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Señor, que has dicho:Dejen que los niños vengan a Mí.Tú me has inspirado el deseode dedicar mi vidaa los niños y jóvenespara llevarlos a Ti.Dígnate bendecir mi vocación,asísteme en mis trabajos de hoy,derrama sobre mí,sobre todos mis hermanosy sobre todos los que trabajamosen esta obra educativa,el espíritu de fortaleza,de caridad y de humildad,para que nada nos apartede tu servicio.Haz que hoy cumpla con celoel ministerio educativoal que me has consagrado.Hazme perseverar hasta el finpara alcanzar asíla salvación que noshas prometido. Amén
Hermanos y laicos en la Iglesia-comunión: Con «un corazón verdaderamente católico», abierto a lo universal, los Hermanos viven en profunda comunión con toda la Iglesia. Están unidos por lazos de fraternidad con quienes comparten con ellos la misma misión educativa, y especialmente con quienes, por vocación particular, desean profundizar y vivir el carisma del Instituto.
Dios mío, te he elegido como mi heredad y esta heredad no me será arrebatada; tú sólo eres importante para mí, y siempre sólo tú, Dios mío, sólo tú serás todo para mí.
1981: Yves Boudigou (Guy-Bernard)1982: Thomas Charest (Ernest-Marie)1984: Louis Caradec (Séraphin-Marie)1991: Alphonse Fauteux (Prosper)1994: Alexandre Couture (Émilis-Marie)2019: Émile Babin (Eugène-Bernard)
Jesús volvió a Cafarnaúm y se difundió la noticia de que estaba en la casa.Se reunió tanta gente, que no había más lugar ni siguiera delante de la puerta, y él les anunciaba la Palabra.Le trajeron entonces a un paralítico, llevándolo entre cuatro hombres.Y como no podían acercarlo a él, a causa de la multitud, levantaron el techo sobre el lugar donde Jesús estaba, y haciendo un agujero descolgaron la camilla con el paralítico.Al ver la fe de esos hombres, Jesús dijo al paralítico: Hijo, tus pecados te son perdonados.Unos escribas que estaban sentados allí pensaban en su interior: ¿Qué está diciendo este hombre? ¡Está blasfemando! ¿Quién puede perdonar los pecados, sino sólo Dios?Jesús, advirtiendo en seguida que pensaban así, les dijo: ¿Qué están pensando? ¿Qué es más fácil, decir al paralítico: «Tus pecados te son perdonados”, o “Levántate, ¿toma tu camilla y camina”?Para que ustedes sepan que el Hijo de hombre tiene sobre la tierra el poder de perdonar los pecados –dijo al paralítico– yo te lo mando, levántate, toma tu camilla y vete a tu casa.Él se levantó en seguida, tomó su camilla y salió a la vista de todos.La gente quedó asombrada y glorificaba a Dios, diciendo: Nunca hemos visto nada igual.
Señor, en este rato de oración quiero comprender que nada de lo que tengo es mío. Todo es regalo tuyo: la vida, la salud, el amor, la gracia. El hombre, todo hombre, no tiene donde reclinar la cabeza, es pura fragilidad. Pero Tú amas mi fragilidad.Enséñame a ser agradecido. En el día, deberían de faltarme horas para agradecerte los dones y favores que me haces. Yo sé que sin ti no puedo hacer nada. ¿Cómo me atrevo a recrearme en las obras de mis manos? ¿Por qué atribuirme algo que no me pertenece? Hazme sencillo y humilde.Qué atrayente es la persona de Jesús. Impresionan las palabras del Evangelio: ¡Se juntaron tantos que ni aún junto a la puerta cabían! Por supuesto que fascinaba su figura, pero, ante todo, “sus palabras”. Como diría Santa Teresa, son “palabras heridoras”. Son como flechas de amor.Los milagros de Jesús son importantes no sólo por lo que son en sí, sino también por lo que “significan”. Detrás de cada milagro hay un “corazón compasivo” lleno de ternura. Lo más importante del milagro del paralítico no es la curación externa sino la interior. El milagro que es algo visible, sirve para caer en la cuenta del milagro invisible que se ha realizado en el corazón. Jesús no sólo cura la parálisis del cuerpo sino la interior, la parálisis del pecado, raíz de todos los males.Por eso dirá San Agustín: “Son más importantes los milagros que no se ven”. Y sigue: “Para la Iglesia fue mucho más importante la conversión de Pablo que la resurrección de Lázaro”. A veces nos quejamos de que ahora no hay milagros. En el mundo de la ciencia, de la tecnología, tal vez no se vean cosas maravillosas, pero en el mundo de la gracia en el que nos movemos los cristianos, lo que sucede en el corazón de cada uno de nosotros, sólo Dios y nosotros lo sabemos.Sólo Tú puedes devolver a nuestras vidas el estado de gracia. Sólo Tú curas nuestras heridas con el bálsamo de tu amor.¡Qué afortunados somos, pues no tenemos que quitar tejas de los tejados para encontrarnos contigo y obtener tu perdón! Basta con que nosotros iniciemos el primer paso para encontrarnos con ese Padre maravilloso que había madrugado más que nosotros y nos había tomado la delantera.
Somos su pueblo, somos las ovejas que su mano conduce; El escuchará nuestros gemidos, porque está lleno de bondad, de dulzura, de compasión, para con aquellos que lo invocan; y según el bello pensamiento de san Juan Crisóstomo, espera a dar a luz su misericordia con el mismo ardor que una mujer espera dar a luz. (ATC I p. 330)
Consolad a mi pueblo, dice el Señor,hablad al corazón del hombre,gritad que mi amor ha vencido,preparad el caminoque viene tu Redentor.Yo te he elegido para amar,te doy mi fuerza y luz para guiar.Yo soy consuelo en tu mirar.¡Gloria a Dios!Consolad a mi pueblo, dice el Señor,sacad de la ceguera a mi pueblo.Yo he formado contigouna alianza perpetua.Yo soy tu único Dios.Consolad a mi pueblo dice el Señor,mostradle el camino de libertad.Yo os daré fuertes alas,transformaré sus pisadasen sendas de eternidad.
Padre bueno,te doy gracias por la vida,regalo de tu amor.Haz que la comparta con todos:con mis hermanos, con mi familia,con mis amigos,tejiendo lazos como lo hizo Jesús.Envíame tu Espíritu Santopara descubrir lo que quieres de mí.Hazme cada día más parecido a tu Hijo:que sus sentimientos sean mis sentimientos,que sus pensamientossean mis pensamientos,que su proyecto sea mi proyecto,que ame como Él amó.Como a María, Padre Bueno,concédenos a todosun corazón dócil a tu Palabra. Amén
Hermanos, testigos de fraternidad:Reunidos por una llamada común de Dios, por el hecho de vivir con hombres a quienes no ha elegido y a quienes llama «hermanos», los Hermanos dan juntos testimonio de esa fraternidad nueva y universal instaurada por Cristo Jesús. Esta unión es signo particular del Reino y fuente de energía para la misión.
Para cumplir fielmente su misión, es necesaria una unión perfecta, así como una sincera caridad. Cada uno tiene sus defectos. Se ven los de los demás, pero no se deben olvidar los propios y hay que recordar constantemente esta frase del Apóstol: «Lleven las cargas unos de otros y así cumplirán la ley de Jesucristo».
1929: Patricio Curiel (Dionisio): Nació en Talamillo del Tozo en 1906. Murió en Puerto Principe (Haití).1977: Vincent Le Guénédal (Sérène-Marie). Nació en Crach (Morbihan) en 1884. Murió en Nanclares.1998: Jean Autret (Édouard-Yves)2017: Louis Allot (Célestin-Michel)
Se acercó a Jesús un leproso para pedirle ayuda y, cayendo de rodillas, le dijo: Si quieres, puedes purificarme.Jesús, conmovido, extendió la mano y lo tocó, diciendo: Lo quiero, queda purificado. En seguida la lepra desapareció y quedó purificado.Jesús lo despidió, advirtiéndole severamente: No le digas nada a nadie, pero ve a presentarte al sacerdote y entrega por tu purificación la ofrenda que ordenó Moisés, para que les sirva de testimonio.Sin embargo, apenas se fue, empezó a proclamarlo a todo el mundo, divulgando lo sucedido, de tal manera que Jesús ya no podía entrar públicamente en ninguna ciudad, sino que debía quedarse afuera, en lugares desiertos. Y acudían a él de todas partes.
“La lepra era (y sigue siendo) una enfermedad espantosa, porque excluía de la comunión con el pueblo de Dios. El leproso, además de ser un castigado de Dios, era un enfermo del que había que huir, en nombre de la ley y de la higiene. La lepra era la imagen más apropiada de todo lo que era impuro, tanto desde el punto de vista moral como religioso. La relación con un leproso ensuciaba, lo mismo que el contacto con un cadáver. Por eso, se le consideraba como un muerto. Y una curación se tomaba como una verdadera resurrección.Es triste constatar como en una comunidad se toma casi siempre el camino más fácil del rechazo frente al elemento extraño que molesta, crea problemas, representa una amenaza para la tranquilidad – en vez de responder con amor y confianza, y elegir la vía del diálogo y de la paciencia. El esquema disciplinario con mucha frecuencia resulta mucho más desarrollado y sofisticado, que el código de la misericordia y del perdón evangélico. La legalidad cuenta más que la fraternidad y hasta que la humanidad.Entre todas las imposiciones, la más cruel era la que obligaba al leproso a proclamar su impureza: “Andará harapiento y despeinado, con la barba tapada y gritando: ¡Impuro, impuro!” Tenía el deber de advertir a los otros su peligrosidad social, ponerlos en guardia contra la propia persona infectada, a invitarlos a permanecer a distancia…Jesús desafía al contagio, no evita el contacto con el impuro. No duda en infringir el reglamento, romper el cordón sanitario, hacer saltar los mecanismos de exclusión. En todo el Evangelio, Jesús aparece como uno que suprime las fronteras, tira los muros de separación, salta por encima de los prejuicios, no acepta las discriminaciones raciales o religiosas. A los ojos de Cristo solamente existe el hombre sin adjetivos, con quien entablar una relación, una amistad, un intercambio.¿Y nosotros? ¿No será que también defendemos nuestro campamento privado y tenemos a algunos fuera de nuestra tienda? Si tuviéramos el coraje de mirar a la cara la realidad, caeríamos en la cuenta de que son muchos los leprosos que mantenemos a distancia. Nos cuesta aceptar y acoger a los leprosos que están a nuestro lado, los que nosotros convertimos en leprosos: Los que no comparten nuestras ideas, los que no nos son simpáticos, se muestran aburridos o inoportunos, nos fastidian con sus problemas, nos molestan con sus miserias, no respetan nuestros programas, nos interrumpen poniendo en discusión nuestra comodidad y nuestros privilegios.Queridos hermanos, los invito a meditar un momento sobre esto, y pedirle a Jesús que nos regale la gracia de abrir más nuestro corazón a los hermanos que se acercan y que necesitan de nuestro apoyo, comprensión y amor. (Padre Nicolás Schwizer)
Me he enterado de tu enfermedad y de tu convalecencia por una carta del H. Gerardo y estoy contento de que me hayas confirmado luego tú mismo tu entera curación. Bendigo al buen Dios por haberte conservado una vida que les has ofrecido en sacrificio, pero que él quiere prolongar para que la consagres a su gloria y a la salvación de estos pobres negritos, cuya educación cristiana se te ha confiado.
Cuentan que hace más de dos mil añoslas ovejas del rebaño iban tristes por la vida, lejos de un pastor que las guiara;sus corazones llevaban tanta herida que sanar.Fue allí que Dios, rico en misericordia,nos manifestó su Gloria,desde el vientre de Maríarevelándonos su amor de Padre,en el Verbo hecho carne.¡Qué alegría, en verdad!Y en un abrazo misericordioso nos unió,nos devolvió la dignidad perdida.Buscó la oveja que del fiel rebaño se alejó,sanó su herida y la rescató.Con mirarlo uno veía al Padre.Su ternura era el mensaje,su actitud la cercanía.Nos llenaba de besos y abrazosy buscaba a cada paso darnos vida y libertad.Misericordiosos como el Padrenos pedía que seamos frente a tanta hipocresía.No juzgar para no ser juzgados,ver en el otro a un hermanocon heridas que sanar.Jesucristo estás a nuestro ladoy nos pides que veamostanta dignidad perdida,tantos gritos y tantas miradas,tanta gente postergaday excluida de verdad.Enséñanos a estrechar sus manos,para que juntos sintamostu grata presencia amiga,y esa caridad que nos obligaa ser signos de alegría y de solidaridad.
Señor, haz que escuchelos llamados que vienen de los hombres.Señor, haz que escuchelos gritos de los niños y jóvenes que vienen de la vida y de la historia que van tejiendo a nuestro lado.Señor, haz que vea todo con ojos nuevos, con corazón de entrañable misericordia.Señor haz que vea y que avive mi pasión por los niños, por los jóvenes y por todos los que están sedientos de presencia y cercanía.Señor haz que vea y que como Juan María tenga los ojos bien abiertos para ir a la frontera, al extremo, donde nadie alcanza, porque desde allí llegan las voces más apremiantes de los hombres que nos convocan y provocan.
Espíritu de humildad:En fidelidad al espíritu de Juan María de la Mennais, acepta con alegría las situaciones sin brillo y la abnegación sin gloria: «Sinhumildad, no se puede tener ningún parecido con Jesucristo, cuyo nacimiento, vida y muerte fueron, por así decirlo, un gran acto dehumildad»
Quiero que mis hijos estén llenos de comprensión, de caridad para con sus cohermanos, y que disculpen en vez de acusar.
1971: Jean-Baptiste Moizan Paterne1986: Louis Fériau (Cléophas)1988: Pierre Allory (René-Maurice)2004: Victor Laprade (Victor Eugène) 2013: Romuald Laferté (Roch-André)
Cuando salió de la sinagoga, fue con Santiago y Juan a casa de Simón y Andrés. La suegra de Simón estaba en cama con fiebre, y se lo dijeron de inmediato.El se acercó, la tomó de la mano y la hizo levantar. Entonces ella no tuvo más fiebre y se puso a servirlos.Al atardecer, después de ponerse el sol, le llevaron a todos los enfermos y endemoniados y la ciudad entera se reunió delante de la puerta.Jesús curó a muchos enfermos que sufrían de diversos males, y expulsó a muchos demonios; pero a estos no los dejaba hablar, porque sabían quién era él.Por la mañana, antes que amaneciera, Jesús se levantó, salió y fue a un lugar desierto; allí estuvo orando.Simón salió a buscarlo con sus compañeros, y cuando lo encontraron, le dijeron: «Todos te andan buscando». Él les respondió: «Vayamos a otra parte, a predicar también en las poblaciones vecinas, porque para eso he salido».Y fue predicando en las sinagogas de toda la Galilea y expulsando demonios.
Jesús entra en la intimidad del hogar. No se queda s{olo en la sinagoga, en el espacio “sagrado”, sino que va a la casa, al lugar de lo cotidiano y lo frágil. Allí encuentra a una mujer enferma, postrada, sin fuerzas. No pronuncia largos discursos: se acerca, la toma de la mano y la levanta. El gesto es clave. Jesús no sana desde lejos; toca, levanta, restituye la dignidad. Así actúa también hoy: se aproxima a nuestras fiebres interiores —miedos, cansancios, heridas— y nos levanta con su cercanía.La reacción de la suegra de Simón es iluminadora: una vez curada, se pone a servir. El encuentro con Jesús no nos deja pasivos; quien ha sido levantado por Él descubre el gozo de servir. El servicio no nace de la obligación, sino de la gratitud. La sanación verdadera conduce siempre al amor concreto.Al atardecer, la casa se vuelve puerta abierta para todos. La ciudad entera acude con su dolor, y Jesús acoge, cura, libera. Sin embargo, no busca fama ni reconocimiento: hace callar a los demonios. El bien auténtico no necesita publicidad; Jesús actúa desde la obediencia al Padre, no desde la búsqueda de aplausos.Luego, en un contraste lleno de sentido, Jesús se retira a orar en soledad. Después de una jornada intensa de entrega, busca el silencio y la intimidad con el Padre. Aquí aprendemos que la misión sin oración se vacía, y que la oración auténtica nos vuelve libres, incluso de las expectativas de los demás.Cuando le dicen: “Todos te buscan”, Jesús responde con libertad interior: “Vayamos a otra parte”. No se deja atrapar por el éxito ni por la comodidad de quedarse donde es aceptado. Su corazón está abierto a todos, especialmente a los que aún no han escuchado. La oración lo impulsa a seguir, a salir, a anunciar.Este Evangelio nos invita a dejarnos tomar de la mano por Jesús, a servir con alegría, a orar en lo secreto y a vivir una fe en salida, libre y confiada, siempre disponible para que el Reino llegue a otros
Oh Jesús mío, tierno Pastor, levanta a estas débiles ovejas que han sido sacrificadas, borra sus impurezas, cura sus heridas, fortalece las buenas resoluciones que toman en este momento. Quieren pertenecerte, Dios mío. Soy yo, tu ministro que te promete en su nombre: quieren amarte y servirte. Dios mío, ten piedad de ellos: concédeles la gracia de la reconciliación y la paz… (Sobre el juicio, 1808)
Vengan a él, él es fuente de vida nueva.Vengan a él, él es vida y verdadera paz.Vamos a él, él es fuente de vida nuevaVamos a él, él es vida y verdadera paz.Por largo tiempo yo vaguécon un vacío en el corazón.Estaba herido y mendiguéen un mundo donde no hay paz.
Señor,que puedas encontrar en nosotrostodas las perfecciones de tu Hijo,que seamos,en la medida que lo permitala debilidad humana,revestidos de Jesucristo,que sigamos a Cristoen todos sus caminos,que juzguemos todas las cosascomo él las juzga,que amemos lo que él ama,que despreciemos lo que él desprecia.En una palabra,que todos nuestros pensamientossean conformes a sus pensamientosy que seamos su imagen viva. Amén(Juan María)
Espíritu de humildad:El Hermano reconoce haber recibido de Dios cuanto es; abierto a la gracia, mantiene con los demás, relaciones llenas de humildad, sencillez y delicadeza.
Deseo vivamente que se observe exactamente la Regla en su comunidad y que hagan juntos los principales ejercicios de piedad; sin ello, no hay comunidad, ni fervor, y se acaba por perder completamente el espíritu religioso.
1993: Daniel Bélanger (Frédéric) et Albert Boismenu (Marcellien)2010: Joseph Bergot (Joseph-François)2022: Arseni Kwebiha (Arseni Mary)
Entraron en Cafarnaúm, y cuando llegó el sábado, Jesús fue a la sinagoga y comenzó a enseñar.Todos estaban asombrados de su enseñanza, porque les enseñaba como quien tiene autoridad y no como los escribas.Y había en la sinagoga un hombre poseído de un espíritu impuro, que comenzó a gritar; ¿Qué quieres de nosotros, Jesús Nazareno? ¿Has venido para acabar con nosotros? Ya sé quién eres: el Santo de Dios.Pero Jesús lo increpó, diciendo: Cállate y sal de este hombre.El espíritu impuro lo sacudió violentamente, y dando un alarido, salió de ese hombre.Todos quedaron asombrados y se preguntaban unos a otros: ¿Qué es esto? ¡Enseña de una manera nueva, llena de autoridad; da órdenes a los espíritus impuros y estos le obedecen! Y su fama se extendió rápidamente por todas partes, en toda la región de Galilea.
El episodio es sorprendente y sobrecogedor. Todo ocurre en la “sinagoga”, el lugar donde se enseña oficialmente la Ley, tal como es interpretada por los maestros autorizados. Sucede en “sábado”, el día en que los judíos observantes se reúnen para escuchar el comentario de sus dirigentes. Es en este marco donde Jesús comienza por primera vez a “enseñar”.Nada se dice del contenido de sus palabras. No es eso lo que aquí interesa, sino el impacto que produce su intervención. Jesús provoca asombro y admiración. La gente capta en él algo especial que no encuentra en sus maestros religiosos. Jesús “no enseña como los escribas, sino con autoridad”. Los letrados enseñan en nombre de la institución. Se atienen a las tradiciones. Citan una y otra vez a maestros ilustres del pasado. Su autoridad proviene de su función de interpretar oficialmente la Ley.La autoridad de Jesús es diferente. No viene de la institución. No se basa en la tradición. Tiene otra fuente. Está lleno del Espíritu vivificador de Dios. Lo van a poder comprobar enseguida: De forma inesperada, un poseído interrumpe a gritos su enseñanza. No la puede soportar. Está aterrorizado: “¿Has venido a acabar con nosotros?” Aquel hombre se sentía bien al escuchar la enseñanza de los escribas. ¿Por qué se siente ahora amenazado? Jesús no viene a destruir a nadie. Precisamente su “autoridad” está en dar vida a las personas. Su enseñanza humaniza y libera de esclavitudes. Sus palabras invitan a confiar en Dios. Cuando Jesús lo cura, la gente exclama: “Enseña de una manera nueva, llena de autoridad”.Los sondeos indican que la palabra de la Iglesia está perdiendo autoridad y credibilidad. No es suficiente transmitir correctamente la tradición para abrir los corazones a la alegría de la fe. Lo que necesitamos urgentemente es un “enseñar nuevo”. No somos “escribas”, sino discípulos de Jesús. Hemos de comunicar su mensaje, no nuestras tradiciones. Hemos de enseñar curando la vida, no adoctrinando las mentes. Hemos de anunciar su Espíritu, no nuestras teologías.
También ustedes hacen prodigios en el orden espiritual; esos niños a los que abren los ojos a las divinas luces, a los que enseñan a conocer a Dios y el camino que lleva al cielo; esos niños enfermos, a los que devuelven la salud del alma; esos niños ya sepultados en el vicio, como en un sepulcro infecto, y de donde los sacan, ¿qué son más que ciegos que vuelven a la luz, cojos, que por sus cuidados comienzan a andar derechos y con paso firme, muertos resucitados? (Apertura del retiro a los hermanos)
Vengan a mí los que sufren,vengan a mí los que están sin paz,que yo los consolaré,que yo los aliviaré, con mi Amor.Vengan a mí los que solos están,vengan a mí los que viven sin ver,que los iluminaré,que yo los abrazaré con mi Amor.Vengan a mí los cansados,vengan a mí los sedientos,vengan a mí con sus pecadosque los sanaré, los liberaré,los salvaré con mi Amor.Vengan a mí los cautivos,vengan a mí los que heridos están,que yo los liberaré,que yo los aliviaré con mi Amor.Vengan a mí los enfermos,vengan a mí los que heridos están,que yo los levantaré,que yo los sanaré con mi Amor.Vengan a mí los cansados,vengan a mí los sedientos,vengan a mí con sus pecados,que los sanaré, los liberaré,los salvaré con mi Amor.
Señor Jesús, te damos graciaspor la sublime vocaciónque nos has regalado.Danos tu Espíritu para que pasemospor el mundohaciendo el bien que Tú mismo hiciste.Que nuestra educación evangelice hoy a todos,que instruya a los pobres, que dé vista a los ciegos,que haga caminar a los débiles y cansados.Concédenos vivir hoy y siempre de tal formaque eduquemos a los que nos son confiados,abramos los ojos a los niños y a los jóvenes,sanemos a los débiles,resucitemos a los que viven sepultados lejos de ti.Que tu presencia en nuestra vida fraternanos haga capaces de realizar prodigiosen el orden espiritual para gloria tuya. Amén
Espíritu de abnegación:«Si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda infecundo; pero si muere, da mucho fruto» En comunión con el misterio de la Cruz, el Hermano acepta las renuncias, las contrariedades, la soledad y los fracasos inseparables de su existencia de religioso-educador como una participación en los sufrimientos, la muerte y la resurrección de Cristo Redentor.
¡Qué pena que no pongas en el fondo de tu alma la paz de Dios y la esperanza de su reino! ¡Qué pena que no te despegues de la nada para apegarte al todo!
1978: Juan Gomis (Próspero): Nació en St-Jean-Pied-Port en 1900. Murió en Portugalete.2005: Jean Le Moal (Antolien-Marie)2010: Dominique Baron y Emmanuel Kisitu.
Después que Juan fue arrestado, Jesús se dirigió a Galilea. Allí proclamaba la Buena Noticia de Dios, diciendo: El tiempo se ha cumplido: El Reino de Dios está cerca. Conviértanse y crean en la Buena Noticia.Mientras iba por la orilla del mar de Galilea, vio a Simón y a su hermano Andrés, que echaban las redes en el agua, porque eran pescadores. Jesús les dijo: Síganme y yo los haré pescadores de hombres.Inmediatamente, ellos dejaron sus redes y lo siguieron.Y avanzando un poco, vio a Santiago, hijo de Zebedeo, y a su hermano Juan, que estaban también en su barca arreglando las redes.En seguida los llamó, y ellos, dejando en la barca a su padre Zebedeo con los jornaleros, lo siguieron.
Este texto nos sitúa en el comienzo del camino público de Jesús y nos revela el corazón de su mensaje y de su llamada. Todo inicia en un contexto difícil: Juan ha sido arrestado. Sin embargo, la adversidad no detiene el proyecto de Dios. Jesús comienza a anunciar que el tiempo se ha cumplido: es decir, Dios actúa ahora, en la historia concreta, en medio de nuestras luces y sombras.El anuncio del Reino no es una amenaza, sino una Buena Noticia. Dios se acerca, sale al encuentro, se hace próximo. Por eso Jesús invita a la conversión y a la fe: no se trata sólo de cambiar conductas, sino de cambiar la mirada, de confiar en que Dios está obrando y de abrirle espacio en la vida.La llamada a los primeros discípulos ocurre en lo cotidiano. Jesús no va al templo ni busca a personas “perfectas”; se acerca a hombres que trabajan, que tienen redes, barcas, familia. Allí, en la rutina diaria, resuena la voz del Señor: “Síganme”. Esto nos recuerda que Dios nos llama tal como somos y donde estamos.La respuesta de Simón, Andrés, Santiago y Juan es inmediata. Dejan redes, barca, incluso al padre. No porque esas realidades sean malas, sino porque ante la presencia de Jesús descubren algo mayor. Seguir a Cristo implica soltar seguridades, confiar más en su palabra que en nuestros propios cálculos.Finalmente, Jesús promete: “los haré pescadores de hombres”. Quien se encuentra con Él no se encierra en sí mismo, sino que es enviado a comunicar vida, esperanza y salvación. El discipulado siempre conduce a la misión.Este texto nos invita a preguntarnos: ¿Qué redes necesito dejar?¿Qué miedos me atan?¿Estoy dispuesto a creer que el Reino de Dios está cerca, hoy, en mi propia historia? Jesús sigue pasando por la orilla de nuestra vida y sigue llamando. La respuesta, como entonces, queda en nuestras manos.
Ya ves que tu misión tiene el éxito más admirable. No te lo atribuyas a ti mismo, antes bien, piensa a menudo que Dios quiere servirse de los instrumentos más débiles a fin de hacer evidente ante todos que sólo Él es el autor del bien realizado por sus pobres criaturas”. (AI H. Hervé, 24 de julio de 1847)
Tú has venido a la orilla.No has buscado ni a sabios ni a ricos.Tan sólo quieres que yo te siga.Señor, me has mirado a los ojos,sonriendo has dicho mi nombre.En la arena he dejado mi barca:Junto a Ti buscaré otro mar.Tú necesitas mis manos,mis cansancios que a otros descanse,amor que quiera seguir amando.Tú sabes bien lo que tengo:En mi barca no hay oros ni espadas,tan sólo redes y mi trabajo.Tú, pescador de otros mares,ansia eterna de almas que esperan,amigo bueno que así me llamas.