al Padre. Podemos presentarle lo que nos preocupa, insistir cuando no vemos una salida y seguir buscándolo aún en los días en que parece guardar silencio.

La imagen del padre que da pan a su hijo nos ayuda a vislumbrar la bondad de Dios. El Dios que nos trae Jesús es el de alguien tan cercano y atento como el papá o la mamá lo están de su hijo. El Padre escucha y quiere nuestro bien. Podemos hablarle con sinceridad, incluso cuando no entendemos su respuesta. El Padre Dios, como el papá o la mamá, ve más allá de nuestro pequeño mundo, de nuestros intereses egoístas, de nuestros caprichos y no siempre accede a ellos. Pero está atento a nuestra vida.

Y Jesús termina señalando el don más grande que podemos pedir: el Espíritu Santo. Él nos ayuda a reconocer la presencia de Dios, nos sostiene en la dificultad y nos enseña a amar. Tal vez hoy nuestra oración pueda ser sencilla.

Padre, tú sabes lo que necesito. Dame tu Espíritu para confiar en ti y descubrir el camino que me muestras.

Aprovechen también este precioso momento para pedirle las gracias que necesiten. Pídanlas con los sentimientos de la más viva confianza. El Señor, que se ha donado a ustedes, no les negará nada. (Sermón en una Primera Comunión)

Pide y se te dará.
Busca y encontrarás.
Llama y se te abrirá.
Porque a todo aquél que pide,
porque a todo aquél que busca,
porque a todo aquél que llama
se le abrirá ah-ah,
encontrará ah-ah
recibirá, recibirá.
Encontrará, sí, encontrará.

Porque qué padre de entre nosotros
por más egoísta que sea,
si su hijo le pide pan, ¿le va a dar una piedra?
O si le pide un pez, ¿le va a dar una serpiente?
Si nosotros que somos egoístas;
Sabemos dar cosas buenas a nuestros hijos
¿cómo el Padre del cielo
no nos dará por Cristo Resucitado
todo aquello que le pedimos?

Porque a todo aquél que pide,
porque a todo aquél que busca,
porque a todo aquél que llama
se le abrirá, encontrará,
recibirá, sí, recibirá.
Se le abrirá ah-ah
Encontrará, uh, encontrará
Recibirá, recibirá.
Pide eh-eh …