San Bruno – Beata Eulalia Durocher

Mientras iban caminando, Jesús entró en un pueblo, y una mujer que se llamaba Marta lo recibió en su casa. ​
Tenía una hermana llamada María, que, sentada a los pies del Señor, escuchaba su Palabra.
Marta, que estaba muy ocupada con los quehaceres de la casa, dijo a Jesús: Señor, ¿no te importa que mi hermana me deje sola con todo el trabajo? Dile que me ayude.
Pero el Señor le respondió: Marta, Marta, te inquietas y te agitas por muchas cosas, y sin embargo, pocas cosas, o más bien, una sola es necesaria.
María eligió la mejor parte, que no le será quitada.

Nuestro Señor decía a Marta, la hermana de Lázaro: Marta, Marta, te ocupas de demasiadas cosas. María ha escogido la mejor parte. La parte de María era el silencio, la humildad, la oración” (Carta al hermano Julien. Mayo de 1844)

A casa de Marta Jesús fue ese día
ella la visita afanada servía
y al ver que, a los pies del maestro, pasiva,
María, su hermana, sentada lo oía,
reprocha a Jesús: ¡Esto no puede ser!
¡Yo tan agobiada con tanto quehacer!
Señor sola estoy. Di a mi hermana María
que ayude también.

¡Son muchas cosas Marta, Marta,
que te angustian y te afanan,
cuando en verdad,
tan sólo hay una necesaria!
Y aunque sentada esté conmigo
la mejor parte ella ha elegido
y nadie se la quitará, Jesús le dijo.

Quizás como Marta también te dedicas
de lleno a servir, ¡tantos lo necesitan!
Pero no te olvides, es Cristo el que envía;
con Él hay que estar como lo hizo María.
Recuerda que no se trata de triunfar
sino de en sus manos dejarse llevar.
Hoy pide al Señor serle fiel,
ser su amigo y unido a Él estar.

Tú que entre mil cosas jamás te detienes
y en el caminar muchas veces te pierdes,
piensa en el Señor que te mira, y si puedes,
tú míralo a Él para ser como Él quiere.
No puedes dar fruto al gastarte en hacer
si no eres reflejo de su proceder.
Es tiempo de estar con Jesús
y el camino hacerlo con Él.


San Bruno nació en Colonia, hacia 1030. Fue sacerdote y maestro en la escuela de la catedral de Reims, donde llegó a ser un profesor muy respetado. Sin embargo, deseaba una vida dedicada más plenamente a la oración y al silencio.
En 1084 se retiró con seis compañeros a un lugar solitario de los Alpes franceses llamado la Gran Cartuja. Allí comenzó la vida cartuja: oración, trabajo y soledad, vividos en comunidad. Más tarde, el papa Urbano II, que había sido alumno suyo, lo llamó a Roma como consejero. Bruno dejó después la corte pontificia y fundó otra comunidad en Calabria, al sur de Italia.
Murió en 1101. La Iglesia lo recuerda como un hombre que buscó a Dios en el silencio y enseñó, con su vida, el valor de apartarse del ruido para escuchar su voz.

La beata Eulalia Durocher, conocida en la vida religiosa como María Rosa Durocher, nació en Quebec, Canadá, en 1811. Desde joven sintió el deseo de consagrarse a Dios. Mientras colaboraba en la parroquia de su hermano, conoció de cerca la necesidad de ofrecer educación a las niñas, especialmente en las zonas rurales.
En 1843 fundó en Longueuil, junto con otras dos mujeres, la congregación de las Hermanas de los Santos Nombres de Jesús y María, dedicada a la formación humana y cristiana de las jóvenes. Fue su primera superiora. Murió el 6 de octubre de 1849, a los 38 años, después de una vida breve marcada por el servicio y una salud frágil. Juan Pablo II la beatificó en 1982.