Mientras se dirigía a Jerusalén, Jesús pesaba a través de Samaría y Galilea.Al entrar en un poblado, le salieron al encuentro diez leprosos, que se detuvieron a distancia y empezaron a gritarle: ¡Jesús, Maestro, ten compasión de nosotros!Al verlos, Jesús les dijo: Vayan a presentarse a los sacerdotes. Y en el camino quedaron purificados.Uno de ellos, al comprobar que estaba curado, volvió atrás alabando a Dios en voz alta y se arrojó a los pies de Jesús con el rostro en tierra, dándole gracias. Era un samaritano.Jesús le dijo entonces: ¿Cómo, no quedaron purificados los diez? Los otros nueve, ¿dónde están? ¿Ninguno volvió a dar gracias a Dios, sino este extranjero? Y agregó: Levántate y vete, tu fe te ha salvado.
Los diez supieron pedir, pero sólo uno volvió para agradecer. Jesús se muestra extrañado porque sólo uno, que era extranjero, le dio las gracias.A nosotros nos puede pasar que buscamos a Dios cuando una dificultad nos angustia, cuando hay una enfermedad, un accidente, etc. Pero ¿nos acordamos de agradecer cuando todo se soluciona?Este hecho nos enseña a detenernos, reconocer el bien recibido y volver a su fuente. No sólo a Dios, también a quienes nos dan una mano en el camino.Otro hecho remarcable de este relato es que todos confían en la palabra de Jesús y se van sin tener certezas de ser curados. Confían en su palabra, no esperan ver enseguida el fruto de su esperanza. Y en el camino quedan curados. ¿Es así nuestra confianza en el Señor? ¿O somos con Tomás, si no vemos no creemos?Tengamos una fe agradecida por todos los bienes recibidos en nuestra vida, por los que vemos y por los que no nos damos cuenta que están presentes.
Cuando recibieron esa gracia, no estaban en condiciones de conocer el valor ni de agradecer al autor. Sintieron el efecto de la misericordia de Dios antes de que pudieran desearla. Pero hoy que conocen ese inefable don, muestren a Dios toda su gratitud, renovando con su propia boca y con la elección de su voluntad, los votos que sus padrinos han hecho por ustedes en su nombre. (Renovación promesas del bautismo)