París, la Ciudad Luz, brillaba entonces como el gran faro del conocimiento, la cultura y las nuevas ideas de libertad. La capital francesa ocupó un lugar significativo en la vida de Juan María. Allí acudió para recuperar su salud; allí entró en contacto con los principales protagonistas de la renovación católica de su tiempo; allí se instaló su hermano Féli después de romper la relación con él; y allí mismo residió durante un período de su vida, cuando ejerció como Vicario de la Gran Capellanía de Francia.
En París conoceremos también su vinculación con el Seminario de San Sulpicio, el gran centro de formación eclesiástica de la época. En sus aulas y pasillos, figuras destacadas impulsaban la reconstrucción espiritual e intelectual de la Iglesia después de la devastación provocada por la Revolución Francesa. Juan María, que había forjado buena parte de su formación de manera autodidacta, encontró allí una sólida orientación teológica que le permitió profundizar y consolidar su propio camino espiritual y pastoral.
Permaneció en París poco más de un año al ser nombrado Vicario de la Gran Capellanía. Aquel no era su ambiente natural. Aunque supo adaptarse a los protocolos y exigencias de un mundo cercano a la corte, nunca terminó de sentirse plenamente identificado con él. Su corazón seguía estando en Bretaña, junto a sus escuelas, sus comunidades y aquellos «hermanitos» por quienes se sentía verdaderamente responsable.
Pero París sería también escenario del mayor dolor de su vida. Allí se consumó la ruptura con su hermano Féli. Después de años de trabajo compartido, de ideales comunes y de profunda fraternidad, el alejamiento se volvió definitivo. El resentimiento había echado raíces en el corazón de Féli, que ya no deseaba mantener ningún vínculo con Juan María. Este intentó acercarse y tender puentes, pero sus esfuerzos fueron inútiles. Cuando quiso visitarlo, Féli se negó a recibirlo. Dos hermanos que habían caminado juntos durante tantos años quedaron separados por una herida que nunca llegó a cerrarse por completo.
Vendrán desalientosVendrán desalientos.Inúndanos con la fuerza de tu Espíritu.Vendrán contratiempos.Danos tu paciencia y resistencia para vencerlos.Vendrán cansancios.Tócanos y restáuranos con tu bálsamo de vida.Vendrán desilusiones.Siembra en nosotros tu esperanza ilimitada.Vendrán cobardías.Danos tu valor para combatirlas.Vendrán decepciones.Infúndenos tu ánimo para no rendirnos.Transita, Señor, cada tramo de nuestro camino.Confiamos en ti, esperamos en ti.Haz de nosotros buen perfume de tu amor.Seguiremos esparciendo tu fragancia y frescorpor todas las calles de la humanidad.(Fermín Negre)
Es difícil, a veces no se entiende.Me conoces, más que mí mismo.Creer en algo, que no veo,Yo sé que tu plan es perfecto.Hazme ver como tú me vesHazme entender y creer sin temer.Te suelto mis sueñosTe suelto mis deseosToma control de mi vidaTu plan anhelo más que el míoTe suelto mis planesTe suelto mis decisionesToma control de mi vidaTu plan anhelo más que el mío.Es difícil, a veces no se entiende.Me conoces, más que mi mismo.reer en algo, que no veo.Yo sé que tu plan es perfecto.Hazme ver como tú me ves.Hazme entender y creer sin temer.Te suelto mis sueñosTe suelto mis deseosToma control de mi vidaTu plan anhelo más que el míoTe suelto mis planesTe suelto mis decisionesToma control de mi vidaTu plan anhelo más que el mío.Lo dejo en tus manosÚsame JesúsA mi manera no funcionoLo que tú tienes es mejorLo que tú tienes es mucho mejor.Te suelto mis sueñosTe suelto mis deseosToma control de mi vidaTu plan anhelo más que el mío.Te suelto mis planesTe suelto mis decisionesToma control de mi vidaTu plan anhelo más que el mío.Te suelto mis cargasTe suelto mis fallasToma control de mi vidaTu plan anhelo más que el mío.