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3º domingo de Pascua

Señor Jesús, al comenzar el día,
te ofrecemos nuestra vida entera.
Que el amor fraterno reine entre todos
los que formamos comunidad.
Que cada uno se sienta feliz
con la alegría de los demás,
y sufra con sus penas.
Que todos nos prestemos ayuda mutua
para ir a Dios y realizar su obra cada día.
Que no existan jamás entre nosotros
ni contiendas ni rivalidades,
ni secretas envidias, ni palabras duras.
Aparta de nosotros, Señor, todo lo que hiere,
todo lo que divide,
todo lo que altera la caridad.
Haz, Señor, que hoy y siempre
intentemos ayudarnos
unos a otros a ser santos.
Que todos vivamos hoy con dulzura,
paciencia, humildad
y fidelidad a tu Palabra.
(Regla de 1835)

  • Por nuestros capellanes y los sacerdotes de nuestras parroquias.
  • Por nuestros jóvenes en formación.
  • Por el Papa, para que el Señor lo fortalezca con su Espíritu y lo sostenga en su misión de guiar a la Iglesia.
  • Por los enfermos y discapacitados de nuestras comunidades.
  • Por los menesianos, las obras y las nuevas vocaciones de la Delegación del Congo.
  • Por la familia menesiana del colegio Teodelina de Villa G. Gálvez.
  • Por las comunidades de Redon (Francia) y del Menesiano de Madrid.
  • Por la paz en el mundo.

Comunión y compartir con los pobres:
Cada comunidad se esfuerza por intervenir de manera concreta e inmediata en favor de los pobres de su entorno.
Regularmente los Hermanos reflexionan juntos, en el marco del proyecto comunitario, sobre lo que es posible dar y cómo darlo. Estos gestos de compartir cobran aún más sentido cuando van acompañados de una privación por parte de cada uno y de una implicación personal.

Por más avances que hayan logrado en la vida espiritual, esfuércense siempre por alcanzar nuevos progresos; pues nunca, durante su exilio en la tierra, penetrarán lo suficiente en Dios como para que no sea posible profundizar aún más.

1984: Jean Le Menn (René-Olivier)
2020: Jean Laprotte (François-Georges)
2024: Marcel Gautier (Michel-Eugène)

3º domingo de Pascua

El primer día de la semana dos de los discípulos iban a un pequeño pueblo llamado Emaús, situado a unos diez kilómetros de Jerusalén. En el camino hablaban sobre lo que había ocurrido.
Mientras conversaban y discutían, el mismo Jesús se acercó y siguió caminando con ellos. Pero algo impedía que sus ojos lo reconocieran.
Él les dijo: ¿Qué comentaban por el camino? Ellos se detuvieron, con el semblante triste, y uno de ellos, llamado Cleofás, le respondió: ¡Tú eres el único forastero en Jerusalén que ignora lo que pasó en estos días!
¿Qué cosa?, les preguntó.
Ellos respondieron: Lo referente a Jesús, el Nazareno, que fue un profeta poderoso en obras y en palabras delante de Dios y de todo el pueblo, y cómo nuestros sumos sacerdotes y nuestros jefes lo entregaron para ser condenado a muerte y lo crucificaron. Nosotros esperábamos que fuera él quien librara a Israel. Pero a todo esto ya van tres días que sucedieron estas cosas. Es verdad que algunas mujeres que están con nosotros nos han desconcertado: ellas fueron de madrugada al sepulcro y al no hallar el cuerpo de Jesús, volvieron diciendo que se les había aparecido unos ángeles, asegurándoles que él está vivo. Algunos de los nuestros fueron al sepulcro y encontraron todo como las mujeres habían dicho. Pero a él no lo vieron.
Jesús les dijo: ¡Hombres duros de entendimiento, cómo les cuesta creer todo lo que anunciaron los profetas! ¿No será necesario que el Mesías soportara esos sufrimientos para entrar en su gloria? Y comenzando por Moisés y continuando en todas las Escrituras lo que se refería a él.
Cuando llegaron cerca del pueblo adonde iban, Jesús hizo ademán de seguir adelante. Pero ellos le insistieron: Quédate con nosotros, porque ya es tarde y el día se acaba.
Él entró y se quedó con ellos. Y estando a la mesa, tomó el pan y pronunció la bendición; luego lo partió y se lo dio.
Entonces los ojos de los discípulos se abrieron y lo reconocieron, pero él había desaparecido de su vista. Y se decían: ¿No ardía acaso nuestro corazón, mientras nos hablaba en el camino y nos explicaba las Escrituras?
En ese mismo momento, se pusieron en camino y regresaron a Jerusalén. Allí encontraron reunidos a los Once y a los demás que estaban con ellos, y estos les dijeron: Es verdad, ¡el Señor ha resucitado y se apareció a Simón!
Ellos, por su parte, contaron lo que les había pasado en el camino y cómo lo habían reconocido al partir el pan.

Es un relato de una gran riqueza. Una verdadera catequesis del encuentro con el Señor resucitado. Un relato donde los sueños y esperanzas del hombre se confrontan con la Palabra de Dios.

El camino es la figura clave del relato, el hilo conductor de toda la narración. El mismo vocabulario nos lo revela. Camino o caminar aparece en Lc. 24, 13. 15. 17. 32. 35. El camino es uno de los temas preferidos de Lucas, sobre todo en el libro de los Hechos.
El camino es la figura del seguimiento comunitario de Jesús. Es algo que se vive y se sigue, pero que puede entrar en crisis. En nuestro relato, el seguimiento ha entrado en crisis, se alejan de Jerusalén donde está reunida la comunidad.

Uno de los discípulos se llama Cleofás, el otro es anónimo. Una mujer (su esposa) o tú, llamado a hacer la misma experiencia.
Es un camino circular: de Jerusalén a Emaús para volver a Jerusalén. Es un camino que recorre cada uno al interior de la comunidad.
En la comunidad nos encontramos con hermanos que van hacia Emaús y otros que vuelven a Jerusalén, gozosos y anunciando que Jesús está vivo.
El camino es ciertamente comunitario, pero fundamentalmente es personal. Una comunidad debe saber aceptar esta realidad. Debe saber compartir las desesperanzas de quien se dirige a Emaús y la alegría de quien ha reconocido al Maestro y siente arder su corazón.

El principal enemigo del caminante es la ceguera. La ceguera paraliza los pies, y es un dato de experiencia común. El gran peligro del discípulo es aferrarse a sus deseos y expectativas y hacerse incapaz de reconocer al Maestro (el ciego de Jericó).
El camino sólo se recorre desde la fe. Es la fe la que abre los ojos, desata los pies y libera la boca para la acción de gracias.
La falta de fe conduce a la desesperanza. La desesperanza inicia la huida. La desesperanza lleva a la tristeza, que sólo sabe mirar hacia la tumba. Hablan de lo acontecido y de lo que ellos esperaban, pero de esto ya pasaron tres días…

Como seguidores de Jesús, tanto personal como comunitariamente la pregunta que continuamente nos tenemos que hacer es: ¿A quién seguimos? Nuestra tentación suele ser identificar el seguimiento de nuestros deseos con el se­guimiento de Jesús. Por eso, cuando no vemos realizados nuestros deseos, nos inunda la desesperanza y entramos en crisis.

Nuestros sueños nos hacen perder la memoria de todo aquello que no es concorde con ellos.
Los discípulos de Emaús, esperaban la restauración de Israel, pero olvidaban que Jesús había dicho: ‘El Hijo del Hombre, debe sufrir mucho y morir’. Tres veces se lo había anunciado subiendo a Jerusalén.
El lenguaje de la cruz no tiene cabida en nuestros deseos, por eso siempre se olvida.
Dejemos nuestros sueños y nuestras expectativas en la tumba y salgamos a la vida y a la historia a buscar la presencia del Resucitado.

Él está siempre con nosotros, en el camino, aunque no lo reconozcamos. Esta es la seguridad del discípulo.
En medio de mis miedos, mis dudas, mis huidas, Él hace camino conmigo. El convierte nuestra huida en peregrinación. Se hace nuestro vecino, sigue nuestros pasos, nos encuentra en lo cotidiano.

La Palabra es siempre una Palabra sobre la historia. A la pregunta de Jesús, ellos narran su lectura de la historia, lo que han vivido y no llegan a entender.
Palabra y vida es un binomio inseparable. El sentido de la Palabra surge al contacto con la vida y el sentido de la vida (historia) surge al comprender el designio de Dios. Ellos rechazan la cruz, ignorando que es la clave de comprensión.
La Palabra hace arder el corazón. Toca el corazón, no sólo la mente, por eso transforma profundamente. Es la Palabra la que nos lleva a reconocer a Jesús presente en la historia.

La escena final es el momento culminante del relato, donde Lucas revela cuál es su verdadera in­tención teológica: la fracción del pan lleva al reconoci­miento de Jesús. La Palabra prepara el corazón y la fracción del pan abre los ojos.
Pero lo que ha hecho posible el compartir el pan y el reconocimiento, ha sido la acogida ofrecida al desconocido. Sin actitud de acogida de las personas, es imposible celebrar la Eucaristía. Sin acogida de los que caminan con nosotros no hay eucaristía posible. 

La experiencia del camino de Emaús, es una experiencia que debe realizar todo discípulo. Es una experiencia en la que se implica toda la persona (inteligencia, corazón y memoria). Los ojos pasan de la incapacidad de reconocer, a la visión del Maestro. El corazón de la frialdad de la tristeza al calor del encuentro. La memoria no olvidará lo que han hablado por el camino y se recordará del otro camino en el que les anunciaba que tenía que morir. (Hno Merino)

Jesús y los peregrinos:
Jesús sigue siendo un maestro. Se acerca, escucha, se interesa por la lectura que hacen de los hechos, acoge esa mirada, comparte su lectura de los anuncios proféticos, calienta el corazón. La sensibilidad de Cleofás y su compañero/a de camino para acoger hicieron la diferencia y en torno a la mesa lo descubren. La huida de Jerusalén se transformó en peregrinación porque se encontraron con Jesús. No hay peregrinación posible para el que huyó sin encuentro con Jesús.


Por muy bien circunstanciada que fuese la narración de las santas mujeres, aunque no se pudiese razonablemente suponer que hubiesen pasado en un instante, sin razón, sin motivo, de la aflicción más profunda a la alegría más viva, los apóstoles rechazan el testimonio que ellas les dan, y tratan de extravagante este primer relato que ellas hacen. No creen, incluso, después de haber verificados ellos mismos varias circunstancias, como podemos comprobar en el discurso de los dos peregrinos de Emaús. Por desgracia no esperaban ya en el cumplimiento de las promesas que Jesucristo les había hecho, y habían perdido hasta la esperanza: ‘Esperábamos’. Lejos de ser demasiado crédulos, llevan su desconfianza hasta el extremo y cuando uno ve su obstinación en permanecer en la duda, uno está tentado de dirigir a todos el reproche que nuestro divino Salvador dirigió a dos de entre ellos que encontró en el camino de Emaús. Insensatos, corazones tardos en creer. (Sermón sobre la resurrección de Jesucristo)

CANCIÓN

Nuestra Señora del Valle

  • Por los miembros de LAM y sus proyectos y actividades como Asociación.
  • Por las ONG, que con sus aportes hacen posible que muchas de nuestras obras puedan cumplir con su misión.
  • Por los enfermos y discapacitados de nuestras comunidades.
  • Por los menesianos, las obras y las nuevas vocaciones del Distrito de Ruanda.
  • Por la familia menesiana del colegio Teodelina de Villa G. Gálvez y la de errio-Otxoa.
  • Por la paz en el mundo.

Comunión y compartir con los pobres:
Los Hermanos practican el compartir principalmente a través de su comunidad y de su Instituto.

Los he exhortado a la paciencia y los exhorto nuevamente, pues las cosas nunca ocurren según nuestros deseos; el buen Dios permite este tipo de pruebas para aumentar nuestros méritos y nuestra virtud.

1952: Adrias Lemarié
1974: Ernest Crépeau (Clémentien-Marie)
1991: Michel Morvan (Michel-Alain)
1996: Odone Kasasira
2002: Réal Larose (Amance-Joseph)

H. Joseph Muyunga Kiwanuka, último hermano fallecido.

Nuestra Señora del Valle

Al atardecer, sus discípulos bajaron a la orilla del mar y se embarcaron, para dirigirse a Cafarnaúm, que está en la otra orilla.
Ya era de noche y Jesús aún no se había reunido con ellos. El mar estaba agitado, porque soplaba un fuerte viento.
Cuando habían remado unos cinco kilómetros, vieron a Jesús acercarse a la barca caminando sobre el agua, y tuvieron miedo.
Él les dijo: Soy yo, no teman.
Ellos quisieron subirlo a la barca, pero esta tocó tierra en seguida en el lugar adonde iban.

El relato de la multiplicación de los panes termina diciendo que aquellas gentes, entusiasmadas al ver a Jesús les había dado de comer en abundancia, quisieron procurarlo rey. Jesús no aceptó semejante propuesta: despidió a la gente, mandó a los discípulos a la otra orilla del lago lejos de aquella posible tentación, y él se fue solo al monte, a orar. Jesús era “un hombre de Dios”, no un “hombre de poder”, ni “hombre de fama” y, menos aún, un “populista”. La profunda humanidad de Jesús se alimentaba de su profunda espiritualidad.

Alejarse del lugar del éxito, de la popularidad y del aplauso de la gente, resultó difícil, como una noche oscura, en un mar encrespado y con viento contrario. Así las cosas, lo que más sintieron es miedo, no la cercanía de Jesús que les buscaba rápido, para alcanzarlos, con la ingravidez del que se desliza por encima de las aguas agitadas.

La Palabra de Jesús: “Yo soy”, va acompañada de un mandato que siempre agrada: “No teman”. La cercanía de Jesús, la presencia de Jesús, va siempre acompañada de una experiencia que todos necesitamos y que tanto deseamos: liberarnos del miedo. Son demasiado los miedos que nos atenazan, nos atormentan nos avergüenzan. Miedos inconfesables, miedos que no podemos superar. La presencia de Jesús se nota en la paz, la alegría y la ilusión que va unida a la victoria sobre el miedo.


La misión de las Antillas ha sido la más agitada; sus sufrimientos han sido grandes, pero ya ves que a pesar de todo la obra marcha, y hoy mejor que nunca. Tengamos, pues, confianza y no nos inquietemos por algunos golpes de viento.” (Al H. Gerardo, 29 de abril de 1843)

Cuando todo parezca acabar de verdad
y la vida no tenga un sentido real.
El cansancio te agobie y no puedas más.
Ven, levántate y verás.

Cuando nadie te escuche lo que quieras decir
y la lucha se vuelva más difícil al fin.
La esperanza no pierdas porque hay algo más.
Sólo tienes que escuchar.

Cuando hay una luz viva en tu corazón
sólo deja que brille, es la luz de Jesús.
Una luz que ilumina lo que oscuro está.
¡Sólo déjala brillar!

Cristo viene hacia ti a encender esa luz,
a encender la justicia, la verdad, la bondad.
Deja que Cristo venga;
brillará sobre ti y al mundo irradiará.

Cuando hay una luz viva en tu corazón
solo deja que brille, es la luz de Jesús.
Una luz que ilumina lo que oscuro está,
¡Solo déjala brillar!


La devoción de NUESTRA SEÑORA DEL VALLE se remonta al siglo XVII, cuando una imagen de la Virgen fue encontrada en una gruta de la sierra de Ancasti, en Catamarca. Según la tradición, la imagen era pequeña, de tez morena y con una expresión dulce, lo que despertó rápidamente la fe del pueblo.
El título “del Valle” hace referencia al lugar donde comenzó su veneración. Para los fieles, representa la cercanía maternal de María, que acompaña, protege y consuela especialmente a los más humildes.
Cada año, miles de peregrinos llegan al Santuario en Catamarca para honrarla.

Santa Catalina Tekakwitha

Señor, que has dicho:
‘Dejen que los niños vengan a Mí’.
Tú me has inspirado el deseo
de dedicar mi vida
a los niños y jóvenes
para llevarlos a Ti.
Dígnate bendecir mi vocación,
asísteme en mis trabajos de hoy,
derrama sobre mí,
sobre todos mis hermanos
y sobre todos los que trabajamos
en esta obra educativa,
el espíritu de fortaleza,
de caridad y de humildad,
para que nada nos aparte
de tu servicio.
Haz que hoy cumpla con celo
el ministerio educativo
al que me has consagrado.
Hazme perseverar hasta el fin
para alcanzar así
la salvación que nos
has prometido. Amén

  • Por las misiones en la Iglesia.
  • Por los países donde reina la división, la violencia, la guerra.
  • Por los que aún viven esclavizados en nuestro mundo.
  • Por los enfermos y discapacitados de nuestras comunidades.
  • Por los menesianos, las obras y las nuevas vocaciones del Distrito San Francisco Javier (Indonesia – Japón – Filipinas).
  • Por la familia menesiana del colegio Nuestra Señora del Rosario de Bialet Massé Por la comunidad educativa de La Escuelita de Luján y la de Aguilar de Campóo.
  • Por la paz en el mundo.

Comunión y compartir con los pobres:
Viviendo una espiritualidad enraizada en el misterio de la Encarnación, donde el encuentro con Dios se vive en el corazón de la realidad, los Hermanos están invitados a una verdadera comunión con los pobres, que «son sagrados» para ellos. Como Cristo, los aman y se comprometen resueltamente en la lucha contra la miseria.

Los Hermanos, profundamente convencidos de la grandeza y santidad de su misión, no descuidarán nada, cumplirla bien, y para ningún sacrificio, incluso el de su propia vida, les parecerá demasiado penoso para ello.

1968: Eugène Guillory (Saturnin)
2001: Gérard Ménard (Thomas Gérard)

H. Joseph Muyunga Kiwanuka, último hermano fallecido.

Santa Catalina Tekakwitha

Jesús atravesó el mar de Galilea, llamado Tiberíades. Lo seguía una gran multitud, al ver los signos que hacía curando a los enfermos.
Jesús subió a la montaña y se sentó allí con sus discípulos. Se acercaba la Pascua, la fiesta de los judíos. Al levantar los ojos, Jesús vio que una gran multitud acudía a él y dijo a Felipe: ¿Dónde compraremos pan para darles de comer? Él decía esto para ponerlo a prueba, porque sabía bien lo que iba a hacer.
Felipe le respondió: Doscientos denarios no bastarían para que cada uno pudiera comer un pedazo de pan.
Uno de sus discípulos, Andrés, el hermano de Simón Pedro, le dijo: Aquí hay un niño que tiene cinco panes de cebada y dos pescados, pero ¿qué es esto para tanta gente?
Jesús le respondió: Háganlos sentar. Había mucho pasto en ese lugar. Todos se sentaron y eran uno cinco mil hombres.
Jesús tomó los panes, dio gracias y los distribuyó a los que estaban sentados. Lo mismo hizo con los pescados, dándoles todo lo que quisieron.
Cuando todos quedaron satisfechos, Jesús dijo a sus discípulos: Recojan los pedazos que sobran, para que no se pierda nada. Los recogieron y llenaron doce canastas con los pedazos que sobraron de los cinco panes de cebada.
Al ver el signo que Jesús acababa de hacer, la gente decía: Este es, verdaderamente, el Profeta que debe venir al mundo.
Jesús, sabiendo que querían apoderarse de él para hacerlo rey, se retiró otra vez solo a la montaña.

El pan se multiplica porque alguien «muy pequeño» renuncia a lo poco que tenía para sí. El muchacho de la narración evangélica se fía de Jesús, aun cuando él no había prometido nada.
¿Qué me dice la actitud del joven? ¿Me fío de Jesús? ¿Estoy dispuesto a renunciar a mis gustos, mis cosas, mi tiempo… ante las necesidades de otros?

El muchacho es una persona insignificante en medio de la multitud; los panes son pocos y los peces menos.
Pero pasando por las manos de Jesús todo se convierte en grande.
Hay una desproporción entre lo que somos y lo que Dios nos hace llegar a ser, si nos ponemos en sus manos. «Nada es imposible para Dios»
Dios colma toda desproporción entre Él y nosotros.
¿Creo y confío, incluso, cuando todo parece que está en contra?

El pan material que Dios nos concede nos recuerda lo que debemos compartir con tantos hombres y mujeres que están faltos de recursos y que luchan desesperadamente por un trozo de pan.
Cuando rezas «danos hoy nuestro pan de cada día;» ¿dirijo mi pensamiento a aquellos a quienes les falta este pan y trato de ir a su encuentro, o es pura rutina?

Luchamos por saciar el hambre física, lograr el pan material…, y ¿el hambre de Dios? Esta hambre nos ayuda a relativizar tantos problemas que nos parecen más grandes que nosotros y a vivir más serenamente preocupándonos sólo de lo esencial.


Cuando echo una mirada sobre estos alumnos reunidos por la Providencia, cuando considero las inmensas necesidades de esta gran diócesis, y las comparo con sus recursos, mi corazón se conmueve y se rompe y estoy tentado de decir a Jesucristo como sus apóstoles en una circunstancia parecida. ¿Qué es este pequeño número, para hacer de nuevo fértiles y además en poco tiempo, tantas tierras no cultivadas, tantos campos cubiertos de espinas, donde el hombre enemigo ha sembrado ya su cizaña? Por otra parte ¡cuántas pérdidas nuevas tendremos antes que los obreros que formamos ahora puedan trabajar en esta viña desolada, abierta a todos los viandantes, que la saquean y la pisotean! (Sermón para la apertura de la escuela eclesiástica de Treguier. 22-03-1816) 

Aquí hay un muchacho
que solamente tiene
cinco panes y dos peces.
Mas, ¿qué es eso para tanta gente?

Aquí hay un muchacho
que solamente tiene
un corazón dispuesto a dar
Mas, ¿qué es eso para tanta gente?

Aquí esta este corazón
que quiere serte fiel.
Mas, ¿qué es eso si no te tiene a ti?
¿Si no te tiene a ti?

Toma este corazón.
Toma cuanto tengo y cuanto soy.
Toma mi pasado, mi presente y mi futuro.
¡Todo cuanto tengo tómalo!

Mi corazón tomaste,
mis panes bendijiste;
a la gente repartiste,
y a todos alcanzó.
Mi vida está en tus manos
y quieres repartirla
como hiciste con mis panes
aquel día, ¡Oh Señor!

Aquí están mis palabras,
aquí están mis acciones,
aquí están mis ilusiones
Mas, ¿qué es eso sin tu amor, Señor?

Aquí esta este corazón
que quiere serte fiel
Mas, ¿qué es eso si no te tiene a ti?
¿Si no te tiene a ti?

Aquí está este corazón,
con mis panes y mis peces.
Toma todo y repártelo, Señor.

Aquí hay un muchacho…


Santa CATALINA TEKAKWITHA (1656–1680) fue una joven indígena mohawk nacida en lo que hoy es Nueva York. Es conocida como la “Lirio de los Mohawks” por su pureza y su profunda vida espiritual.
Quedó huérfana a los 4 años a causa de una epidemia de viruela, que además le dejó secuelas físicas y la vista debilitada.
A los 19 años, tras conocer a misioneros jesuitas, se convirtió al cristianismo y fue bautizada con el nombre de Catalina. Desde entonces vivió una vida de intensa oración, amor a la Eucaristía y gran sacrificio personal. Sufrió rechazo y persecución por parte de su propia tribu debido a su fe.
Buscando vivir su vocación con mayor libertad, huyó a una misión cristiana cerca de Montreal, donde llevó una vida de profunda entrega a Dios, destacándose por su caridad, humildad y espíritu de penitencia.
Murió a los 24 años. Fue canonizada en 2012 por Papa Benedicto XVI.

San Benito José Labre – Santa Bernardita Soubirous

Padre bueno,
te doy gracias por la vida,
regalo de tu amor.
Haz que la comparta con todos:
con mis hermanos, con mi familia,
con mis amigos,
tejiendo lazos como lo hizo Jesús.
Envíame tu Espíritu Santo
para descubrir lo que quieres de mí.
Hazme cada día más parecido a tu Hijo:
que sus sentimientos sean mis sentimientos,
que sus pensamientos
sean mis pensamientos,
que su proyecto sea mi proyecto,
que ame como Él amó.
Como a María, Padre Bueno,
concédenos a todos
un corazón dócil a tu Palabra. Amén

  • Por las vocaciones en nuestro Distrito, la comisión de Pastoral vocacional y la casa de El Alto.
  • Por los equipos de administración de nuestros centros educativos.
  • Por los enfermos y discapacitados de nuestras comunidades.
  • Por los menesianos iniciadores de la misión de Timor Oriental y la comunidad donde se han insertado.
  • Por la comunidad educativa de La Escuelita de Luján de Cuyo y la de Aguilar de Campóo.
  • Por la paz en el mundo.

Responsabilidad común:
La elaboración del proyecto comunitario y del presupuesto anual permite a la comunidad clarificar y evaluar el uso que hace de sus bienes, examinar su estilo de vida e interrogarse -los Superiores en
especial- sobre lo que podría ser, incluso sin su saberlo, un contra-testimonio en materia de pobreza.

Nuestro Señor decía a Marta, hermana de Lázaro: “Marta, Marta, te preocupas por muchas cosas. María ha escogido la mejor parte”. La parte de María era el silencio, la humildad, la oración.

1970: Paul Le Roux (Léonien)
1977: Michel Le Goff (Zéphirin-Marie)
1980: Joseph-Edmond Dupuis (Omer-Joseph)
2013: Joachim le Corronc (Robert-Valentin)
2018: Marcel Lacasse
2020: Jules Rancourt (Louis Victor)

H. Joseph Muyunga Kiwanuka, último hermano fallecido.

San Benito José Labre – Santa Bernardita Soubirous

Jesús dijo a sus discípulos: El que viene de lo alto está por encima de todos. El que es de la tierra pertenece a la tierra y habla de la tierra. El que vino del cielo da testimonio de lo que ha visto y oído, pero nadie recibe su testimonio. El que recibe su testimonio certifica que Dios es veraz.
El que Dios envió dice las palabras de Dios, porque Dios le da el Espíritu sin medida.
El Padre ama al Hijo y ha puesto todo en sus manos.
El que cree en el Hijo tiene Vida eterna. El que se niega a creer en el Hijo no verá la Vida, sino que la ira de Dios pesa sobre él.


Este texto nos pone delante una verdad decisiva: la fe en Jesús no es una idea más, sino una opción que toca lo más profundo de la vida.

Creer en el Hijo es abrirse a una relación viva con Él. No se trata solo de aceptar una doctrina, sino de confiar, de apoyarse en su palabra, de dejar que su vida transforme la nuestra. Por eso, quien cree ya tiene Vida eterna: no es solo una promesa futura, sino una realidad que comienza ahora, en el corazón que vive unido a Cristo. Es una vida nueva, llena de sentido, de paz y de esperanza, incluso en medio de las dificultades.

En cambio, negarse a creer no es simplemente “no entender” o “dudar”, sino cerrarse a esa luz. Es elegir vivir sin esa relación con Dios que da plenitud. Por eso el texto habla de la “ira de Dios”: no como un castigo caprichoso, sino como la consecuencia de rechazar el amor. Cuando alguien se cierra a Dios, se queda en la oscuridad, lejos de la fuente de la Vida.

Nos recuerda el Papa Francisco:
“La vida eterna no es una ilusión, no es una fuga del mundo, sino una poderosa realidad que nos llama y compromete a perseverar en la fe y en el amor.” (30 de noviembre de 2015).


Tomemos, pues, esta resolución sincera, eficaz, inquebrantable de entregarnos siempre al servicio del único maestro, que es eterno y que no está sujeto a ningún cambio. Al servicio de este gran Dios que es el principio, la fuente y la plenitud de todo bien. No estamos en la tierra más que para conocerlo, amarlo y servirlo como Él merece ser amado, con todo nuestro corazón, con todas nuestras fuerzas, para poder adquirir así la vida eterna. Amémoslo, seamos totalmente para Él en el tiempo y Él será todo para nosotros en la eternidad” (Reflexión sobre el fin del hombre)

Nuestros corazones insaciables son
hasta que conocen a su Salvador.
Tal y como somos nos amó.
Hoy nos acercamos sin temor.

Él es el agua que al beber
nunca más tendremos sed
¡Jesucristo basta!
Mi castigo recibió
y su herencia me entregó.
¡Jesucristo basta!

Fuimos alcanzados por su gran amor.
Con brazos abiertos nos recibe hoy.
Tal y como somos nos amó.
Hoy nos acercamos sin temor.

Ahora hay un futuro y esperanza fiel.
En su amor confiamos, hay descanso en Él.


BERNARDITA SOUBIROUS Nació el 7 de enero de 1844 en Lourdes, Francia, en una familia muy pobre. Desde pequeña tuvo una salud frágil y poca educación, pero se destacó por su sencillez, sinceridad y profunda fe.
A los 14 años, en 1858, tuvo una serie de 18 apariciones de la Virgen María en la gruta de Massabielle. La Virgen se le presentó como la Inmaculada Concepción, confirmando el dogma proclamado pocos años antes por la Iglesia. Durante estas apariciones, Bernardita recibió mensajes de oración, penitencia y conversión, y descubrió una fuente de agua que luego fue asociada a numerosas curaciones.
A pesar de la fama que adquirió, Bernardita nunca buscó protagonismo. Soportó interrogatorios, dudas y presiones con gran humildad. Más tarde ingresó a la vida religiosa en el convento de Nevers, donde vivió oculta, dedicada a la oración y al servicio, especialmente como enfermera.
Murió el 16 de abril de 1879 a los 35 años, tras una vida marcada por el sufrimiento ofrecido con fe. Fue canonizada en 1933.

BENITO JOSÉ LABRE Nació el 26 de marzo de 1748 en Francia, en una familia campesina numerosa. Desde joven sintió el deseo de consagrarse a Dios en la vida religiosa, pero fue rechazado por varias órdenes debido a su salud frágil y su carácter particular.
Al no poder ingresar a un monasterio, comprendió que su vocación era otra: vivir como peregrino, sin posesiones, confiando totalmente en la Providencia. Recorrió durante años santuarios de Europa, especialmente en Francia e Italia, llevando una vida de extrema pobreza, oración constante y penitencia. Pasó largos períodos en Roma, donde frecuentaba iglesias y vivía prácticamente como un mendigo. A pesar de su apariencia descuidada, muchos reconocían en él una profunda unión con Dios.
Murió el 16 de abril de 1783 en Roma, a los 35 años. Fue rápidamente reconocido por el pueblo como un hombre santo y canonizado en 1881.

Miércoles de la 2ª semana de Pascua

Te ofrezco, ¡oh Dios!
mi fortuna, mi tiempo, mi libertad,
mi reputación, mi cuerpo,
mi alma, mi vida;
me entrego todo, sí todo, sin excepción.
Dispón pues de mí
y de todo lo que es mío,
según te plazca.
Yo no tengo ahora otro pensamiento,
otro deseo,
que el de contribuir a tu gloria
según la medida completa
de mis medios y mis fuerzas. (Juan María)

  • Para que se desarrolle un verdadero impulso misionero en nuestra Congregación.
  • Por los docentes y los alumnos de nuestras comunidades educativas, sobre todo los más necesitados.
  • Por nuestros enfermos y discapacitados.
  • Por los menesianos, las obras y las nuevas vocaciones de la provincia Juan de la Mennais (Canadá – Usa – México).
  • Para que seamos fieles a nuestra consagración.
  • Por la familia menesiana del colegio San Pablo de Luján de Cuyo y la de Zamora.
  • Por la paz en el mundo.

Responsabilidad común:
Los Hermanos se ayudan mutuamente a practicar la pobreza personal y comunitaria. Se mantienen informados sobre la gestión de los bienes y se sienten responsables de su buen uso.

Te recomiendo ser fiel al ejercicio de la presencia de Dios. Este medio, junto con la meditación en la Pasión de Jesucristo, son el camino más apropiado para reanimar en vuestro corazón el fuego del amor divino.


2023: Benjamín Fernández (Florentino): Nació en San Cristóbal del Monte (Cantabria) en 1930. Trabajó en Argentina y Uruguay desde el año 1946 hasta su muerte en Villa Gobernador Gálvez.

1948: Étienne Barbier, Superior General (1933-1946)
1966: Émilien-Jean Ricard
1974: Louis Le Lagadec (Odon-Marie)
1976: Yves Quiniou (Urbain)
1982: Léonard Campeau (Edbert-Marie)
1995: Georges Bourassa (Émile-Marie)
2013: Jean Nédélec (Armel-Louis)

H. Joseph Muyunga Kiwanuka, último hermano fallecido.

Miércoles de la 2ª semana de Pascua

Dijo Jesús: Dios amó tanto al mundo, que entregó a su Hijo único para que todo el que cree en él no muera, sino que tenga Vida eterna. Porque Dios no envió a su Hijo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él. El que cree en él no es condenado, el que no cree ya está condenado, porque no ha creído en el Nombre del Hijo único de Dios.
En esto consiste el juicio: la luz vino al mundo, y los hombres prefirieron las tinieblas a la luz, porque sus obras eran malas. Todo el que obra mal odia la luz y no se acerca a ella, por temor de que sus obras sean descubiertas. En cambio, el que obra conforme a la verdad se acerca a la luz, para que se ponga de manifiesto que sus obras han sido hechas en Dios.

El amor es mucho más que sentimiento: abarca la entera realidad, todas sus dimensiones… El amor es una voluntad, una decisión, una entrega que comporta renuncias y sufrimientos.
Hoy, el texto del evangelio, es una profunda reflexión del evangelista sobre el amor manifestado de Dios. Se nos dice que, “Dios amó tanto al mundo, que entregó a su Hijo único”. Tanto me amó Dios, que mi vida le ha costado la vida al Hijo único de Dios. Tanto amó Dios a todo el mundo, que el Hijo es el precio para que el mundo se llene de la gracia de Dios.
El inmenso amor de Dios al mundo, un amor extremo y exagerado, le ha costado el desgarro de la entrega de su Hijo, una entrega total y dolorosa, hasta la muerte.

Al mirar nuestra realidad, muchas veces la palabra amor resulta abusada, gastada y, tantas veces, prostituida, porque suele identificarse con un mero sentimiento voluble, rosa, romántico que, como viene, se va. ¿Cuántas veces el amor fracasa porque somos mezquinos y no estamos dispuestos a pagar su precio?
En la Resurrección, descubrimos un amor verdadero, que triunfa sobre el egoísmo, porque se ha entregado del todo, asumiendo el precio que esa entrega comporta.

Vivir en este mundo en el ámbito de la resurrección por el bautismo, significa vivir creyendo que ese precio merece la pena (aunque pena haya y, a veces, no poca), que no es una pérdida, sino una ganancia y que, pese a todas las apariencias, el amor vence. (Webb salesiana)


Querido hijo, ¡Jesucristo, nuestro Señor, trabajó por tu salva­ción y por la mía hasta la muerte y muerte de cruz! No lo olvidemos.” (Al H. Ambrosio, 7 de junio de 1843)

Tú me miraste cuando nadie vio,
me diste vida cuando el mundo huyó.
Levantaste mis manos cansadas,
me cubriste con tu amor.

En el silencio escuché tu voz
susurrando: Hijo, aquí estoy yo.
Me sanaste, Jesús, me abrazaste
Y a mi alma dio dirección.

Oh, mi Señor, nada soy
sin tu presencia.
Oh, mi Dios,
mi refugio y fortaleza.

Te adoro con todo mi ser.
Mi corazón es tuyo, Señor.
en ti encontré la paz,
en ti descansaré.

Cuando caigo tú me levantas,
cuando lloro, tú me das calma.
Mi pastor, mi fiel amigo.
contigo quiero andar.

Mi Señor, tu bondad no tiene fin.
Oh, mi Dios,
mi esperanza está en ti.

Toda la gloria sea a ti,
que reinas por los siglos,
Jesús, Jesús.
Rey de mi corazón.

Te adoro con todo mi ser.
Mi corazón es tuyo, Señor.
en ti encontré la paz,
en ti descansaré.

En ti descansaré,
Jesús mi buen Pastor.